Con la llegada de las piezas especiales, se reanudaron las reparaciones más complicadas del Isabella Dream’s. Alexandros supervisaba cada detalle, trabajando codo a codo con los ingenieros jefes y la tripulación. El sonido de las herramientas y el olor a metal caliente llenaban el aire mientras el equipo trabajaba incansablemente para devolverle la vida al barco. Las chispas volaban y el eco de los martillos resonaba en el muelle, creando una sinfonía de trabajo y esperanza.
El capitán, aunque agotado, no dejaba de pensar en Isabella. Cada golpe de martillo y cada chispa de soldadura le recordaban su determinación de reparar no solo el barco, sino también su relación con ella. Sabía que el Isabella Dream’s era más que un barco; era un símbolo de su amor y su historia compartida. Mientras supervisaba el trabajo, su mente viajaba a los momentos que había compartido con Isabella, sus risas, sus miradas cómplices y los sueños que alguna vez tuvieron juntos.
Isabella regresó a Stavros con el corazón lleno de emociones encontradas. Al llegar a la casa familiar, fue recibida con abrazos y sonrisas. La casa, una hermosa villa de estilo mediterráneo con paredes blancas y techos de tejas rojas, estaba rodeada de jardines llenos de flores y árboles frutales. Esa tarde, se organizó un almuerzo especial para celebrar su regreso. La mesa estaba llena de platos tradicionales y el ambiente era cálido y acogedor. Las luces suaves iluminaban la estancia, creando un ambiente íntimo y familiar.
Theo se levantó de su asiento y, con una sonrisa nerviosa, dijo: “Mamá, quiero presentarte a alguien muy especial. Esta es Valentina Alessandra Rossi, mi novia.” Isabella miró a la joven con curiosidad y una sonrisa cálida. “Es un placer conocerte, Valentina,” dijo Isabella, extendiendo la mano. Valentina la tomó con una sonrisa tímida. “El placer es mío, señora Isabella.”
Durante la comida, Isabella no pudo evitar notar el apellido de Valentina. “Rossi… ¿De dónde es tu apellido, Valentina?” preguntó con interés. Valentina sonrió y respondió: “Es de origen italiano. Mi familia es de Italia.” Isabella asintió, intrigada.“¿Conoces a Valentino Di Stephen Rossi?” preguntó, su voz llena de curiosidad. Valentina asintió, sus ojos brillando con emoción. “Sí, lo conozco muy bien. Es mi padre.” Isabella, aún sorprendida, lanzó otra pregunta: “¿Alguna vez te habló tu padre sobre su hermana?” Valentina negó con la cabeza, pero luego añadió: “No directamente, pero recuerdo haberlo escuchado discutir con mi abuelo sobre ella. Mi padre quería buscarla, pero mi abuelo se oponía. Incluso una vez, en medio de una discusión, mi abuelo abofeteó a mi padre. Fue un momento muy tenso.” Valentina, con una mezcla de curiosidad y confusión, preguntó: “¿Por qué me haces esas preguntas, Sra. Isabella?” Isabella tomó aire, tratando de contener las lágrimas. “Porque yo soy esa hermana. Soy tu tía, Valentina.”
Las emociones se desbordaron en la habitación. Valentina se lanzó a los brazos de Isabella, llorando de alegría y alivio. “No puedo creerlo… siempre supe que había algo más en nuestra familia, pero nunca imaginé que te encontraría así,” dijo Valentina entre sollozos. Isabella la abrazó con fuerza, sintiendo una conexión profunda y renovada con su familia.
Elena aprovechó la ocasión para compartir una noticia emocionante: estaba embarazada. La alegría y las felicitaciones llenaron la habitación, aunque Nikos aún tenía algunas reservas debido a su edad. “Es un milagro,” dijo Elena, con una sonrisa radiante. Nikos la abrazó, sus ojos llenos de amor y preocupación. “Lo haremos juntos, Elena. Vamos a ser padres, y eso es lo que importa,” dijo, su voz llena de amor y sinceridad.
Alex y Marina Isabella también decidieron hacer pública su relación. Aunque hubo algunas reacciones de sorpresa y preocupación, la familia finalmente aceptó su decisión, deseándoles felicidad y amor. “Nos amamos y queremos estar juntos,” dijo Alex, tomando la mano de Marina Isabella. Isabella, aunque inicialmente sorprendida, asintió con una sonrisa. “Lo único que quiero es que sean felices siempre” dijo, su voz suave pero llena de sinceridad. Y tus ojitos mi niña me dicen eso mismo que realmente eres feliz.
