Esa noche, Alexandros apenas pudo dormir. Las palabras de Dimitrios resonaban en su mente, y la imagen de las pequeñas Eleni y Sofia no lo dejaba en paz. Sentía una mezcla de preocupación y determinación, sabiendo que debía actuar. Al amanecer, tomó una decisión. Necesitaba ver a Dimitrios y conocer a sus hijas. Quería entender completamente la situación antes de tomar cualquier acción.
Antes de partir, Alexandros sabía que debía hablar con Isabella y su hija, así como con Elena y Nikos, para asegurarse de que todo estuviera en orden durante su ausencia. No quería dejar ningún cabo suelto, especialmente en un momento tan crucial.
A primera hora de la mañana, se dirigió a la casa de Isabella. Al llegar, la encontró en la cocina, preparando el desayuno. La luz del sol entraba por la ventana, iluminando su rostro y haciéndola ver aún más hermosa. El aroma del café recién hecho y el sonido suave de la sartén en el fuego llenaban la cocina, creando una atmósfera cálida y acogedora. Alexandros se acercó y la abrazó por detrás, apoyando su cabeza en su hombro, sintiendo la calidez de su cuerpo y el consuelo de su presencia.
“Buenos días, mi amor hermosa,” susurró Alexandros, besando suavemente su cuello. Sentía que este pequeño gesto de cariño le daba la fuerza necesaria para enfrentar lo que venía.
Isabella sonrió y se giró para mirarlo. “Buenos días, cariño. ¿Qué te tiene tan pensativo?” preguntó, notando la preocupación en sus ojos.
Alexandros tomó sus manos y la guió hacia la mesa. “Isabella, necesito hablar contigo sobre algo importante. Hace un mes, durante las reparaciones del barco, descubrimos daños ocultos que no estaban relacionados con la tormenta que nos trajo a la isla. Estos daños habían estado acumulándose durante al menos un año.”
Isabella lo miró con preocupación. “¿Qué significa eso, Alexandros?” preguntó, sintiendo un nudo en el estómago.
“En conjunto con el ingeniero jefe Stanly Nikolaidis y el ingeniero electricista del astillero, Javier Kalaris, encontramos estos daños. Elena, por su parte, tenía documentos y facturas que había archivado sobre las inspecciones y reparaciones del barco, las cuales evidentemente habían sido alteradas a la luz de los hallazgos físicos. Javier y yo realizamos una denuncia ante las autoridades portuarias para su investigación. Anoche, Javier se reunió conmigo y me entregó unos folders hallados ayer en el casco del barco. Estos documentos son las pruebas fehacientes de la culpabilidad del estafador, Dimitrios Petrou. También había otro folder dirigido a mí, y en él encontré esta carta,” dijo Alexandros, entregándole la carta de Dimitrios.
Isabella leyó la carta con atención, sus ojos llenándose de lágrimas. “Alexandros, esto es horrible y desgarrador. Entiendo que debes hacer justicia, pero también comprendo la desesperación de un padre. Creo que lo mejor es que vayas a Atenas y hables con Dimitrios en persona. Necesitas investigar bien para tomar una decisión lo más ecuánime posible. Yo, como madre, sé que haría cualquier cosa por nuestra hija, y sé que tú también, amor.”
Alexandros asintió, sintiendo una profunda conexión con Isabella. “Tienes razón. No puedo ignorar esto. ¿Vendrías conmigo a Atenas?”
“Por supuesto, no quiero separarme de ti. Además, nuestra hija y Alex pueden venir también. Pueden aprovechar para que Marina conozca la ciudad, pues después de mi divorcio con Nikos yo me establecí en Verona, Italia y mientras nosotros resolvemos esto,” respondió Isabella, con determinación.
Más tarde, Alexandros se reunió con Elena y Nikos en el astillero. “Necesito que se encarguen de supervisar las reparaciones del Isabella Dream’s mientras estamos en Atenas. Elena, sé que estás embarazada, pero confío en tu capacidad para manejar al personal. Nikos, necesito que te asegures de que todo funcione sin problemas en la cocina y que el equipo esté bien alimentado.”
