P.O.V MIRANDA
Había un aire de anticipación en la manada mientras todos se reunían alrededor del círculo de piedras.
Gabriel y Damian me guiaron hacia el centro del círculo.
-Esta ceremonia es un paso crucial para ti, Miranda, no lo olvides todos dependemos de que esto salga bien,- explicó Gabriel, su voz grave.
Solo puede asistir, tratando de calmar los latidos acelerados de mi corazón. -¿Qué tengo que hacer?-.
-Primero, debes concentrarte en tu interior. Escuchar a tu lobo,- dijo Damian, colocándose a mi lado. -Déjate llevar por tus instintos.-
A mi alrededor, los miembros de la manada formaron un círculo, observando con miradas expectantes. Algunos susurraban entre ellos, y otros estaban en silencio, enfocados en el momento. La tensión en el aire era palpable.
Gabriel se colocó al frente, levantando la mano para hacer callar a todos. -Hoy, damos la bienvenida a Miranda como parte de nuestra manada. Ella es la loba plateada que hemos esperado. Su fuerza será nuestra fuerza, y juntos enfrentaremos lo que venga.-
Sentí cómo mi corazón se aceleraba al escuchar esas palabras.
-Yo… no sé si soy lo que esperan,- murmuré, pero Gabriel me lanzó una mirada alentadora.
-Ese es el propósito de esta ceremonia. Aceptar lo que eres,- dijo él. -Cierra los ojos, respira profundamente y siente la energía que te rodea.-
Hize lo que me dijo. Cerró los ojos y respiré hondo, intentando conectar con mi interior. Podía sentir la energía de la luna llena fluyendo a través de mi, y con cada respiración, comenze a relajarme.
En ese momento, una imagen apareció en mi mente: la loba plateada de mi sueños, libre y poderosa, aullando en la noche. La conexión entre ella y yo parecía más intensa, como si estuviera despertando de un largo sueño.
-¿Eres tú?- susurré, sintiendo una oleada de emoción. La loba pareció responder, una voz en mi mente que resonaba con fuerza y determinación.
-Soy yo, Miranda, Me llamo Aurora. Estoy aquí para ayudarte. Juntas seremos mucho mas fuertes.-
La presencia de Aurora llenó mi ser, y por un momento, sentí que no estaba sola. Una energía nueva brotó en ella, como si cada célula de su cuerpo despertara.
-¡Bien! Eso es, siente su poder,- la alentó Damian. -Ahora, deja que tu lobo se manifieste.-
-¿Manifieste? ¿Cómo?- preguntó, aún en trance, pero sintiendo que la transformación comenzaba, el dolor más fuerte cruzo por mi cuerpo.
-Permite que tu forma cambie. Imagina cómo sería ser completamente tú misma,- dijo Gabriel, su voz guiándome como un faro en la oscuridad.
Con un esfuerzo, dejé que la energía fluyera a través de mi, sintiendo cómo cada fibra de mi ser vibraba con un poder latente. Era una sensación abrumadora, como si algo dentro de mi estuviera rompiendo las cadenas que la habían mantenido cautiva.
-¡Deja que tu voz se escuche!- animó Gabriel, mientras los miembros de la manada comenzaban a unirse en un coro de aullidos.
Abri los ojos, sintiendo que una fuerza desconocida tomaba el control. A medida que sus instintos se agudizaban, dejó escapar un aullido que resonó con la luna llena, un sonido lleno de poder y liberación.
Al abrirse paso a través de sus cuerdas vocales, sintió cómo mi cuerpo comenzaba a transformarse. Mi piel se calentó, y un brillo plateado envolvió mi figura. La experiencia era intensa, cada hueso y músculo reconfigurándose, y finalmente, me vi a sí misma en la forma de una loba plateada.
Los murmullos de admiración de la manada llenaron el aire mientras que yo, ahora en mi forma de lobo era casi 7 veces mi tamaño normal, me movía con gracia y poder. Podía sentir cada latido de mi corazón, cada rugido de mi energía. Me sentía libre.
