CAPÍTULO 6: NUEVAS REALIDADES

1202 Palabras
Con el comenzar de la segunda semana del Isabella Dream’s anclado en la Bahía de Stavros, la tripulación se sumergía en una rutina frenética de reparaciones. El aire estaba cargado con el sonido de herramientas y el olor a metal y aceite. Aunque la mayoría de los pasajeros habían regresado a sus vidas normales en Atenas, Valentina Alessandra Rossi había decidido quedarse a bordo, su corazón latiendo al ritmo del romance con Theo, el hijo del chef Nikos y m*****o de la tripulación. Cada encuentro con Theo era un refugio de ternura en medio del caos, y Valentina se aferraba a esos momentos como un náufrago a un salvavidas. El equipo de reparaciones, liderado por el ingeniero jefe, había reevaluado los daños causados por la tormenta. Las grietas en el casco, los sistemas eléctricos dañados y las tuberías corroídas requerían atención meticulosa. El ingeniero jefe se acercó al capitán Alexandros con un informe. “Capitán, hemos hecho todo lo posible con los recursos que tenemos, pero necesitamos piezas específicas para seguir. Sin ellas, no podemos garantizar la seguridad del crucero ni de la tripulación.” El capitán Alexandros asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad. “¿Qué piezas necesitamos?” preguntó, revisando el informe. “Válvulas de alta presión, componentes eléctricos para el panel de control y secciones de tubería de acero inoxidable,” explicó el ingeniero. Alexandros sabía que no sería fácil conseguirlas en Stavros. “Tendré que ir a Atenas. Mientras tanto, asegúrate de que todo esté en orden y que la tripulación esté segura.” El ingeniero jefe asintió. “Entendido, capitán.” Antes de partir, Alexandros se reunió con Elena, la jefa de personal. —Necesitamos buscar trabajos temporales para parte de la tripulación —dijo—. El barco estará anclado por tiempo indefinido y no podemos mantener a todos sin ocupación. —Buscaré opciones en la isla —respondió Elena—. Hay negocios que podrían necesitar ayuda. —Perfecto. Yo buscaré piezas y oportunidades en Atenas. Más tarde, Alexandros y Elena convocaron a la tripulación en el salón principal. El capitán se adelantó, su voz firme pero comprensiva. —Como saben, el Isabella Dream’s ha sufrido daños severos. Las reparaciones tomarán más tiempo del esperado. Para mantenernos ocupados y asegurar nuestro bienestar, buscaremos trabajos temporales. Elena coordinará con negocios locales, y yo exploraré opciones en Atenas. La tripulación escuchó con atención. Algunos intercambiaron miradas de preocupación, pero todos comprendieron la necesidad de adaptarse. Permanecerán a bordo el ingeniero jefe, algunos técnicos, personal de seguridad, Nikos el chef, Elena, los gemelos Theo y Alex, Valentina Alessandra Rossi y la hija de Nikos, que ha venido a la isla para estar con su familia —continuó Alexandros—. El resto será asignado según las necesidades. Elena ofreció detalles sobre las oportunidades disponibles y aseguró que se haría lo posible por encontrar ocupaciones adecuadas. La reunión concluyó con un sentimiento de unidad, mientras la tripulación se preparaba para enfrentar los desafíos. Ana y Carlos decidieron que era el momento de hablar con Sofía sobre su verdadero padre biológico, Richard. Se sentaron en el jardín de la casa en la isla, en sillones con cojines mullidos. Ana miró a Carlos, buscando apoyo. —Sofía, hay algo importante que necesitamos contarte —dijo Ana, tomando la mano de su hija—. ¿Recuerdas al señor Richard, el hombre que conociste en el crucero? —Sí, mamita. Era gruñón al principio, pero luego fue muy bueno —respondió Sofía. Ana respiró hondo. —Él es tu padre biológico. Sofía