En un parque cercano, Sofía y Richard tuvieron su primer encuentro. El parque, con sus senderos arbolados y bancos de madera, era un lugar tranquilo y acogedor. Richard llegó con regalos para Sofía y Mateo, tratando de ganarse su confianza. Sofía, aunque nerviosa, se sintió conmovida por el gesto de su padre biológico. Mateo observaba con curiosidad, tratando de entender la nueva dinámica familiar. Richard se arrodilló frente a Sofía, extendiéndole un pequeño paquete envuelto en papel brillante. “Esto es para ti, Sofía,” dijo con una sonrisa temblorosa. Sofía tomó el paquete con manos temblorosas, sus ojos llenos de curiosidad y emoción. Al abrirlo, encontró un hermoso collar con un colgante en forma de estrella. “Es precioso,” murmuró, sus ojos llenándose de lágrimas. Richard asintió, sintiendo un nudo en la garganta. “Quería darte algo especial, algo que simbolice lo importante que eres para mí,” dijo con voz suave. Sofía lo abrazó, sintiendo una mezcla de emociones que no podía expresar con palabras. Mateo, aunque aún un poco receloso, aceptó el regalo de Richard, un juego de construcción que siempre había deseado. Carlos y Ana observaban la escena con una mezcla de alivio y esperanza, sabiendo que este era solo el primer paso hacia la reconciliación.
Mientras tanto, en la casa familiar, la comida continuaba con risas y conversaciones animadas. Valentina Alessandra Rossi se sentía cada vez más conectada con su nueva familia, disfrutando de la calidez y el amor que la rodeaban. Nikos y Elena compartían miradas cómplices, emocionados por el futuro que les esperaba con su nuevo bebé.
Marina Isabella y Alex se tomaron de la mano, sintiendo el apoyo de su familia. Sabían que su amor enfrentaría desafíos, pero estaban decididos a enfrentarlos juntos. “Estamos en esto juntos,” susurró Alex, apretando la mano de Marina Isabella. Ella asintió, sintiendo una oleada de amor y determinación.
Esa noche, Alexandros se sentó en la cubierta del Isabella Dream’s, mirando las estrellas y pensando en Isabella. La brisa marina acariciaba su rostro, trayendo consigo el aroma salado del mar y el susurro de las olas. Decidió que al amanecer la buscaría una vez más en todos los lugares posibles de la isla, especialmente donde compartieron los momentos más importantes y sublimes de su relación. Con esa determinación en mente, se permitió un momento de descanso, sabiendo que el día siguiente sería crucial.
Al amanecer, Alexandros se levantó con una nueva determinación. El sol apenas comenzaba a asomarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados. Se dirigió a los lugares que habían sido testigos de su amor con Isabella: la pequeña playa escondida donde solían pasear, el café en la plaza del pueblo donde compartieron tantas conversaciones, y el mirador en la colina desde donde contemplaban el mar. Cada lugar estaba impregnado de recuerdos y emociones.
Mientras caminaba por la playa, Alexandros recordó la primera vez que él e Isabella se encontraron allí. La arena suave bajo sus pies y el sonido rítmico de las olas le trajeron una sensación de paz y nostalgia. Se detuvo en el lugar exacto donde habían compartido su primer beso, cerrando los ojos y dejando que los recuerdos lo envolvieran.
En el café de la plaza, Alexandros se sentó en la misma mesa donde solían sentarse juntos. El aroma del café recién hecho y el bullicio de la plaza le recordaron los momentos felices que habían compartido. Miró a su alrededor, esperando ver a Isabella en cualquier momento, pero solo encontró rostros desconocidos y la vida cotidiana del pueblo.
Finalmente, llegó al mirador en la colina. El viento soplaba suavemente, acariciando su rostro mientras contemplaba el vasto océano. Este lugar siempre había sido especial para ellos, un refugio donde podían escapar del mundo y soñar juntos. Alexandros se quedó allí, perdido en sus pensamientos, esperando que el destino los reuniera una vez más.
De vuelta en el Isabella Dream’s, Alexandros, aunque no había encontrado a Isabella, sentía una renovada determinación de seguir adelante. Sabía que el destino tenía sus propios planes y que, tarde o temprano, sus caminos se cruzarían de nuevo.
Al llegar al barco, fue recibido por su tripulación, quienes estaban ansiosos por continuar con las reparaciones. Con un suspiro de determinación, Alexandros se puso manos a la obra, coordinando cada detalle para asegurarse de que el barco estuviera listo para zarpar lo antes posible. Las reparaciones avanzaban a buen ritmo, y cada día que pasaba, el Isabella Dream’s recuperaba su antigua gloria.