-¡MIO!- exclamaron Gabriel y Damian al unísono, sus voces llenas de asombro y determinación.
Los mire, confundida por la súbita explosión de emociones que sentía. -Compañeros,- resonó en mi mente, la voz de Aurora mezclándose con la de sus dos potenciales alfas. Era una palabra simple, pero en mi interior, era un grito de pertenencia y desafío.
La manada se quedó en silencio, la sorpresa y la tensión flotando en el aire. La rivalidad se hizo palpable, como si el destino de cada uno dependiera de quién sería el primero en reclamarme.
-Esto no puede estar pasando,- pense sintiendo que mis instintos envolvían. Los aromas de Gabriel y Damian me rodeaban, intensos y embriagadores, haciendo que mi cuerpo reaccionara de maneras que no comprendía.
-¿Por qué me miran así?- preguntó, la incertidumbre filtrándose en mi voz. -No entiendo.-
Gabriel se acercó un paso, su mirada feroz. -Nosotros… no vamos a renunciar a ti. Eres nuestra compañera elegida.-
-Compañera, eso significa que somos más que solo aliados. ¡Es un vínculo eterno!- dijo Damian, la mezcla de deseo y desafío en su voz. -No hay forma de que cualquiera de nosotros se aleje.-
Miranda sintió cómo su corazón se aceleraba y su cuerpo reaccionaba ante la conexión. -¿Qué significa esto?- preguntó, asustada y emocionada al mismo tiempo. Los olores de Gabriel y Damian se entrelazaban en su mente, haciéndola sentir viva y anhelante.
-Significa que ahora estás atada a nosotros, a nuestra manada, y a este destino,- dijo Gabriel, su voz firme pero suave. -La diosa Selene nos ha otorgado este regalo, y nosotros no lo desperdiciaremos.-
El caos se apoderó de la manada, murmullos y miradas furtivas se intercambiaron mientras Gabriel y Damian intercambiaban palabras llenas de tensión. Me sentía como el centro de un torbellino de emociones y aromas que la embriagaban.
-¿Y si no quiero elegir?- preguntó, sintiendo la presión de la situación. La idea de ser parte de una rivalidad, de estar atada a dos hombres poderosos, era abrumadora.
-No tienes que elegir ahora. Pero ten cuidado, porque ambos lucharemos por ti. Y esa lucha puede volverse peligrosa,- advirtió Damian, su mirada intensa y seria.
Miranda sintió cómo el peso de sus palabras se asentaba en su pecho. -No sé si estoy lista para esto,- susurró, sintiendo una mezcla de miedo y emoción.
-Te mostraremos lo que significa ser parte de esta manada. Juntos enfrentaremos lo que venga,- prometió Gabriel, su voz resonando con determinación. -Y no olvides, siempre estaré aquí para protegerte.-
Mientras la manada se dispersaba, Me senti atrapada en una red de emociones. La conexión que compartía con Gabriel y Damian era intensa y desconcertante, y mi lobo, Aurora, parecía alentarme a explorar esta nueva realidad.
P.O.V. Damian y Onix
Mientras observaba a Miranda reír con Gabriel, sentí un torrente de emociones. -Ella es perfecta,- resonó en mi mente, y la parte de mí que era Onix anhelaba acercarse a ella. Me retorcía en confusión.
-No puedo dejar que la tenga solo para él- dije, la rabia comenzando a burbujear. -¿Qué derecho tiene él de reclamarla?-
-¿Y tú?- respondió Onix en mi mente, su voz grave y profunda.
-Ella también me pertenece a mí. Es nuestra compañera.-
Me detuve, sintiendo la verdad de sus palabras. -Es cierto, pero hay algo más en juego aquí. Gabriel es mi alfa. No puedo ignorar eso.-
La realidad de la situación me llenaba de frustración. La conexión que sentía con Miranda era única, pero no podía olvidar que ella también era parte de su manada.
