P.O.V Gabriel El peso de la información que había recibido era abrumador. No podía quedarme callado, Miranda debía saberlo cuanto antes. Me levanté de mi escritorio y miré a Damian, quien asintió con gravedad. Sin decir palabra, ambos nos pusimos en marcha. Nos dirigimos directamente al comedor, guiados por el aroma irresistible de nuestra compañera. La hora del almuerzo era perfecta para reunirnos con ella sin levantar sospechas. Al llegar, la encontramos sentada junto a su madre, esperando la comida. Su belleza era hipnotizante, incluso en un momento tan simple como ese. Su cabello plateado brillaba bajo la luz del día, y su porte elegante y natural hacía que fuera imposible apartar la vista de ella. Le hice una seña a la empleada y, en pocos segundos, comenzaron a servirnos. Tomé asi

