Gabriel había pasado otra noche de insomnio, atormentado por sus propias emociones y recuerdos. Observó a Vanessa durmiendo en la poltrona cercana, su postura incómoda y el cansancio evidente en su rostro. Había pasado demasiado tiempo reprimiendo sus sentimientos y dejándose llevar por la amargura. Esta noche, sin embargo, algo cambió dentro de él.
"Vanessa," susurró con voz ronca.
Vanessa se despertó lentamente, sus ojos violetas llenos de sueño. "¿Sí, Gabriel? ¿Qué pasa?"
Gabriel dudó por un momento, pero luego, con una mezcla de determinación y vulnerabilidad, le dijo: "No me gusta verte dormir en la poltrona. Ven y comparte la cama conmigo. No quiero que estés incómoda."
Vanessa parpadeó, sorprendida por la solicitud. "Gabriel, ¿estás seguro? No quiero causarte molestias."
Gabriel asintió lentamente. "Sí, estoy seguro. Por favor, ven."
Vanessa se levantó y se acercó a la cama, observando a Gabriel con ternura. Se acomodó a su lado, sintiendo la calidez de su cuerpo cerca del suyo. Aunque estaban en lados opuestos de la cama, la proximidad era reconfortante.
La noche avanzó lentamente, y Vanessa sintió que el peso de las preocupaciones de Gabriel se deslizaba hacia ella. Podía sentir su tensión y su lucha interna. Finalmente, rompió el silencio.
"Gabriel, sé que esto es difícil para ti. Quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte. No tienes que cargar con todo tú solo."
Gabriel la miró, sus ojos llenos de una mezcla de gratitud y dolor. "Vanessa, no entiendo por qué te quedas conmigo. He sido horrible contigo."
Vanessa sonrió suavemente. "Gabriel, todos tenemos nuestras luchas. Tú has pasado por mucho, y aunque ha sido difícil, veo más allá de tu amargura. Veo al hombre que eras antes del accidente, y al hombre que puedes volver a ser."
Gabriel cerró los ojos, dejando que las palabras de Vanessa lo consuelen. Durante años, había construido muros a su alrededor, pero ahora, con ella a su lado, sentía que esos muros comenzaban a desmoronarse.
"Gracias, Vanessa," susurró finalmente. "Gracias por no rendirte conmigo."
Vanessa acarició suavemente su brazo. "Siempre estaré aquí para ti, Gabriel. No estás solo."
La noche pasó con ambos compartiendo historias y pensamientos, sus corazones acercándose cada vez más. Aunque la sombra del accidente aún pesaba sobre Gabriel, por primera vez en mucho tiempo, sentía una chispa de esperanza. Con Vanessa a su lado, quizás, solo quizás, podría encontrar la fuerza para superar sus demonios internos.
Mientras la noche avanzaba, Gabriel sintió una oleada de emociones que no había experimentado en mucho tiempo. Vanessa, con su ternura y comprensión, había logrado penetrar las barreras que él había erigido con tanto cuidado. Mirándola a los ojos, se dio cuenta de cuánto significaba para él tenerla a su lado.
Sin decir una palabra más, Gabriel se inclinó hacia Vanessa y, con esfuerzo, extendió sus brazos hacia ella. Vanessa, sorprendida pero emocionada, se acercó y lo abrazó suavemente. Fue un abrazo lleno de promesas no dichas y emociones contenidas.
Gabriel la sostuvo con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Era un gesto de vulnerabilidad, pero también de aceptación y esperanza. Durante ese abrazo, las paredes de su amargura y dolor comenzaron a ceder, dejando paso a una conexión más profunda y sincera.
"Gracias, Vanessa," murmuró Gabriel contra su cabello. "Gracias por no rendirte conmigo."
Vanessa apretó el abrazo, susurrando suavemente. "Siempre estaré aquí para ti, Gabriel. Juntos podemos superar cualquier cosa."
El abrazo duró unos momentos más, y finalmente, cuando se separaron, ambos sintieron una nueva cercanía. Gabriel se recostó de nuevo en la cama, su cuerpo relajado por primera vez en mucho tiempo. Vanessa se acomodó a su lado, sintiendo una mezcla de paz y determinación.
La mañana llegó con una sensación de renovada esperanza. Gabriel y Vanessa se levantaron juntos, compartiendo una tranquilidad que antes les había sido esquiva. Thomas, el mayordomo, notó el cambio en el aire y les sirvió el desayuno con una sonrisa más cálida de lo habitual.
"Buenos días, señor, señorita," dijo Thomas, colocando los platos en la mesa. "Espero que hayan descansado bien."
Gabriel asintió, una leve sonrisa curvando sus labios. "Sí, Thomas. Hoy es un nuevo día."
Vanessa sonrió a Gabriel, sintiendo que finalmente estaban avanzando hacia una nueva etapa en su relación. Desayunaron juntos, conversando sobre los planes del día y las investigaciones de Vanessa sobre posibles tratamientos para Gabriel.
Más tarde, Gabriel acompañó a Vanessa a la universidad, esta vez sin la tensión del día anterior. Aunque sus celos y preocupaciones aún no se habían disipado por completo, decidió confiar en Vanessa y en su compromiso mutuo.
