El ambiente en la mansión de los Rothschild se llenaba de tensión con cada día que pasaba. Isabella, insatisfecha con la presencia de Vanessa y su creciente influencia sobre Gabriel, decidió tomar medidas más drásticas. Aprovechando una oportunidad, invitó a la ex prometida de Gabriel, Lucía Belmont, a la mansión.
Lucía había sido la prometida de Gabriel antes del accidente. Una mujer de elegancia y belleza indiscutible, proveniente de una familia de alta sociedad, que había dejado a Gabriel después de que él quedara paralizado. El anuncio de su visita fue una sorpresa para todos, especialmente para Gabriel.
Una tarde, mientras Vanessa estudiaba en la biblioteca y Gabriel estaba en su despacho, el sonido de la puerta principal resonó por toda la mansión. Isabella, con una sonrisa satisfecha, se adelantó para recibir a Lucía.
"¡Lucía! Qué alegría verte," exclamó Isabella, abrazándola con efusividad. "Gracias por aceptar mi invitación."
Lucía sonrió, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de curiosidad y desdén. "No podía rechazar una invitación de mi antigua familia. Además, estaba intrigada por conocer a la nueva prometida de Gabriel."
Vanessa, escuchando las voces desde la biblioteca, se acercó al vestíbulo justo cuando Gabriel llegaba en su silla de ruedas. Al ver a Lucía, Gabriel sintió un nudo en el estómago. Sus recuerdos de ella eran una mezcla de amor pasado y traición.
"Lucía," dijo Gabriel con frialdad. "No esperaba verte aquí."
Lucía sonrió, su mirada fija en él. "Gabriel, ha pasado mucho tiempo. Isabella me invitó y pensé que sería bueno ver cómo estabas."
Gabriel asintió brevemente, su rostro tenso. "Vanessa, ella es Lucía Belmont. Lucía, esta es Vanessa, mi prometida."
Lucía evaluó a Vanessa con una mirada calculadora. "Encantada de conocerte, Vanessa. He oído muchas cosas sobre ti."
Vanessa, sin inmutarse, respondió con calma. "Igualmente, Lucía. Espero que disfrutes tu visita."
La cena esa noche estuvo cargada de tensión. Isabella, disfrutando del malestar general, se aseguró de que Lucía estuviera sentada junto a Gabriel, mientras Vanessa observaba desde el otro extremo de la mesa. La conversación era superficial, pero los comentarios de Lucía eran agudos y bien dirigidos.
"Gabriel, siempre fuiste un hombre de buen gusto," dijo Lucía, observando a Vanessa. "Es evidente que eso no ha cambiado."
Gabriel apretó los dientes, respondiendo con una voz fría. "Vanessa es todo lo que podría desear y más. No tengo ninguna queja."
Vanessa, sintiendo la presión, decidió intervenir. "Lucía, ¿cómo has estado desde que te fuiste? Supongo que has tenido muchos cambios en tu vida."
Lucía sonrió, saboreando la atención. "Oh, sí, la vida ha sido generosa conmigo. Pero siempre me he preguntado cómo estarías, Gabriel. Lamento lo que pasó."
Gabriel la miró con dureza. "Lo pasado, pasado está, Lucía. Ahora, estoy enfocado en el presente y en mi futuro con Vanessa."
Más tarde, después de que Lucía se retirara a su habitación, Vanessa y Gabriel se encontraron en la biblioteca. La tensión era palpable, pero Vanessa decidió enfrentarla directamente.
"Gabriel, sé que fue difícil para ti ver a Lucía. No tienes que enfrentarlo solo."
Gabriel suspiró, frotándose las sienes. "Vanessa, ella representa un capítulo de mi vida que he intentado olvidar. Verla aquí... es como revivir una pesadilla."
Vanessa se acercó y tomó sus manos. "No estás solo, Gabriel. Estoy aquí contigo. Juntos enfrentaremos esto, como hemos hecho con todo lo demás."
Gabriel la miró con gratitud. "Gracias, Vanessa. No sé qué haría sin ti."
Esa noche, aunque la sombra de Lucía aún pendía sobre ellos, Gabriel y Vanessa encontraron consuelo en su mutuo apoyo. Sabían que el camino no sería fácil, pero estaban decididos a enfrentarlo juntos, fortalecidos por su amor y compromiso.
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La mañana siguiente, Isabella y Lucía se encontraron en el jardín, conversando en voz baja.
"Tu llegada ha causado un gran impacto, Lucía," dijo Isabella con una sonrisa maliciosa. "Quizás podamos aprovechar esto a nuestro favor."
