Sentía angustia, eran muchas emociones encontradas al mismo tiempo. Miraba a mi niña, tan tranquila, dormida, tan perfecta para mis ojos. —Gracias —le susurré a Pablo. —¿Por qué? —Por estar. Sonrió, me besó tiernamente. Sí, después de todo lo que nos pasó, estaba agradecida porque no me dejó sola en ningún momento. Pero… ¿Y Zamira? Ese era un misterio que nunca terminaría de resolver, creo. —Estoy ansiosa por ver la carita de Daniel al conocerla —me emocioné. —Va a ser un súper hermano mayor. Buscaron a Eider para hacerle unos análisis de sangre. Luego de veinte minutos aproximadamente la trajeron de nuevo, le di pecho, aunque le costaba un poco succionar. Se quedó dormida. —Quiero darme una ducha —le dije a Pablo. —¿Ya? —rió, apenas habían pasado seis horas de que nació la