-Lo sé, pero eso no cambia lo que siento por ella,- dijo Onix, su tono lleno de deseo. -Ella necesita nuestra protección. ¿No te gustaría ser el que la defienda?.-
-Por supuesto que sí,- respondí, sintiendo la urgencia de mi lobo. -Pero debemos ser cautelosos. Gabriel es fuerte, y no podemos desestabilizar la manada.-
A pesar de mi renuencia, la idea de compartirla con Gabriel y Kiro comenzó a fraguarse en mi mente. -Quizás… no es del todo una mala idea,- reflexioné. -Ella podría ser más fuerte si nos unimos.-
-Exacto,- asintió Onix. -Si todos nos unimos para protegerla, seremos invencibles. Pero debes dejar de pensar que la estamos perdiendo. Esto no es una competencia.-
-¿No lo es?- me pregunté, sintiendo que el conflicto interno aumentaba.
-Nos ha unido un destino que ni siquiera entendemos. Siento que es un regalo de la diosa, y no puedo permitir que lo echemos a perder por celos.-
-La diosa tiene sus planes,- dijo Onix, su tono más firme.
-Debemos aceptar que nuestra conexión con ella es parte de algo más grande. Al final, los tres seremos fuertes juntos.-
Con la resolución comenzando a llenar mi mente, observé a Miranda mientras conversaba con Gabriel, su risa iluminando la noche.
-Ella es especial,- murmuré.
-Y tiene un poder que apenas comienza a desatarse. Tal vez deberíamos dejar que ella elija su propio camino.-
-Eso es lo correcto,- acordó Onix.
-Si la amamos de verdad, debemos apoyarla en su viaje. Y al final, eso también nos beneficiará.-
Mientras la conversación continuaba entre Miranda y Gabriel, el aire estaba cargado de un nuevo sentido de unidad. Sentí que mi celosía se desvanecía, reemplazada por una comprensión más profunda. -Está bien, trabajaremos juntos,- prometí, sintiendo que mi conexión con Onix y Miranda se fortalecía.
-Pero eso no significa que no luchemos por su corazón,- agregó Onix, su voz llena de determinación. -Cada uno de nosotros tiene una parte que jugar. Y no dejaré que la olvides.-
Con ese pensamiento resonando en mi mente, observé a Miranda, quien se giró hacia mí y sonrió. En ese instante, supe que había tomado la decisión correcta. Podíamos ser un trío poderoso, y juntos podríamos enfrentar cualquier desafío que se interpusiera en nuestro camino.
-Así que será,- afirmé, con la resolución renovada. -Lucharemos por ella, y haremos todo lo posible para que se sienta segura y amada.-
Mientras la luna brillaba sobre nosotros, el futuro se presentaba lleno de promesas y desafíos, y supe que este era solo el comienzo de una historia que cambiaría nuestras vidas para siempre.
P.O.V GABRIEL
Había esperado tanto por este momento, la llegada de la loba plateada, pero ahora que ella estaba aquí, el peso del destino parecía mucho más complejo de lo que había imaginado.
– ¿La sientes? – Kiro, mi lobo, rompió el silencio en mi mente, con una intensidad que hacía eco en su pecho. El vínculo con Kiro siempre había sido fuerte, pero con Miranda cerca, parecía arder.
– Es… diferente – respondí, mientras mis ojos seguían fijos en ella. – Es como si el mundo entero estuviera cambiando a su alrededor.
Cerré los ojos un instante, sintiendo cómo mi corazón palpitaba a un ritmo frenético. El poder de la revelación que Kiro me había lanzado lo abrumaba, pero no era una sorpresa. Lo había sentido desde el primer momento en que Miranda llegó. Ella era la conexión que había estado esperando toda mi vida, la pieza que faltaba en mi alma. Pero ahora, con Damian mostrando la misma atracción hacia ella, las cosas no eran tan favorables.
– Eso la pone en peligro – pensé, tratando de controlar mis emociones.
