CAPÍTULO 7: VÍNCULOS Y VERDADES

1516 Palabras
El capitán Alexandros partió hacia Atenas un martes por la mañana, dejando atrás el Isabella Dream’s y su tripulación en la Bahía de Stavros. Su misión era doble: conseguir las piezas necesarias para las reparaciones del crucero y encontrar trabajos temporales para parte de la tripulación. El viaje a Atenas estaba lleno de desafíos y burocracia, pero el capitán estaba decidido a cumplir con su deber. Al llegar a Atenas, el capitán se dirigió directamente a las oficinas de una importante naviera para negociar la compra de las piezas. La ciudad estaba bulliciosa y caótica, con el tráfico y el ruido de la vida urbana. El aire estaba cargado con el aroma de los puestos de comida callejera y el calor del sol mediterráneo. Alexandros se abrió paso entre la multitud, su mente dividida entre las reparaciones del barco y la nostalgia por Isabella. Al llegar a la naviera, esperaba encontrarse con la nueva dueña, la Sra. Di Stephen, pero en su lugar fue recibido por el segundo al mando de la corporación. Mientras discutían los detalles del negocio, Isabella, que estaba en una oficina cercana, escuchó la voz del capitán. Su corazón se aceleró y, al asomarse para confirmar sus sospechas, se quedó en shock y casi se desmaya. La emoción de verlo tan cerca y no poder acercarse a él la abrumó. Durante los siguientes diez días, el capitán Alexandros navegó por un laberinto de burocracia y negociaciones para conseguir las piezas necesarias. Cada día era una batalla contra el tiempo y los obstáculos, pero su determinación no flaqueaba. Además, buscó trabajos temporales para su tripulación, encontrando oportunidades en otras embarcaciones y en tierra. Algunos miembros de la tripulación fueron contratados como técnicos de mantenimiento, electricistas, carpinteros navales y en servicios de catering en otros barcos. Mientras tanto, en el Isabella Dream’s, la relación amorosa secreta entre Alex y Marina Isabella continuaba evolucionando. Elena los había descubierto y los estaba orillando a hablar con Nikos, el padre de ambos. Una noche, después de una cena tranquila, Alex y Marina Isabella se armaron de valor y se acercaron a Nikos. “Papá, hay algo que necesitamos decirte,” comenzó Marina Isabella, su voz temblando. Nikos los miró con curiosidad, pero también con una pizca de preocupación. “¿De qué se trata, hijos?” preguntó, su tono serio pero comprensivo. “Alex y yo… nos amamos,” dijo Marina Isabella, tomando la mano de Alex. Nikos se quedó en silencio por un momento, procesando la información. Su rostro mostró una mezcla de sorpresa y desaprobación. “Esto es inapropiado,” dijo finalmente, su voz firme. “Son hermanos, aunque no de sangre. ¿Cómo pueden pensar en algo así?” Marina Isabella apretó la mano de Alex con más fuerza. “Papá, sabemos que es difícil de aceptar, pero nuestros sentimientos son reales. Nos amamos y queremos estar juntos,” dijo, su voz llena de determinación. Alex asintió, mirando a Nikos con seriedad. “No pedimos tu aprobación, pero sí tu comprensión. No vamos a renunciar a nuestro amor.” Nikos los miró, su expresión suavizándose ligeramente. “Lo único que quiero es que sean felices y que se cuiden el uno al otro. Aunque tengo reservas, si esto es lo que realmente desean, lo aceptaré,” dijo finalmente, su voz suave pero aún llena de preocupación. Por otro lado, la relación entre Theo y Valentina Alessandra Rossi también florecía. Cada día, Theo encontraba nuevas maneras de sorprender a Valentina, ya sea con pequeños gestos de cariño o con paseos románticos por la cubierta del barco. Valentina, por su parte, se sentía cada vez más conectada con Theo, su corazón latiendo al ritmo de su amor. Nikos y Elena también enfrentaban sus propios desafíos. Elena había estado sintiendo algunos síntomas extraños y decidió hacerse una prueba de embarazo, aunque los médicos le habían dicho que tenía problemas de infertilidad. Cuando el resultado fue positivo, se sintió abrumada por una mezcla de alegría y preocupación. Decidió compartir la noticia con Nikos durante una cena tranquila en su camarote. “Nikos, hay algo que necesito decirte,” comenzó Elena, su voz temblando ligeramente. Nikos la miró con curiosidad y una pizca de preocupación. “¿Qué sucede, amor?” preguntó. “Estoy embarazada,” dijo Elena, sus ojos llenos de lágrimas de felicidad y sorpresa. Nikos se quedó en silencio por un momento, procesando la noticia. Su mente se llenó de emociones encontradas: alegría, miedo y asombro. “¿Cómo es