34. Casa. Lia. En el viaje hacia el aeropuerto, tengo que hacer varias paradas para calmarme. Aunque las lágrimas parecen haberse detenido, la opresión en el pecho es tan sofocante que, por momentos, siento que no puedo respirar. Horas después, ya en la sala de embarque mientras espero mi vuelo, recibo una llamada. Es Autumn. Contesto, pero guardo silencio, porque no tengo idea de qué decirle. No alcancé a despedirme de nadie. No hubo tiempo. Todo pasó tan rápido, que hasta ahora me doy cuenta de que me fui tan repentinamente que dejé todo inconcluso. No le dije adiós a nadie. Ni siquiera a Lucas. Parpadeo, tratando de enfocar la vista en el letrero frente a mí. Es una propaganda de una hamburguesa local que ya he leído tantas veces que podría recitarla de memoria. Y, aun así