Lucía asintió, sus ojos brillando con determinación. "Sí, Isabella. No voy a permitir que Gabriel se quede con alguien como Vanessa. Recuperaré lo que es mío, cueste lo que cueste."
Isabella sonrió, sabiendo que habían encontrado una aliada en su lucha contra Vanessa. Pero lo que no sabían era que, a pesar de sus intrigas, el vínculo entre Gabriel y Vanessa solo se estaba fortaleciendo, preparándolos para enfrentar cualquier desafío que se les presentara.
La presencia de Lucía en la mansión Rothschild no solo había reavivado viejas heridas en Gabriel, sino que también había sembrado semillas de discordia que Isabella cultivaba con esmero. Gabriel, aunque visiblemente afectado, intentaba mantener la compostura por el bien de Vanessa, quien demostraba una entereza admirable ante la situación.
Una mañana, mientras Vanessa se dirigía a la universidad, Lucía aprovechó para acercarse a Gabriel en la sala de estar. Isabella observaba desde la distancia, deleitándose con la tensión que estaba por desatarse.
"Gabriel, ¿podemos hablar?" Lucía preguntó con una voz dulce que no había usado en años.
Gabriel levantó la vista de sus documentos, sus ojos fríos. "Habla rápido, Lucía. No tengo todo el día."
Lucía se sentó a su lado, una leve sonrisa en sus labios. "Gabriel, sé que he cometido errores. Lo que pasó entre nosotros... lo lamento profundamente. Pero he cambiado, y quiero enmendar las cosas."
Gabriel la miró con incredulidad. "¿Enmendar las cosas? ¿Después de que me dejaste en mi peor momento? No hay nada que puedas hacer o decir que cambie eso, Lucía."
Lucía bajó la mirada, tratando de contener las lágrimas. "Gabriel, sé que es difícil de creer, pero todavía me importas. Ver lo que tienes con Vanessa... me hace darme cuenta de lo que perdí."
Gabriel soltó una risa amarga. "Lo que ves con Vanessa es real, Lucía. Algo que tú y yo nunca tuvimos."
Mientras tanto, en la universidad, Vanessa estaba en medio de una clase de periodismo cuando un alboroto en el pasillo llamó su atención. Al salir del aula, se encontró con Gabriel, rodeado por un grupo de estudiantes curiosos y asombrados.
"¿Gabriel? ¿Qué estás haciendo aquí?" preguntó Vanessa, sorprendida.
Gabriel se acercó a ella, ignorando las miradas y susurros a su alrededor. "Tenía que verte, Vanessa. No podía esperar."
Vanessa sonrió, aunque un poco preocupada por la escena que estaban causando. "Vamos a un lugar más privado."
Se dirigieron a una pequeña sala de estudio vacía. Gabriel la miró con intensidad, su voz más suave de lo habitual. "Vanessa, sé que esto es difícil, pero quería asegurarme de que estás bien. Todo lo que está pasando con Lucía y Isabella..."
Vanessa le acarició la mejilla, interrumpiéndolo. "Estoy bien, Gabriel. Podemos superar esto juntos. No dejaremos que nadie nos separe."
Gabriel asintió, sintiendo una oleada de alivio. "Gracias, Vanessa. Necesitaba escucharlo de ti."
De vuelta en la mansión, Lucía y Isabella conspiraban en el jardín.
"Necesitamos un plan más efectivo, Isabella. Gabriel es más obstinado de lo que pensaba," dijo Lucía con frustración.
Isabella sonrió con astucia. "Déjame manejarlo. Conozco a Gabriel mejor que nadie. Ya tengo algo en mente."
Lucía la miró con curiosidad. "¿Qué planeas?"
Isabella se inclinó hacia adelante, susurrando con confianza. "Vamos a usar a Vanessa. Gabriel puede ser terco, pero su debilidad es su necesidad de proteger a los que ama. Si Vanessa se convierte en un problema para él, actuará en consecuencia."
Lucía sonrió, viendo la lógica en el plan de Isabella. "Me gusta cómo piensas. Vamos a ver cómo podemos hacer que eso suceda."
Esa noche, después de que Gabriel y Vanessa se acostaran, Gabriel se quedó despierto, observando a Vanessa mientras dormía. Su mente estaba inquieta, llena de pensamientos oscuros y temores sobre el futuro.
Vanessa, sintiendo su mirada, abrió los ojos lentamente. "¿Qué sucede, Gabriel?"
Él suspiró, pasándose una mano por el cabello. "Solo estoy preocupado. Lucía e Isabella... no puedo confiar en ellas. Y me preocupa que te lastimen."
