33. La próxima vez... Lia. Tan pronto siento que él ha caído en un sueño profundo, me escabullo de debajo de su cuerpo. Rebusco en su clóset hasta encontrar una de sus camisetas, y tomo un short de jean que había dejado allí una de las noches anteriores. Antes de irme, lo miro. Incluso dormido, su ceño sigue fruncido, y no puedo evitar preguntarme si, así como él dejó pesadillas en mí, yo también las sembré en él. La idea es agonizante. ¿Cómo fue que todo se fue al carajo en un solo día? No, no fue en un solo día. Porque él siempre supo lo que hacía. Yo fui la única estúpida que entró en esto con los ojos cerrados. Me acerco a la caja fuerte e intento abrirla con varias claves. Ninguna funciona. Al final, me rindo. Me pongo de pie y, sintiendo que el aire en la habitación ya no me a

