CAPÍTULO 14: SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

1628 Palabras
Marina Isabella estaba abrumada por las emociones que sentía al leer las cartas de su padre biológico. Necesitaba hablar con alguien, desahogarse. Salió de la habitación de su madre, sintiendo rabia, miedo, cariño, anhelos, se fue a buscar a Alex, lo encontró en la terraza, mirando el mar, con el rostro iluminado por la luz del atardecer. “Lo abrazó por la espalda, y le surruro al oído nunca me dejes por favor, y se aferro él llorando" dijo Marina, con la voz temblorosa. Alex se giró y la miró con preocupación, dejando de lado sus pensamientos. “¿Qué pasa, amor?” Marina le mostró las cartas, sus manos temblando ligeramente. “Encontré estas cartas en el cuarto de mi madre. Son de mi padre biológico. No puedo creer que me haya ocultado esto durante tanto tiempo.” Alex la abrazó, sintiendo la tensión en su cuerpo. “Vamos a caminar un rato por la playa. Te hará bien despejarte un poco.” Caminaron juntos por la orilla, el sonido de las olas y la brisa del mar ayudaban a calmar los nervios de Marina. El cielo se teñía de colores cálidos mientras el sol se ponía en el horizonte. Después de un rato, una lluvia repentina comenzó a caer a raudales, obligándolos a regresar a la villa para refugiarse. Al llegar, se dieron cuenta de que Isabella aún no había regresado de las reuniones de ese día lo que a parte de rabia ahora sentía preocupación. “¿Dónde estará mamá?” preguntó Marina, con la voz cargada de ansiedad. “No lo sé, pero con esta tormenta no podemos hacer mucho. Tendremos que esperar hasta que deje de llover,” respondió Alex, tratando de mantener la calma. A la mañana siguiente, aún Isabella, no había regresado por lo que Marina decidió ir recorrer los lugares donde su madre se reunió el día anterior con los jefes a cargo de las empresas familiares en la isla, como hoteles, el astillero, entre otros, antes de llegar al astillero en el puerto encontró a Javier Kalaris, un empleado de confianza y le preguntó si la había visto el día anterior. “Javier, ¿has visto a mi madre? No ha regresado desde ayer,” preguntó Marina, con la voz llena de preocupación. Javier asintió. “Sí, Marina. Ayer le presté un bote pequeño y salió a alta mar. Pero no te preocupes, recibimos información por radio de que algunos botes no regresaron al puerto a causa de la tormenta. Nos informaron que están bien en una caleta cercana y que ya enviaron botes de auxilio para ayudarles a regresar.” Marina sintió un alivio momentáneo. “Gracias, Javier. Eso me tranquiliza un poco.” Regresaron a la villa pero se sentía aún muy abrumada y decidieron ir al hostal donde se hospedaban Nikos y Elena. Marina necesitaba hablar con su padre Nikos sobre lo que había descubierto. Al llegar, le encontraron a Nikos en el comedor del hostal esperando por Elena para un desayuno tardío. “Papá , ¿puedo hablar contigo?” preguntó Marina, entrando con las cartas en la mano. Nikos la miró con una sonrisa cálida. “Claro, Mi Muñeca. ¿Qué sucede?” Marina se sentó frente a él, sintiendo un nudo en la garganta. “Encontré estas cartas de mi padre biológico a mi madre. Son muchísimas. ¿Sabías algo sobre esto?” Nikos negó con la cabeza, su expresión seria. “No, Marina. A pesar de que estuvimos casados, nunca quise preguntarle a Isabella sobre su pasado. Era su vida, y yo respetaba eso. Lo más importante para nosotros era la amistad y el apoyo mutuo que nos dábamos.” Marina suspiró, sintiendo una mezcla de alivio y frustración. “No entiendo si estas cartas las recibió cada año o si son recientes. Estoy tan confundida y enojada.” Nikos se levantó y la abrazó, dejándola llorar en su hombro. “Tranquila, hija. Entiendo que esto es difícil para ti. Pero te pido que tengas calma y que trates de escuchar y comprender cuando hables con tu madre. Estoy seguro de que ella tiene sus razones.” Mientras tanto, Isabella y Alexandros regresaron a Stavros al día siguiente, ajenos a lo que había sucedido en la isla. Decidieron ir juntos a la villa familiar para planificar una cena familiar. Al llegar, se encontraron con Valentino, el hermano mayor de Isabella, en la cocina. “Valentino, quiero presentarte a alguien muy especial,” dijo Isabella, con una sonrisa. “Este es Alexandros, mi eterno amor.” Valentino, que aún sufría de amnesia temporal debido al accidente aéreo, miró a Alexandros con curiosidad. “Es un placer conocerte, Alexandros. Aunque mi memoria no es clara, siento que te conozco de alguna manera.” Alexandros asintió, conmovido. “Es un honor conocerte, Valentino. He oído mucho sobre ti.” Isabella miró a Valentino con preocupación. “¿Sabes dónde está