posible? Los médicos dijeron que…,” murmuró Nikos, su voz quebrada. Elena asintió, comprendiendo su incredulidad. “Lo sé, pero aquí estamos. Es un milagro,” respondió, tomando su mano. Finalmente, una sonrisa se extendió por el rostro de Nikos, aunque sus ojos reflejaban su temor. “¡Eso es maravilloso, Elena! Pero… tengo 47 años. ¿Seré capaz de hacerlo de nuevo?” Elena lo abrazó con fuerza. “Lo haremos juntos, Nikos. Vamos a ser padres de nuevo, y eso es lo que importa.” Mientras tanto, el capitán Alexandros no podía dejar de pensar en Isabella. Cada noche, después de un día agotador de negociaciones y gestiones, se encontraba mirando una foto de ella en sus manos, deseando poder estar a su lado. La nostalgia y la añoranza lo acompañaban en cada paso, pero también le daban la fuerza para seguir adelante. Ana y Carlos sabían que la conversación con Sofía no había terminado. Había más detalles que necesitaban ser explicados, y era crucial que Sofía entendiera toda la verdad. Esa noche, después de que Sofía se calmara un poco, Ana decidió hablar con ella nuevamente. Ana se sentó en el borde de la cama de Sofía, acariciando suavemente su cabello. “Sofía, sé que esto es muy difícil para ti. Pero hay algo más que necesitas saber sobre Richard,” comenzó Ana, su voz suave y llena de compasión. Sofía la miró con ojos aún llenos de lágrimas, pero asintió, dispuesta a escuchar. “Richard no sabía de tu existencia hasta que nos encontramos en el crucero,” continuó Ana. “Cuando él y yo estábamos juntos, éramos jóvenes. Su familia no aprobaba nuestra relación por diferencias sociales y lo presionaron para que se fuera del país. No tuve la oportunidad de decirle que estaba embarazada de ti. Fue una situación muy complicada y dolorosa para ambos.” Sofía frunció el ceño, tratando de procesar esta nueva información. “¿Entonces él no me abandonó?” preguntó, su voz temblando. “No, mi amor,” respondió Ana, con lágrimas en los ojos. “Richard no sabía que existías. Cuando nos encontramos en el crucero, fue una sorpresa para él también. Él quiere conocerte y ser parte de tu vida, si tú lo permites.” Sofía se quedó en silencio por un momento, sus pensamientos corriendo a toda velocidad. Finalmente, asintió lentamente. “Está bien, mamá. Quiero conocerlo mejor. Pero necesito tiempo,” dijo, su voz aún quebrada pero más tranquila. Ana la abrazó con fuerza, sintiendo un alivio inmenso. “Por supuesto, Sofía. Tomaremos todo el tiempo que necesites.” Mientras tanto, Richard estaba en su habitación en el hostal, mirando una foto de Sofía que había tomado en el crucero. Sus pensamientos estaban llenos de arrepentimiento y esperanza. Sabía que tenía mucho que explicar y demostrar, pero estaba decidido a ganarse el amor y la confianza de su hija. Carlos también decidió hablar con Mateo para asegurarse de que entendiera la situación. “Mateo, quiero que sepas que tanto tú como Sofía son igual de importantes para nosotros. Ambos son nuestros hijos amados, y nada cambiará eso,” dijo Carlos, abrazando a su hijo con fuerza. Mateo asintió, sintiéndose un poco más seguro y comprendido. Finalmente, después de diez días de arduo trabajo, el capitán Alexandros logró conseguir todas las piezas necesarias y organizar los trabajos temporales para su tripulación. Con el corazón lleno de esperanza y determinación, coordinó el envío de las piezas por transporte aéreo, asegurándose de que llegarían a Stavros rápidamente. Con todo en orden, Alexandros tomó el mismo vuelo de regreso a Stavros. Durante el vuelo, no podía dejar de pensar en Isabella, su amor perdido, y en cómo el destino parecía mantenerlos separados. Al llegar a Stavros, Alexandros se dirigió al muelle, ansioso por supervisar la llegada de las piezas y continuar con las reparaciones del Isabella Dream’s. El muelle estaba lleno de actividad, con el sonido de las olas rompiendo suavemente contra los barcos y el olor salado del mar en el aire. Mientras caminaba por el muelle, creyó ver una figura familiar a lo lejos. Su corazón dio un vuelco al reconocer la silueta de Isabella. —¡Isabella! —gritó, acelerando el paso para alcanzarla. Pero cuando finalmente llegó al lugar donde la había visto, Isabella ya no estaba. Miró a su alrededor, buscando desesperadamente algún rastro de ella, pero solo encontró el muelle vacío y el sonido del mar. Con una mezcla de esperanza y frustración, Alexandros se dio cuenta de que el destino aún tenía más desafíos y misterios por delante.
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