Sin embargo, al llegar, fueron recibidos por un grupo de estudiantes y profesores curiosos. La noticia de la visita anterior de Gabriel se había extendido, y todos estaban ansiosos por ver la dinámica entre ellos.
Vanessa, decidida a no dejar que las miradas y los comentarios afectaran su relación, caminó al lado de Gabriel con la cabeza en alto. Sabía que la confianza y la comunicación serían claves para superar cualquier obstáculo.
Al final del día, cuando regresaron a la mansión, Vanessa y Gabriel se dieron cuenta de que, aunque el camino por delante sería difícil, juntos podían enfrentarlo. La noche anterior había marcado un nuevo comienzo para ambos, y con cada paso, se acercaban más a la posibilidad de una vida plena y feliz, superando las sombras del pasado.
Gabriel observó a Vanessa mientras ella continuaba su investigación, decidido a apoyarla en su búsqueda de un tratamiento. Aunque la incertidumbre y el miedo aún estaban presentes, por primera vez en mucho tiempo, Gabriel sintió que no estaba solo en su lucha. Con Vanessa a su lado, estaba dispuesto a enfrentar cualquier desafío que se les presentara.
La relación entre Vanessa y Gabriel seguía evolucionando, y aunque había momentos de paz y comprensión, también enfrentaban desafíos constantes. Uno de estos desafíos venía en forma de Isabella, la hermana de Gabriel.
Isabella siempre había sentido un profundo resentimiento hacia Gabriel, especialmente después del accidente. La atención y el cuidado que Gabriel recibía de Vanessa solo intensificaban su envidia. Para Isabella, Vanessa representaba todo lo que ella no podía tener: juventud, belleza y, aparentemente, el afecto de su hermano.
Una tarde, mientras Vanessa estaba en la biblioteca de la mansión investigando tratamientos para Gabriel, Isabella entró sin previo aviso. La mirada en su rostro era fría y calculadora.
"¿Cómo va la investigación, Vanessa?" preguntó Isabella con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
Vanessa, siempre educada, levantó la vista y le sonrió. "Va bien, Isabella. Estoy encontrando información útil que podría ayudar a Gabriel."
Isabella se acercó, fingiendo interés mientras examinaba los libros esparcidos sobre la mesa. "Es fascinante cómo alguien como tú, con tu... pasado, puede ser tan dedicada y estudiosa."
Vanessa sintió el veneno en sus palabras, pero decidió no darle importancia. "Todos tenemos un pasado, Isabella. Lo importante es lo que hacemos con nuestro presente y futuro."
Isabella se rió suavemente. "Eso es cierto. Aunque, debo admitir, nunca pensé que mi hermano se fijaría en alguien como tú. Pero claro, eres bastante hermosa, incluso con tu origen."
Vanessa se mantuvo firme, sin dejar que las palabras de Isabella la afectaran visiblemente. "Gabriel y yo hemos encontrado algo especial el uno en el otro, Isabella. Y mi origen no define quién soy ni lo que puedo lograr."
Isabella levantó una ceja, impresionada pero sin querer mostrarlo. "Veremos cuánto dura eso. Mi hermano puede ser difícil, como bien sabes."
Vanessa asintió. "Sí, lo sé. Pero estoy aquí para quedarme, y nada ni nadie cambiará eso."
Esa noche, mientras cenaban, Isabella continuó con sus insinuaciones, esta vez delante de Gabriel. "Es realmente impresionante cómo Vanessa ha sabido adaptarse a nuestra familia. Con su belleza y talento, ha logrado mucho. Quién lo diría."
Gabriel la miró fijamente, su paciencia al límite. "Isabella, basta de comentarios insidiosos. Vanessa es mi prometida y merece respeto."
Isabella sonrió con suficiencia. "Oh, no me malinterpretes, Gabriel. Solo estaba elogiándola. Después de todo, no todos los días una bailarina de cabaret se convierte en la prometida de un hombre como tú."
Vanessa apretó los dientes, sintiendo la tensión en el aire. Pero antes de que pudiera responder, Gabriel habló, su voz firme y autoritaria. "Vanessa es más de lo que tú puedas imaginar, Isabella. Y te agradecería que la trataras con el respeto que merece."
Isabella bajó la mirada, su resentimiento evidente. "Como desees, Gabriel. Solo espero que ella sea consciente de lo que implica estar contigo."
Más tarde esa noche, mientras Vanessa y Gabriel se preparaban para dormir, él la observó con una mezcla de admiración y tristeza. "Lamento lo de Isabella. Ella siempre ha sido difícil."
Vanessa sonrió suavemente, acariciando su rostro. "No te preocupes, Gabriel. Sé que su actitud viene de un lugar de dolor y envidia. No dejaré que me afecte."
Gabriel asintió, tomando su mano. "Eres más fuerte de lo que pensaba, Vanessa. Gracias por estar a mi lado."
Vanessa se inclinó y lo besó suavemente. "Siempre estaré aquí, Gabriel. Juntos superaremos cualquier cosa."
Con esa promesa compartida, se abrazaron, dejando que la cercanía y el amor les dieran fuerza para enfrentar el futuro, sabiendo que juntos podían superar cualquier desafío.