Marina?” Valentino sonrió y luego miró a Isabella. “Sí, está fuera en la terraza posterior, viendo el mar y leyendo.” Isabella sintió un nudo en el estómago. “Gracias, Valentino. Vamos a hablar con ella.” Isabella y Alexandros se dirigieron a la terraza posterior, donde encontraron a Marina sentada, con las cartas esparcidas a su alrededor. Isabella se angustió al ver la expresión de su hija y se llenó de miedo por su reacción. “Marina, tenemos que hablar,” dijo Isabella, con la voz temblorosa. Marina levantó la vista y, al ver a Alexandros, su rostro se llenó de sorpresa. “¡Capitán! Ahora entiendo por qué no dejabas de mirarme y me dijiste que te recordaba a alguien especial en tu vida.” Alexandros asintió, con una sonrisa triste. “Sí, Marina. Eres el vivo retrato de tu madre cuando la conocí.” Isabella se sentó junto a ella, tomando sus manos. “No quería que sufrieras, hija. Pensé que era mejor así. Además nunca haz querido hablar de tu padre.” Marina sintió una oleada de emociones: ira, tristeza, alivio y confusión. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. “Siempre supe que Nikos no era mi padre biológico, y sí nunca quise escuchar tus explicaciones. Era más fácil creer que mi padre biológico nos había abandonado.” Isabella la miró con lágrimas en los ojos. “Quería protegerte, Marina. No sabía cómo manejar la situación, y pensé que era mejor así. Pero me doy cuenta de que mereces saber la verdad.” Marina suspiró, sintiendo una mezcla de alivio y frustración. “No entiendo si estas cartas las recibiste cada año o si son recientes. Estoy tan confundida y enojada.” Alexandros intervino, con voz firme pero suave. “Yo envié todas esas cartas a tu madre a lo largo de veinte años y nunca recibí una respuesta. Deduzco que nunca las recibió.” Isabella asintió, conmovida. “En efecto, nunca recibí nada hasta hace unos días, cuando las encontré todas juntas en una caja de madera que era de mi padre, guardada en el estudio. Todas estaban selladas, por lo que mi padre tampoco las recibió. Además, son cartas reenviadas desde Italia hasta aquí, todas enviadas a la dirección que le dejé a tu padre en una pequeña nota de dónde me podía encontrar.” Marina se dejó abrazar por Isabella, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza. Luego, extendió la mano hacia Alexandros, ofreciéndole un simple saludo. Alexandros tomó su mano con suavidad, comprendiendo que Marina aún no lo conocía lo suficiente para un abrazo. Las emociones estaban a flor de piel mientras Isabella y Alexandros hablaban con Marina. Sabían que sería un momento crucial para todos, especialmente para Marina, que estaba a punto de enfrentarse a una verdad que ella misma por años prefirió no aceptar. Después de unos momentos de silencio, Marina se apartó ligeramente y miró a sus padres. “¿Cómo se conocieron? ¿Por qué se separaron?” Isabella tomó una profunda respiración y comenzó a hablar. “Nos conocimos acá en Stavros, en una de las playas. Yo estaba de vacaciones de verano, había venido desde Italia para disfrutar del último mes de verano. Alexandros trabajaba en uno de los ferrys de la línea, pero estaban varados por daños en el ferry debido a una tormenta y porque había Mar de Leva, lo que no dejaba zarpar al ferry. Así estuvimos un mes juntos.” Alexandros asintió. “Fue una época difícil, pero también maravillosa. Nunca dejé de pensar en tu madre, y siempre esperé que algún día pudiéramos reencontrarnos. Pero cuando no recibí respuesta a mis cartas, pensé que había seguido adelante con su vida.” Marina los escuchaba atentamente, sintiendo una mezcla de tristeza y comprensión. “¿Y ahora qué? ¿Qué vamos a hacer?” Isabella la miró con ternura. “Ahora que todos sabemos la verdad, podemos empezar a sanar y a construir un futuro juntos. Alexandros y yo queremos estar aquí para ti, apoyarte en todo lo que necesites.” Marina asintió, tratando de mantener la calma. “Entiendo que esto es difícil para todos. Tengo muchos sentimientos encontrados ira, tristeza, alivio y confusión porque me ocultaste las cartas, mamá, pero también sé que yo misma decidí no saber nada sobre mi padre biológico. Necesito tiempo para procesar todo esto y conocer a Alexandros. No puedo simplemente aceptar todo de inmediato como si nada hubiera pasado.” Isabella y Alexandros se miraron con preocupación, pero asintieron. “Entendemos, Marina. Tómate todo el tiempo que necesites. Estaremos aquí para ti cuando estés lista,” dijo Isabella, con lágrimas en los ojos. Marina se levantó y se dirigió a su habitación, dejando a sus padres en la terraza, sintiendo el peso de la situación.
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