– Si es nuestra alma gemela, entonces también es suya. Damian lo sabe, y no se quedará con los brazos cruzados- dijo Kiro, siempre el más fiero de los dos, respondió con un gruñido más fuerte.
– No tiene que ser así. La diosa Selene la ha traído a nosotros. Somos los elegidos. Damian es fuerte, pero no puede desafiar nuestro mandato., deje escapar un suspiro pesado, mi mirada nunca se apartándose de Miranda. Sabía que Kiro tenía razón en parte. Su vínculo con Miranda era especial, pero lo mismo se podía decir de Damian. Había un triángulo de poder, de emociones, y la tensión estaba en su punto más álgido.
– Ella no lo entiende aún. Todavía no comprende el peso de lo que significa ser la loba plateada. No solo para nosotros, sino para la manada entera – dije en voz baja, más para sí mismo que para kiro.
– Lo hará – replicó Kiro con seguridad.
– Pero debemos asegurarnos de que sea contigo. Debes verte como su alfa, su compañero destinado. asentí, pero sabía que no sería tan simple. La lealtad de Damian era indiscutible, pero el lazo que sentía hacia Miranda lo estaba cambiando, y eso podía fracturar la manada si no era manejado con cuidado. La presencia de Miranda lo desafiaba de formas que Gabriel nunca había anticipado. ¿Cómo mantener la estabilidad cuando los instintos más primarios de ambos alfas estaban en guerra por su luna.
Kiro, como siempre, no tenía dudas.
– Si él se interpone, lo derrotaremos. El destino nos ha unido a ella, no a él. Pero... – el lobo hizo una pausa, su tono más oscuro
–, si no actuamos pronto, la perderemos. cerré los puños con fuerza, sintiendo la presión creciente de la situación. Como alfa, había enfrentado batallas, liderado guerras y protegido a su manada, pero esto... Esto era diferente. El corazón, el alma y el destino de Miranda estaban entrelazados con el suyo de una manera que nunca había
– ¿Crees que ella lo siente? – preguntó, más a Kiro que a sí mismo, buscando alguna respuesta en el vínculo compartido con su lobo
– Lo siente – Kiro afirmó con convicción.
– Lo sabe, aunque no lo entienda del todo aún. El lobo dentro de ella lo sabe. Aurora lo sabe. Y tarde o temprano, Miranda tomara una decisión. Sabía que Kiro tenía razón, pero eso no me calmaba la creciente preocupación que sentía. Miranda no era solo una loba destinada a cambiar el destino de las manadas, ella era su igual, su compañera en el sentido más profundo, y la idea de perderla a manos de Damian... esa idea lo devoraba desde dentro.
– No puedo permitírmelo – murmuró en un suspiro
– No lo haremos – repitió Kiro, pero esta vez con un tono amenazante.
– No es un juego, Gabriel. Si Damián sigue en nuestro camino, será todo más difícil para nosotros.
El peso de esas palabras resonó en mi mente con una fuerza abrumadora. Nunca había deseado una confrontación con su beta, su amigo más cercano. Pero Kiro tenía razón en una cosa: el destino que compartían con Miranda no permitía titubeos. No había margen de error.
El sonido de pasos me sacó de mi ensimismo. Damian se acercaba, su expresión oscura y sus ojos verdes brillando bajo la luz de la luna. Era obvio que había sentido la misma conexión, la misma tensión que yo. Las dos alfas intercambiaron una mirada cargada de significados no dichos.
– Hablas con Kiro, ¿verdad? – preguntó Damian en tono bajo, sus ojos fijos en Miranda, que aún conversaba con algunos miembros de la manada.
asentí, con la mandíbula tensa.
– Kiro piensa que esto puede terminar mal para ambos.
Damián bufó, la frustración visible en cada uno de sus gestos.
