— Creí que él me lo daría, sí — responde, limpiándose una lágrima con brusquedad. — Y me mentiste. Nos mentiste. Maldita seas, Loretta. — ¡Sólo quería estabilidad! ¡Una familia completa para mi hija, un esposo devoto, alguien que me amara! — Grita, rompiéndose en sollozos—. Pero ni tú ni él me lo dieron, ni tú ni él. Porque lo habría hecho funcionar. Así te amara a ti, lo habría hecho funcionar con Hank, pero él… — Jesús — paso una mano por mi mandíbula, incrédulo. — Él es demasiado leal. Y, de repente, aquello de lo que escapé contigo… también me lo dio Hank. Los dos me dieron lo mismo: nada. Y me llené de rabia, de frustración. Al principio… — su voz baja un poco, se quiebra — pensé en contártelo. Lo juro, muchas veces lo pensé. Pero ya había mentido tanto, ya me había hundido demas

