El amanecer llegó con un suave resplandor sobre las olas del mar. Alexandros, con el corazón cargado de preocupación, se dirigió a la habitación donde se encontraba Isabella en la villa familiar. Necesitaba hablar con ella, necesitaba un respiro lejos del dolor y la tensión que envolvía a Marina Isabella. Isabella lo recibió con una sonrisa comprensiva, notando la desesperación en sus ojos. Alexandros tomó aire profundamente, intentando encontrar las palabras adecuadas. "Isabella, necesito pedirte algo," comenzó Alexandros, con la voz entrecortada por la emoción. "Necesito un par de días lejos, solo en el mar. No puedo seguir viendo a Marina Isabella tan mal. Me está destrozando por dentro." Isabella lo miró con preocupación. "¿Por qué, Alexandros? ¿Qué es lo que te está afectando tanto

