Las reparaciones del Isabella Dream’s estaban casi completas. Alexandros había trabajado incansablemente, supervisando cada detalle y asegurándose de que todo estuviera en perfecto estado. Sin embargo, su mente no dejaba de pensar en Isabella. Cada día que pasaba sin verla aumentaba su anhelo y su esperanza de reencontrarse con ella.
En la villa, Valentina seguía lidiando con la noticia del accidente de su padre y su abuelo. Aunque el dolor era inmenso, la presencia de Isabella y Marina Isabella le daba fuerzas para seguir adelante. Un día, mientras conversaban en el jardín, Valentina decidió hablar sobre sus sentimientos.
“Tía Isabella, Marina, he estado pensando mucho en mi padre. No sé si debería seguir esperando noticias o aceptar que tal vez nunca lo encontrarán,” dijo Valentina, con lágrimas rodando por sus mejillas.
Isabella la abrazó con ternura. “Es una decisión difícil, Valentina. Pero recuerda que no estás sola. Estamos aquí para apoyarte en lo que decidas.”
Marina Isabella asintió. “Sí, Valentina. Lo que sea que decidas, estaremos contigo.”
Una tarde, mientras Isabella revisaba unos documentos en la sala, recibió una llamada de las autoridades de Atenas. Su rostro se tensó al escuchar las noticias.
“Isabella, hemos encontrado a dos personas en muy malas condiciones de salud cerca del lugar del accidente. No estamos seguros de que alguno sea su hermano, pero es posible. Necesitamos que viajes a Atenas para identificarlos,” dijo la voz al otro lado de la línea.
Isabella sintió una mezcla de esperanza y preocupación. “Gracias por informarme. Haré los arreglos necesarios para viajar a Atenas de inmediato.”
Colgó el teléfono y se dirigió al jardín, donde Valentina y Marina Isabella estaban conversando. “Valentina, acabo de recibir noticias de las autoridades. Han encontrado a dos personas cerca del lugar del accidente. No están seguros de quiénes son, pero es posible que alguno sea tu padre. Necesito viajar a Atenas para identificarlos.”
Valentina sintió una oleada de emociones encontradas. La esperanza de que su padre pudiera estar vivo se mezclaba con el miedo a lo desconocido. Sin embargo, decidió que, pase lo que pase, antes debía rendirle un homenaje a su abuelo, cuyo cuerpo había sido encontrado antes de que su tía viajara a Stavros hace casi dos meses.
“Tía Isabella, me gustaría organizar una pequeña ceremonia para honrar la memoria de mi abuelo. No teníamos una relación muy estrecha, pero viví con él desde niña y quiero despedirme adecuadamente,” dijo Valentina.
Isabella asintió con comprensión. “Me parece una idea hermosa, Valentina. Te ayudaré a organizarlo.”
Días después, la familia y amigos cercanos se reunieron en el jardín de la villa. Valentina habló con el corazón, recordando momentos significativos con su abuelo y agradeciendo su presencia en su vida. Fue un momento de sanación y cierre para todos.
Mientras tanto, Alexandros compartía momentos significativos con Nikos y Elena en el hostal. Elena, quien ha viajado con él durante los últimos 8 años como su jefe de personal, le brindaba apoyo y compañía.
Alexandros se sentó en la terraza del hostal, disfrutando de una taza de café mientras observaba el atardecer. A su lado, Nikos y Elena, sus amigos y compañeros de viaje, conversaban animadamente.
“¿Recuerdas aquella vez que uní a ustedes y navegamos hasta Mykonos y casi perdemos el bote de paseo?” dijo Nikos, riendo.
Alexandros sonrió, sintiendo una calidez en su corazón. “Sí, cómo olvidarlo. Fue una de nuestras mejores aventuras.”
Elena asintió. “Y ahora, estamos aquí, esperando que el Isabella Dream’s vuelva a surcar los mares. Pero mientras tanto, tenemos estos momentos juntos.”
Alexandros se sintió agradecido por la compañía de sus amigos. Aunque su mente seguía pensando en Isabella, estos momentos le daban fuerzas para seguir adelante.
Un día, mientras caminaba por la isla, Alexandros recordó un lugar especial donde solía encontrarse con Isabella y veces se dejaban notas en una pequeña caja. Al llegar, buscó entre los árboles y las rocas y la encontró escondida entre las rocas. La abrió con manos temblorosas y descubrió varias cartas y notas.
“Alexandros, te extraño cada día más. He estado en la isla, esperando encontrarte siempre en el mismo mes en el que nos conocimos. Sabes de nuestro amor nació una niña su nombre es Marina tiene ya hoy 10 años y así como yo, ella te necesita,” decía una de las cartas.
Alexandros sintió una oleada de esperanza y amor. Sabía que Isabella estaba cerca y que su amor por él seguía siendo tan fuerte como siempre. Las pistas sobre su hija le dieron una nueva razón para seguir adelante.