Elena asintió, con determinación en su mirada. “No te preocupes, Capitán. Nos encargaremos de todo aquí. Además, tengo a Nikos para ayudarme, y el equipo es muy competente.”
Nikos también asintió, con una sonrisa. “Cuenta con nosotros, Alexandros. Todo estará en orden.”
Con todo arreglado, Alexandros, Isabella, su hija y Alex se prepararon para su viaje a Atenas. Tomaron un coche desde Stavros hasta el aeropuerto internacional de Chania. Desde allí, tomaron un vuelo hacia Atenas. Durante el vuelo, Alexandros no podía dejar de pensar en lo que les esperaba. Miraba a Isabella y a su hija, sintiendo una mezcla de amor y responsabilidad.
Al llegar a Atenas, se dirigieron al hospital donde las gemelas estaban recibiendo tratamiento. Al llegar, vieron a Dimitrios sentado en la sala de espera, con el rostro cansado y preocupado. Al verlos, Dimitrios se levantó y se acercó a ellos con una mezcla de alivio y ansiedad en sus ojos.
“Hola, señora. Buenos días,” dijo Dimitrios, con un tono formal y respetuoso.
Isabella sonrió y extendió su mano. “Buenos días, soy Isabella Di Stephen Rossi, esposa de Alexandros. Es un placer conocerte, Dimitrios.”
Dimitrios asintió, sintiendo un poco de alivio al ver la amabilidad en los ojos de Isabella. “Gracias por venir,” dijo, su voz temblando ligeramente. “No sé cómo agradecerles lo suficiente.”
Alexandros asintió, tratando de mantener la calma. “Estamos aquí para entender la situación y ver cómo podemos ayudar. Pero primero, necesito saber todo lo que ha pasado.”
Dimitrios los guió a una pequeña sala de reuniones dentro del hospital. Allí, les contó todo sobre los problemas financieros que había enfrentado, las decisiones desesperadas que había tomado y cómo había terminado involucrado en el fraude. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras hablaba de sus hijas y de su lucha por mantenerlas a salvo. Isabella notó una marca de nacimiento en el cuello de Dimitrios, una pequeña mancha en forma de media luna que le recordó a su propia hija, Marina.
Isabella escuchó con atención, sintiendo una mezcla de compasión y tristeza. “Dimitrios, entiendo tu desesperación, pero lo que hiciste fue muy grave. Sin embargo, también entiendo que estabas tratando de proteger a tus hijas. Necesitamos encontrar una solución que haga justicia, pero que también considere tu situación.”
Alexandros asintió. “Isabella tiene razón. No podemos ignorar lo que hiciste, pero también debemos considerar las circunstancias. Vamos a hablar con las autoridades y ver qué opciones tenemos.”
Después de la conversación, Dimitrios los llevó a conocer a sus hijas. Eleni y Sofia estaban en una sala de juegos del hospital, rodeadas de juguetes y libros. Las niñas, a pesar de su situación, mostraban una alegría contagiosa. Marina se unió a ellas, y pronto las tres niñas estaban jugando juntas, riendo y compartiendo historias.
Isabella observó a las niñas y notó que ambas tenían el mismo lunar en el cuello que Dimitrios. Esto confirmó sus sospechas sobre la conexión familiar. Se apartó un poco y le hizo señas a Dimitrios para que salieran de la habitación. Una vez fuera, le preguntó en voz baja, “Dimitrios, ¿conoces el origen de esa marca de nacimiento?”
Dimitrios la miró con sorpresa y luego asintió lentamente. “Sí, es una marca que herede de mi padre biológico y ha estado en mi familia por generaciones supongo. ¿Por qué lo preguntas?”