– Onix también lo siente. Y tú lo sabes. No podemos evitar lo inevitable, Gabriel. Tarde o temprano, habrá que tomar una decisión
– No tiene por qué ser ahora – respondí, manteniendo la calma, aunque sabía que mi propia paciencia era frágil.
– No estoy seguro de que tengamos tanto tiempo – replicó Damian, sus palabras impregnadas de una amarga resignación.
– Los vampiros no van a esperar que resolvamos nuestras cuestiones personales. Y, si somos sinceros... tampoco Miranda está a salvo.
El silencio entre nosotros era pesado, la tensión subiendo con cada segundo que pasaba. Ambos sabíamos lo que estaba en juego, pero ninguno estaba dispuesto a dar un no por repuesta.
– No te equivoques, Damián – dije finalmente, en voz baja pero firme.
– No voy a renunciar a ella.
Damian lo miró, y aunque no dijo nada, Gabriel spo que la batalla por el corazón de Miranda ya había comenzado, y no sería una pelea limpia. Los lobos dentro de ellos rugían, hambrientos, reclamando lo que les pertenencia por derecho.
– Yo tampoco, Gabriel. Yo tampoco.
El aire a nuestro alrededor parecía vibrar con la energía de lo no dicho. Yo sabía que pronto se tomaría la decisión, pero por ahora, debía concentrarse en protegerla, en enseñarle a Miranda lo que era ser una loba. Y cuando llegara el momento, cuando ella estuviera lista, le demostraría que su vínculo con él era más fuerte que cualquier cosa que Damian pudiera.
Por ahora, todo lo que podía hacer era esperar. Pero no por mucho tiempo.
P.O.V MIRANDA
Me siento abrumada por la ceremonia y todo lo demás, no se que creer o pensar, lo único que se me ocurre es llamar a aurora para aclarar mis dudas.
– Aurora, ¿estás ahí? – susurro, cerrando los ojos.
– Siempre estoy aquí, Miranda – responde Aurora, con su voz amorosa.
Suspirando, dejo escapar un torrente de emociones.
– Escuche rumores sobre la elección que debía hacer. Dicen que solo puedo elegir a uno de ellos: Gabriel o Damian, pero yo siento que amo a los dos, no quiero dejarlos.
– Aurora, no sé qué hacer – digo, sintiendo el peso de la confusión en mi pecho.
– Todos dicen que debo elegir entre Gabriel y Damián, pero no puedo. No quiero perder a ninguno de ellos.
– Yo tampoco quiero que elijas, Miranda – responde Aurora, su voz llena de determinación.
– Ambos son importantes para ti y tienen un lugar en tu corazón, sin ellos no seriamos nada. Yo los elijo a los dos, quiero a mis compañeros.
– Exacto. La idea de dejar a uno de ellos atrás me duele – confieso, sintiendo lágrimas amenazar con salir.
– Pero si no elijo, podría causar problemas en la manada.
– Entonces, ¿por qué no pedimos ayuda a la diosa Selene?
–Está bien vamos a hacerlo, digo suplicando en mi interior que no los tenga que dejar a ninguno.
- ¿Aurora?, pregunte.
- ¿Que sucede Miranda? pregunto con preocupación.
- ¿Quiénes somos, porque nos trajeron aquí? Es algo que me atormentaba y no estaba tranquila con la historia que me conto Gabriel al principio.
– Eres la loba plateada, Miranda. Tienes la capacidad de unir a las manadas, de conectar los mundos. Tu poder puede traer equilibrio. No subestimes lo que llevas dentro – explica Aurora. Siento una oleada de energía en mi interior, como si cada célula de mi cuerpo respondiera a sus palabras.
– Entonces, ¿debería confiar en lo que siento? ¿Y en mi conexión con ellos?
– Absolutamente. La conexión con Gabriel y Damián es parte de tu destino. Aprende de ellos, pero no te olvides de ti misma. Con un nuevo sentido de claridad, susurro
– Prometo ser honesto con ellos. No quiero que mi elección me divida. no quiero separarme de ellos.
