No tenía caso ocultarlo. Parte de mi verdad se la estaba dejando por completo. No podía negarlo más. El me hacía jodidamente bien y yo no sabía tanto que la palabra felicidad podría traerla a mí un hombre, pero desde que estoy en sus brazos soy feliz. Quería dejarme llevar, todo estaba yendo bien, pero los demonios amenazaron cuando él se situó encima de mí. Planeaba que no se diera cuenta y mentalmente me repetí que era él, más, no ayudó de nada. Ahora rodeo su cuello con mis brazos mientras lo siento como una roca debajo. No lo conozco, pero entiendo que de buen humor no está. Bajo una de mis manos por su brazos mientras poso mis labios en su cuello y empiezo a besarlo, despacio, volviendo a sumergirme en el mundo donde solo somos él y yo. Llevo mi mano a su cabello y tiro de él despa

