Pablo era algo extraño, no terminaba de conocerlo, a veces era tan presente, tan amoroso, tan atento y de pronto, desaparecía, misterioso, no sabía qué hacía, a dónde iba, llamadas por teléfono. Tenía miedo, desconfiaba, se la pasaba mintiéndome, o era eso lo que yo creía. El tiempo pasó, cinco meses, no podía creerlo. Llegaron las vacaciones de verano, con Pablo organizamos un viaje, vacaciones. Y, para mi sorpresa, era a mi lugar preferido en el mundo. Soñaba conocer Italia desde que tenía uso de razón. Ver postales en todos lados de esos hermosos paisajes, soñados. Me había ido un fin de semana a Murcia a pasarlo con mi madre y mis niños. Pablo ese fin de semana también viajó a ver su hermano, algo que descubrí hace poco, que tenía un hermano. —No puedo creer que voy a conocer Ita