frunció el ceño. —¿Papá no es mi papá? Carlos intervino con una sonrisa tranquila. —Yo siempre seré tu papá. Nada cambiará eso. Pero Richard es el hombre que te dio la vida junto con mamá. Queremos que lo conozcas y sepas que tienes dos papás que te aman. Sofía guardó silencio. De repente, sus ojos se llenaron de lágrimas. —¡Me mintieron! ¡Me engañaron! —gritó, alejándose. —¡No quiero escuchar más! Ana intentó acercarse. —Lo hicimos porque te amamos y queríamos protegerte. —¡No me importa! ¡No quiero saber nada de él! —dijo Sofía, corriendo hacia la casa. Carlos la siguió, pero Ana lo detuvo. —Déjala, necesita tiempo. Mateo había escuchado desde la distancia. Cuando todo terminó, se acercó. —¿Qué significa todo esto? ¿Richard va a vivir con nosotros? Ana se agachó. —No, cariño. Pero es importante que lo conozcan. Tú sigues siendo nuestro hijo amado. Carlos lo abrazó. —Mateo, siempre serás nuestro hijo especial. Y Sofía también. Nada cambiará eso. Mateo asintió, aunque aún preocupado por su hermana. Richard, por su parte, se alojaba en un pequeño hostal en la isla, cerca de Sofía pero sin interferir. Desde la ventana de su habitación, veía el mar y el puerto, recordándole la distancia que lo separaba de su hija. Cada día se preguntaba cómo sería el próximo encuentro y si ella lo aceptaría. El capitán se dirigió al Aeropuerto Internacional de Chania para tomar el vuelo a Atenas y conseguir las piezas esenciales. También debía buscar trabajo temporal para parte de la tripulación. Cada paso en el aeropuerto, desde el control de seguridad hasta la sala de embarque, estaba cargado de ansiedad y determinación. Sabía que el futuro del Isabella Dream’s dependía de su éxito. Isabella, madre de Marina Isabella, también estaba en Stavros. Se había instalado en su casa familiar al norte de la isla, pero tuvo que viajar abruptamente a Atenas por problemas con las empresas familiares que ahora heredaba. Sin saberlo, Isabella y el capitán se cruzaron en el Aeropuerto Internacional de Chania, recorriendo los mismos espacios en momentos distintos, separados por minutos. La tensión de un posible encuentro se sentía en el aire, pero el destino tenía otros planes. Isabella viajaba en zona exclusiva, el capitán en primera clase. No se encontraron ni en el avión. Ambos esperaban con ansias el momento de abordar, revisando sus relojes y mirando alrededor, con la esperanza de ver una cara familiar. El vuelo fue llamado y ambos abordaron, sin saber que estaban tan cerca. Isabella, sentada, miraba por la ventana, perdida en pensamientos sobre el capitán. Él, por su parte, repasaba mentalmente la lista de piezas, dividido entre el deber y el deseo de reencontrarse con Isabella. Mientras tanto, en el crucero, la relación amorosa secreta entre Alex y Marina Isabella continuaba evolucionando. Aprovechaban cada momento a solas, compartiendo miradas furtivas y encuentros apasionados en rincones escondidos. La intensidad crecía, pero también el riesgo de ser descubiertos. Una noche, casi fueron sorprendidos por un m*****o de la tripulación, lo que aumentó su ansiedad. Aun así, se refugiaron en el camarote de Marina Isabella. Al amanecer, Elena fue a levantarla y los encontró durmiendo juntos. Elena los levantó molesta. —Ya basta de guardar el secreto. Aunque se hayan criado como hermanos, no lo son. Se aman profundamente. Es hora de que hablen con su padre, Nikos. Marina Isabella y Alex se miraron. Sabían que Elena tenía razón. La decisión de hablar con Nikos ya no podía posponerse. Con el corazón acelerado, se arreglaron rápidamente y se prepararon para enfrentar la verdad.
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