Mientras tanto, en la villa, Isabella también lidiaba con sus propios anhelos y esperanzas. Un día, mientras organizaba algunos documentos antiguos, encontró una caja que no había visto en años. La abrió con curiosidad y descubrió un montón de cartas.
Cada carta estaba dirigida a ella, con la dirección de Italia que había dejado a Alexandros hace más de 20 años. Al parecer, las personas que ahora residían en esa dirección habían enviado las cartas a Stavros.
Isabella comenzó a leer las cartas, una por una. Cada palabra escrita por Alexandros estaba llena de amor y añoranza. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas mientras leía sobre los sentimientos que él había guardado durante todos esos años.
“Isabella, te extraño cada día más. No pasa un solo día sin que piense en ti y en lo que podríamos haber sido. Espero que algún día podamos reencontrarnos y vivir el amor que siempre hemos soñado,” decía una de las cartas.
Isabella sintió una mezcla de tristeza y esperanza. Saber que Alexandros había pensado en ella durante todos esos años le daba fuerzas para seguir adelante. Las cartas eran una prueba de que su amor seguía vivo, a pesar del tiempo y la distancia.
**El viaje a Atenas fue agotador emocionalmente. Valentina decidió acompañar a Isabella, y Theo insistió en ir con ellos para brindar apoyo. Marina Isabella y Alex también se unieron al viaje. Durante el vuelo, Theo tomó la mano de Valentina y le susurró: “No estás sola en esto. Estoy aquí para ti, siempre.”
Valentina sintió una calidez en su corazón. Theo no era solo su novio; él era su destino, como le había dicho hace unos días atrás. Su presencia le daba fuerzas para enfrentar lo que venía.**
Al llegar a Atenas, fueron recibidos por las autoridades que los llevaron al hospital. El ambiente era tenso y el aire estaba cargado de incertidumbre. Las luces fluorescentes del hospital parpadeaban ligeramente, y el olor a desinfectante llenaba el aire. Isabella y Valentina se prepararon para lo peor, pero también mantenían una chispa de esperanza.
Primero, las llevaron a una habitación donde yacía un hombre en una cama. Valentina lo reconoció de inmediato como el copiloto de la avioneta. Su rostro estaba cubierto de vendajes y su respiración era débil. Valentina sintió un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a brotar.
“No es mi padre,” dijo Valentina, sollozando. “Es el copiloto Diego Kouris.”
Isabella la abrazó con fuerza, tratando de consolarla. “Sé que es muy difícil, Valentina. Pero debemos ser fuertes. Aún queda otra habitación por ver.”
Valentina negó con la cabeza, temblando. “No puedo, tía Isabella. No puedo soportar más.”
Theo se acercó y tomó la mano de Valentina. “Valentina, sé que esto es difícil, pero no estás sola. Estoy aquí contigo. Vamos a enfrentar esto juntos.”
Valentina miró a Theo a los ojos y vio la sinceridad y el amor en su mirada. Asintió lentamente y se dejó guiar hacia la segunda habitación.
Al entrar, vieron a un hombre en la cama, con la mirada perdida en el techo. Valentina se acercó lentamente, su corazón latiendo con fuerza. Cuando el hombre giró la cabeza y sus ojos se encontraron, Valentina supo que era su padre.
“Papá,” susurró, con lágrimas en los ojos.
El hombre la miró sin reconocerla. “¿Quién eres?” preguntó con voz débil.
Valentina sintió como si el suelo se desmoronara bajo sus pies. “Soy yo, Valentina, tu hija.”
Isabella se acercó y tomó la mano del hombre. “Soy Isabella, tu hermana. Estamos aquí para llevarte a casa.”
El hombre frunció el ceño, tratando de recordar. “No… no recuerdo nada. ¿Cómo me llamo?”
Isabella y Valentina se miraron con preocupación. La amnesia de su padre era un nuevo desafío que tendrían que enfrentar. Pero sabían que, con el apoyo de Theo, Marina Isabella y Alex, podrían superar cualquier obstáculo.
Alexandros se sentía más cerca de Isabella con cada carta que leía. Había encontrado un total de 38 cartas, dos por cada año durante 19 años. Sentado en la terraza del hostal, Alexandros sostenía una de las cartas en sus manos. La leía una y otra vez, sintiendo el amor y la añoranza en cada palabra escrita por Isabella. Sabía que, a pesar del tiempo y la distancia, su amor seguía vivo y fuerte.
“Mi Señor del Mar, te extraño cada día. Hoy, cuando se cumplen 15 años de tu partida, no pasa un solo día sin que piense en ti y en lo que podríamos haber sido. Espero que algún día podamos reencontrarnos y vivir el amor que siempre hemos soñado,” decía una de las cartas.
Alexandros cerró los ojos y dejó que las palabras de Isabella llenaran su corazón. Sabía que aún había desafíos por delante, pero estaba listo para enfrentarlos, con la fuerza de su amor y la verdad de sus corazones.