Esa noche Kiev durmió en una de las habitaciones de visita. Lo bueno fue que no me reclamó ni nada, pero si me dijo que tenía que estar pendiente del perro porque sino iba dormir afuera. Que cruel. Me levanté temprano y mientras ayudo a vestir a Milán le envío un SMS a Malta para avisarle que iré para la agencia porque obviamente debo contarle lo del trabajo. —¿Qué tal? —Milán miraba su reflejo en el gigante espejo, luego se giró. —Hermoso —le sonreí mirándolo fijamente a sus ojos verdes y acomodé el típico mechón de su cabello que cae sobre su frente. —Tenemos los ojos del mismo color —comentó él mirándome. —Los míos son un verde más claro — pestañeé sonriendo. —Si…. los míos son más lindos —expresó él levantando el mentón con elegancia y acomodando su corbata, que hace juego con s

