Para la tarde ya había llegado a casa, Ray estaba enojado y dolido tanto de sus caderas como de su orgullo, lo que paso hoy estaba en su lista de las cosas más humillantes que no podría olvidar nunca. -Ese pervertido- dijo entre dientes mientras se tocaba con cuidado y comprobaba que el dolor seguía ahí. El verdadero culpable ya se había ido esa mañana y ya no pudo seguir desquitando su furia en él, tendrían que esperar hasta que volvieran a quedar para regañarlo por esto. Gritarle solo en la mañana no fue suficiente. - Al menos no duele tanto como cuando me levante...- suspiró. Subió a su habitación y comenzó a hacer los deberes, no quería ni siquiera mirar la cama por la vergüenza que lo comía vivo debido a esos recuerdos que se filtraban en su memoria sin permiso... La noche anteri