Vanessa se inclinó hacia él, susurrando suavemente. "No te preocupes por mí. Soy más fuerte de lo que parezco. Juntos, podemos enfrentarlos."
Gabriel la abrazó con fuerza, agradecido por su fortaleza y amor incondicional. Sabía que mientras tuvieran el uno al otro, podrían superar cualquier obstáculo que se les presentara.
Con esa certeza, se durmieron, preparándose para enfrentar las nuevas intrigas y desafíos que el amanecer traería consigo.
La tensión en la mansión Rothschild había llegado a un punto de ebullición. La presencia de Lucía y las intrigas de Isabella estaban afectando a Gabriel más de lo que él estaba dispuesto a admitir. Una mañana, después de una noche particularmente agitada, Gabriel tomó una decisión.
Vanessa estaba en la biblioteca, sumergida en sus estudios de periodismo, cuando escuchó gritos provenientes del vestíbulo. Rápidamente dejó sus libros y corrió hacia la fuente del alboroto.
En el vestíbulo, Gabriel estaba en su silla de ruedas, sus ojos llenos de furia. Frente a él, Lucía trataba de razonar, pero Gabriel no estaba dispuesto a escuchar.
"¡He tenido suficiente de tus juegos, Lucía!" gritó Gabriel, su voz resonando en las paredes. "¡Tú no tienes ningún derecho a estar aquí!"
Lucía, tratando de mantener la compostura, respondió con calma. "Gabriel, por favor, solo quiero hablar."
"¡Hablar! ¿Hablar de qué? ¡Ya me has dicho suficiente!" Gabriel se giró hacia Thomas, que estaba parado cerca, visiblemente incómodo. "Thomas, haz que empaquen todas sus cosas y tíralas a la calle."
Thomas dudó por un momento, mirando a Vanessa en busca de alguna señal. Vanessa asintió levemente, entendiendo que Gabriel necesitaba hacer esto para recuperar algo de control sobre su vida.
Lucía, horrorizada, trató de acercarse a Gabriel. "No puedes hacer esto, Gabriel. Yo soy..."
"¡Tú no eres nada para mí, Lucía!" Gabriel la interrumpió, su voz más fría que nunca. "Perdiste tu oportunidad cuando me dejaste. Ahora, ¡fuera de mi casa!"
Thomas, aunque con pesar, comenzó a dirigir a los sirvientes para empacar las pertenencias de Lucía. Mientras sus cosas eran trasladadas fuera, Lucía intentó una última vez razonar con Gabriel.
"Esto es una locura, Gabriel. Estás cometiendo un error."
Gabriel la miró directamente a los ojos. "El único error fue permitirte volver a entrar en mi vida. Ahora vete antes de que haga algo de lo que me arrepienta."
Lucía, al ver que no había más que hacer, se dio la vuelta y salió de la mansión, su rostro una mezcla de ira y humillación. Isabella observaba desde las sombras, sin poder creer que su plan había fallado tan estrepitosamente.
Una vez que la casa estuvo en silencio, Gabriel se quedó en el vestíbulo, tratando de calmarse. Vanessa se acercó a él, poniendo una mano reconfortante en su hombro.
"Gabriel, sé que fue difícil, pero era necesario," dijo Vanessa suavemente.
Gabriel asintió, su respiración aún agitada. "No puedo permitir que alguien como ella vuelva a entrar en mi vida y causarnos daño. Ya he tenido suficiente."
Vanessa se inclinó y lo abrazó con fuerza. "Estoy aquí para ti, Gabriel. No importa lo que pase, siempre estaremos juntos."
Gabriel la abrazó de vuelta, encontrando consuelo en su presencia. Aunque las sombras del pasado seguían acechando, sabía que con Vanessa a su lado, podría enfrentarse a cualquier desafío.
Más tarde esa noche, mientras Isabella y Julian discutían en voz baja sobre lo sucedido, Vanessa y Gabriel se refugiaron en la seguridad de su habitación. Vanessa, decidida a hacer todo lo posible para ayudar a Gabriel, comenzó a investigar más sobre posibles tratamientos para su condición.
"Voy a encontrar una manera, Gabriel," le dijo mientras él la observaba desde la cama. "Voy a encontrar una solución para que puedas caminar de nuevo."
Gabriel, tocado por su dedicación, solo pudo asentir. "Gracias, Vanessa. Nunca imaginé que encontraría a alguien como tú."
Vanessa sonrió, su determinación inquebrantable. "Juntos, lo lograremos."
Y así, mientras las sombras de la traición y la envidia seguían rondando, Vanessa y Gabriel fortalecieron su vínculo, listos para enfrentar cualquier obstáculo que la vida les arrojara.