Estaba jodidamente tenso. Me dolía el cuerpo del cabreo que cargaba y me dolían las pelotas de tenerla desnuda en mis manos y follándome. Quería encontrar a quién la ha forzado. Ella no tenía la culpa, pero mi mente no me dejaba hacer más nada. Sus palabras me calentaron el maldito cuerpo y me dieron una sensación pendeja que nunca había sentido con ninguna mujer. El puto corazón estaba de fiesta allá adentro y esta metáfora me dejaba de piedra joder. Él nunca iba de fiesta por nadie. Al querer que fuésemos a la ducha juntos me asombró porque ayer ella quiso ir sola, como mismo después de follar prefirió dormir en vez de seguir. No sé si todas las mujeres son un maldito problema de matemáticas o es solo esta. Y para que no hubiera dudas de su petición me extiende la mano. Al entrar al

