El dolor me envolvía como una marea implacable, empujándome y tirándome sin piedad. Joder, no sabía que este momento sacaría mi lado débil. Ahora era cuando más fuerte debía ser porque conocería a mis bebés. Había empezado hacía horas, un leve malestar que se convirtió en una agonía insoportable. «Veré a mis bebés» Era lo único que en mi mente repetía para pasar del dolor tan exagerado que tomaba mi cuerpo sin piedad. Los médicos y las enfermeras me habían dejado sola en la sala de partos, mientras afuera, la noche avanzaba. Si él estuviese aqui fuese diferente. Estaría como loco aquí, besando mi frente y susurrándome que todo estaría bien. Lo viese intranquilo, ansioso por ver a sus hijos, como cuando me hice la prueba delante de él. Una lágrima se desliza en mi mejilla. Él está