Isabella sintió un escalofrío recorrer su espalda. “Porque esa marca es un sello inequívoco de los lazos familiares y también está en mi familia. Creo que hay más en esta historia de lo que imaginamos.”
La conversación dejó a ambos con muchas preguntas y la certeza de que había más por descubrir.
Más tarde, Alexandros e Isabella tuvieron una segunda conversación con Dimitrios. “Hemos decidido que lo mejor es que cooperes plenamente con la investigación,” dijo Alexandros. “Pero también vamos a asegurarnos de que tus hijas estén bien cuidadas. Isabella y yo nos encargaremos de ellas mientras tú resuelves tus problemas legales.”
Dimitrios asintió, con lágrimas en los ojos. “Gracias, Alexandros. No sé cómo podré pagarles por esto.”
“No necesitas pagar nada,” respondió Isabella. “Lo hacemos porque es lo correcto. Y porque entendemos lo que significa ser padres.”
Alexandros, por su parte, decidió en su corazón que no podía hacer nada en contra de Dimitrios. Como hombre y como padre, no podía lastimar más a una familia que ya enfrentaba una situación tan terrible. Sentía que debía actuar con compasión y humanidad, entendiendo que todos merecían una segunda oportunidad. Aunque sabía que la justicia debía seguir su curso, decidió que no presionaría más allá de lo necesario.
Mientras tanto, Marina, Isabella y Alex se dirigieron a un hotel para organizar el hospedaje y luego recorrieron algunos centros comerciales. Marina estaba emocionada por la aventura, mientras que Alex se encargaba de los detalles logísticos. Se encontraron con Alexandros e Isabella en la tarde-noche para cenar juntos y compartir sus experiencias del día.
Se encontraron en un restaurante acogedor, con vistas a la Acrópolis iluminada. La cena fue una mezcla de sabores griegos tradicionales, y la conversación fluyó fácilmente mientras compartían sus experiencias del día. Marina no podía evitar sentirse emocionada por estar en Atenas. Aunque el motivo del viaje era serio, estaba agradecida por la oportunidad de conocer la ciudad y pasar tiempo con su familia. La Acrópolis iluminada era un espectáculo impresionante, y la atmósfera del restaurante era cálida y acogedora.
Durante la cena, Alexandros e Isabella compartieron detalles sobre su día y las conversaciones que habían tenido con Dimitrios. Marina escuchaba atentamente, comprendiendo la gravedad de la situación pero también sintiendo una profunda admiración por la compasión y la humanidad de sus padres.
“Papá, mamá, estoy orgullosa de ustedes,” dijo Marina, con una sonrisa. “Sé que esto no es fácil, pero están haciendo lo correcto.”
Alexandros sonrió y tomó la mano de su hija. “Gracias, Marina. Estamos tratando de hacer lo mejor para todos.”
Isabella asintió, sintiendo una mezcla de orgullo y amor por su familia. “Es un momento difícil, pero juntos podemos superarlo.”
Después de la cena, decidieron dar un paseo por las calles de Atenas. La ciudad estaba llena de vida, con luces brillantes y el bullicio de la gente disfrutando de la noche. Marina se maravillaba con la arquitectura antigua y los monumentos históricos, sintiendo una conexión profunda con la historia y la cultura de la ciudad.
Al regresar al hotel, Marina se despidió de sus padres y se dirigió a su habitación con Alex. Alexandros e Isabella se quedaron un momento en el vestíbulo, disfrutando de la tranquilidad de la noche.
“Gracias por estar a mi lado en todo esto,” dijo Alexandros, abrazando a Isabella. “No sé qué haría sin ti.”
Isabella sonrió y lo besó suavemente. “Siempre estaré contigo, Alexandros. Juntos podemos enfrentar cualquier cosa.”
Con esa certeza, se dirigieron a su habitación, listos para enfrentar lo que el futuro les deparara. Sabían que aún había mucho por descubrir y resolver, pero estaban dispuestos a hacerlo juntos, con amor y determinación.