EVELYN RIVERS PEÑA
Miro al techo como lo he hecho la mayoría del tiempo en el transcurso de esta noche, la alarma a mi lado anuncia que ya es hora de levantarme, comenzar mi día y hacer mi rutina diaria.
Pienso en que hoy tengo un arduo día.
Trabajo en una cafetería en la mañana, en la tarde soy maestra de arte en una escuela y en la noche me gusta dar clases de baile en mi estudio. Con todas esas ocupaciones puedo decir que no nos falta mucho, tenemos para lo necesario y vivimos con eso, claro que no tenemos autos últimos modelos y cosas caras y lujosas, pero la comida no nos falta, ni la ropa, podemos pagar los servicios básicos.
Tengo dos hermanas, Maisa de 14 años, una joven ruda, fría y directa que no teme acuchillarte con sus palabras y decirte la verdad si tiene la oportunidad, ella me enseñó a no quedarme callada, a decir lo que pienso y lo que creo y a defender mis creencias, por otro lado también está la pequeña Steffy, ella tiene 9 años de edad, es alegre, divertida, tierna y ve todo de la mejor manera y eso es lo que aprendí de ella, cuando papá y mamá murieron ella tomó mi mano y con una sonrisa me dijo que todo saldría bien y que lo superaríamos juntas. Así que ya deben imaginarse que mis hermanas son un pilar para mi, son mi mundo, son mi adoración y por ellas haría lo que fuera.
Lo que fuera.
Así que con mucho pesar me levanto de la cama y tomo una ducha, me pongo mi pantalón Jean, mis lonas, mi blusa color rosa del trabajo y mi gorra color negra y bajo a la cocina para dejar todo listo antes de irme. Una vez allá, hago los desayunos y mis hermanas bajan minutos después cambiadas totalmente para sus clases, Maisa hoy esta maquillada y eso llama mi atención, la veo fijamente por varios segundos y ella se encoge de hombros.
—Me gusta un chico — es su respuesta y empieza a comer
Siempre voy a admirar la manera despreocupada que dice las cosas o se confiesa frente a mi, me gusta el hecho de que no me esconda nada, de que sea abierta conmigo y me cuente todo, y es por eso que le guiño un ojo y le sonrío.
—Espero que te note, porque estas hermosa — se sonroja levemente y Steffy ríe
—Se darán besitos — menciona y lanza besos a Maisa quien comienza a reír también
—No, no nos daremos besitos — dice y Steffy aplaude
—Me alegro porque eso es asqueroso — su mueca nos hace reír y terminamos de comer
Las llevo a clases y se despiden, veo como bajan del auto y entran a la escuela y con una sonrisa conduzco hacia la cafetería. Como siempre soy una de las primeras en llegar y me dedico a limpiar el piso, poner las azucareras, servilletas, palillos y lo demás en su lugar mientras mis demás compañeros llegan. Les saludo con alegría y nuestro horario de trabajo empieza. El día es tranquilo, al ser un día viernes, las cosas no se mueven mucho en la mañana, pero a la hora del almuerzo todo está a reventar.
Al ser una de las mejores cafeterías de la ciudad, es uno de los lugares preferidos para los hombres de negocios en el momento de tomar un respiro y una buena taza de café, me encargo de servir, de tomar pedidos y limpiar mesas cuando quedan desocupadas, tanto es el trabajo que estoy haciendo que las ganas de hacer pis me tienen loca desde hace rato y sin importarme nada, le pido a mi compañera que me cubra y corro al baño.
Es un gran alivio vaciar la barriga cuando está por reventar.
Me lavo las manos y decido volver al trabajo, al llegar al lugar veo una mesa con clientes que recién se sientan, son dos mujeres y un hombre que por sus ropas me imagino que son personas de muchos recursos, me acerco a su mesa con una sonrisa y saco mi libreta, las mujeres me repasan con la mirada mientras el hombre me mira fijamente, hago a un lado el hecho que me siento incomoda y hago mi trabajo.
—Hola a todos, bienvenidos a “Buen café”, mi nombre es Evelyn y con gusto les atenderé el día de hoy —
—Traigamos lo de siempre — dice el hombre y con su seña de mano me dice que me vaya, hundo mis cejas en molestia y él lo nota pero no digo nada y voy a la barra
—¿Y esa cara Ev? — cuestiona Ricardo
—Un cliente que había visto por primera vez que me dice que le lleve lo de siempre, no sé que es eso — el ríe
—¿Quién es? — indaga y le señaló a los tres que están hablando —No. Puede. Ser. — menciona Ricardo
—¿Qué? — pregunto sin tener la más mínima idea de su reacción
—Es Ethan Williams — me dice y al ver mi cara que ni idea de que habla rueda los ojos, exasperado —El magnate más rico de este país — miro al mencionado y este me mira
Su rostro no muestra ninguna reacción, esta serio, y podría decirse que, hasta estático, su mirada está fija en mí y me pregunto cómo alguien no pestañea en este tiempo que nos estamos mirando. Le mantengo la mirada fija y luego él la saca, me declaró victoriosa de esta lucha de miradas y ahí mis ojos vuelven a Ricardo.
—¿Entonces, tú sabes lo que es: lo de siempre? — asiente —Pues dámelo para llevárselo, porque no quiero que me despidan por no servirle rápido a Don miraditas — Ricardo ríe y luego de unos segundos me entrega la orden y se las llevo —Lamento mucho la espera, aquí tienen y disfruten — giro sobre mis pies y continúo trabajando
En todo ese tiempo noto que Don miraditas me ve de vez en cuando y otras veces seguimos con nuestra batalla de miradas. Pues admito que no es feo, bueno tampoco es guapo, él es lo siguiente: Guapísimo.
Su cabello rubio esta peinado hacia atrás, sus facciones son muy bien hechas y tiene un mentón cuadrado que adorna perfectamente ese rostro masculino, sus ojos claros me miras fijamente y me pregunto: ¿Qué es lo que busca?
su nariz perfilada y sus labios me hacen pensar que los padres de él son muy guapos para crear un hijo de esa forma. Me obligó a meterme de cabeza al trabajo que cuando me doy cuenta Don miraditas y sus mujeres se han ido, me acerco a limpiar la mesa y al levantar su plato me sorprendo al ver 500 dólares en propina y una tarjeta.
LLÁMAME
¿Es en serio?
Este tipo está mal, muy mal.
Arrugo la tarjeta y la boto a la papelera, para seguir con mi trabajo.
—No me digas que ese es su número — miro a Ricardo que apunta con un puchero a la papelera que usé segundos antes, asiento —¿Te dio su número? — vuelvo a asentir —Llámalo — me insta pero niego con la cabeza
—No me interesa, además sabes que tengo novio — Ricardo rueda los ojos, mi novio no le cae bien
—Nena, te lo diré una vez más — ahora yo ruedo los ojos porque ya estoy cansada de esto —Tu novio te está engañando —
—Siempre me dices eso — comento no tan feliz por su comentario
— Un día que lo vea lo grabaré y te lo voy a mostrar, así te darás cuenta que ese hombre no te ama — asiento y toco su hombro en palmadas
—Esperaré con ansias — le susurro y me propongo a terminar mi jornada laboral
Aquí la protagonista de mi historia, una hermosa mujer de color, con cabello afro que no se deja amedrentar por nadie.
Espero les esté gustando la historia.
No olviden que estoy en r************* como Genemua.Libros y en mis historias destacadas encontrarán a los personajes como yo me los imagino.
Espero se puedan pasar por ellas y disfrutar de estos personajes.
Nos leemos despues.