CAPÍTULO VEINTIUNO Riley estaba inmóvil. Estaba mirando una puerta abierta, a personas uniformadas entrar y salir. «Deben estar haciendo mucho ruido», pensó. Pero no podía oír nada. Su cerebro parecía no estar respondiendo bien. «Como tantas otras cosas», pensó vagamente. Con mucho esfuerzo, se dio cuenta de que estaba sentada en el borde de su cama en su dormitorio. Las personas que veía estaban entrando y saliendo de su habitación. No se atrevió a mover la cabeza ni los ojos por miedo a lo que podría ver. Se sentía como si su cuerpo estuviera deshabitado, como si no estuviera allí. «¿Dónde estoy?», se preguntó. Si no era aquí en su cuerpo, en su habitación, entonces ¿dónde? Era la sensación más extraña que jamás había sentido. ¿Cierto? Recordó que se había sentido así una sol

