Ella avanza los pasos que faltaban para que estuviéramos una frente a otra. Cada una esperaba la respuesta de la otra; sin embargo, ninguna respondía. —Te pregunté qué haces aquí —recuerda. —También yo —no bajo la guardia ante su forma de hablarme. —Nos vamos a casar —responde con sorna—. Vivo aquí. Sus palabras caen como jarro de agua fría sobre mi cuerpo. Decepciones amorosas; una mierda. Las palabras de Sasha retumban en mi mente. Tenía razón, te tumban de la nube y duele como el demonio. — ¿Desde cuando? —pregunto porque aunque no quiera saber, debo saberlo. —Muchos días —comenta—. Me ha pedido matrimonio. Ayer fui a tu barrio para verte y parece que tu novio me ha confundido contigo en la fiesta de pobretones. No puede ser. Estoy aquí porque me confunde con mi hermana. Su inter