– Eso es lo que debes hacer, Miranda. Permítete sentir y explorar. Solo así podrás descubrir tu verdadero poder – responde Aurora.
asiento y respondo – Gracias.
– Siempre estaré aquí contigo – afirma Aurora, y siento que su energía me envuelve.
– Recuerda, el amor es lo más poderoso en todos los mundos.
Mientras la luna brilla sobre mí, me doy cuenta de que este es solo el comienzo de mi viaje. Estoy lista para abrazar lo que soy y enfrentar el destino que me toco, desafiaré lo que se avecina. No importa cómo se desarrolla, sé que tengo el poder.
Y así, con el corazón palpitante y la determinación, ya creo que fue un día agotado asi que me dirijo hacia Gabriel y Damian para poder pedirles para descansar.
El claro estaba iluminado por la luna, y yo me sentí un poco abrumada después de todo lo que había sucedido. La ceremonia había sido intensa, y el peso de las ex.
Me acerqué a Gabriel y Damián, que conversaban entre ellos. La preocupación me invadía, y sabía que necesitaba un momento para descansar.
– Chicos – comencé, sintiéndome un poco tímida.
– Estoy un poco agotada. ¿Podrían mostrarme un cuarto para poder descansar?
Gabriel me miró con preocupación.
–Claro, Miranda. Te llevaré a la habitación más cómoda.
– Yo también te acompañaré – añadió Damian, su sonrisa cálida y reconfortante.
– No podemos dejarte sola después de este día de locos.
Sonreí, sintiendo que su amabilidad iluminaba un poco mi confusión.
– Gracias, chicos. realmente les agradezco.
Mientras caminábamos hacia la habitación, ambos se mostraron cariñosos conmigo. Gabriel me tocó suavemente el hombro y Damian me ofreció su brazo, lo que me hizo sentir segura y querida.
– Solo quiero que estés bien – dijo Gabriel, su voz suave y firme.
– Tomate tu tiempo.
– Y cuando despiertes, veremos qué decisiones tomarás – añadió Damian,
Finalmente llegamos a la habitación. Era más lujosa de lo que había imaginado: una cama enorme, suave y acogedora, un baño privado que parecía un santuario y un armario lleno de ropa que se veía lujosa.
– Wow, esto es increíble – murmuré, sin poder evitar una sonrisa.
– Nunca he estado en una habitación tan grande.
Gabriel estaba, viéndome con admiración. – Mereces todo esto y más, Mucho más.
–Descansa, Miranda. Estaremos cerca si nos necesitas – dijo Damian, con un giño que me derritió por completo. No pude evitar sonrojarme de solo verlo, Con una sonrisa agradecida, les respondí:
– Gracias, chicos. Que descansen bien.
– No dudes en llamarnos si necesitas algo – me recordó Gabriel antes de cerrar la puerta tras él y Damian.
Una vez sola, me dejé llevar por la tranquilidad de la habitación. Era un refugio, un lugar donde podía relajarme y pensar. Me di una ducha caliente, sintiendo cómo el agua me envolvía, aliviando la tensión en mis músculos y despeja.
Después de la ducha, me vestí con una de las prendas suaves que encontré en el armario. La ropa me quedaba perfecta, como si hubiera sido hecha a medida. Me miré en el espejo, y por un momento, me sentí como una verdadera loba plateada.
Finalmente, me planté frente a la cama. La colcha suave y la almohada mullida me invitaron a descansar. Mientras me acurrucaba.
Mientras me dejaba llevar por el sueño, los pensamientos sobre Gabriel y Damian comenzaron a fluir. Ambos eran increíbles a su manera, y la idea de tener que elegir entre ellos me llenaba de angustia.
Con esos pensamientos en mente, me dejé llevar por el sueño, sintiendo que estaba más cerca de descubrir mi verdadero camino. Aunque no sabía lo que el futuro se depararía, estaba decidida a enfrentar lo que viniera con valentía. Este era solo el comienzo.