CAPÍTULO 10: ALGUIEN NUEVO

947 Palabras
Estaba por terminar de alistarme e ir a tomar el bus, sin antes volver a revisar si un mensaje de André pudo llegar. Me preocupaba de alguna manera, estaba viéndose últimamente tan vulnerable y refugiándose en el único calmante aparentemente, el alcohol. Al llegar a la facultad, las miradas juiciosas de todos se posan en mí. Creo que era algo que tenía que acostumbrarme con el tiempo. Joice me jala del brazo antes de pasar al salón. —¿Qué pasó ayer con André? —muy desconcertada e intrigada. —Todo el mundo está lanzando versiones desde esa fotografía. —¿De qué fotografía estás hablando? —le dije asustada e intrigada. —Mejor ve a tu casillero y ve por ti misma. Me fui en dirección hacia mi casillero, ahí se encontraba esa fotografía que aparentemente solía decir mucho. Pero al contrario no era lo que todos imaginaban. Acompañada con una grafía de rotulador permanente con cuyas palabras querían destruirme por completo. “Eres una ZORRA” Cuando iba a romperla de furia y deseando gritar fuerte, André me sujeta de la muñeca para quitarme la fotografía. La contempla acompañada de una respiración furiosa, se marcha sin decir ni una sola palabra llevándose la fotografía. No entendía quién pudo tomarnos aquella fotografía en el transcurrir de las 3 am. Al bajar por las escaleras una trancada me recibe desprevenida. Me caigo a 2 peldaños del suelo. De pronto André baja apresuradamente viéndome rápidamente, como si le diera igual yo ahí tirada en el suelo. Como es que de pronto afuera de la facultad era mi salvavidas y aquí dentro era un demonio disfrazado de ángel. Joice se va apresurada a su auto sin ni siquiera dirigirme la vista. Creo que la entendía perfectamente. Toda la facultad creía que era “una zorra”. Quería huir de este lugar y me apresuré a mi paradero, pero cuando casi estaba por lograrlo alguien me empujó haciendo que me cayera y me raspara la rodilla derecha y empezara a sangrar. Un grupo de chicas se asoma, empiezan a tirarme los vasos vacíos de refresco que tenían sobre sus manos.  —No cabe duda de que eres una perra, desde el día que llegaste a esta facultad. Todos sabíamos quien eras, la niña rica, pero ahora la zorra de André. Ada se marcha hace un día y tú buscas usurpar su lugar tan rápido. ¿Quién te crees perra? De pronto alguien grita: —Paren, basta fue suficiente daño. Me sujeta de la mano para levantarme. La rodilla me ardía y dolía, intenté levantarme con la mirada cabizbaja y buscar la mirada gris. Ahí se encontraba la jodida mirada gris. Viendo toda la escena sin ni siquiera salvarme como lo hacía, o es que acaso me estaba volviendo dependiente de una jodida persona como él mismo me dijo. —Sujétate de mi hombro yo te llevaré a casa. Me sujeté de él, hasta poder asimilar todo esto. Me subió a su auto con cuidado, le conduje hacia mi casa mientras llegábamos una pequeña conversación se inició. —¿Por qué no paras con esto de una vez? Te están destruyendo y tú lo estas permitiendo. —Gracias por ayudarme. Creí que todo esto pararía en algún momento y mi vida universitaria se volvería normal, pero quiero en verdad que pare toda esta mierda. —le dije mientras mis lágrimas recorrían por mi sensible rostro. Llegamos a casa, como siempre solo Mason en casa y extrañaba demasiado a papá, quisiera platicarle de toda esta mierda que no logro comprender. —Señorita, ¿está usted bien? —dijo Mason en tono asustado. —Por favor siéntala aquí. —señalando el sillón. El sillón donde una vez curé las heridas de André y ahora me encontraba yo herida. —Yo desinfectaré su herida y la limpiaré, ¿podría traer el botiquín? Mientras desinfectaba mi herida, me dijo: —Vi también la fotografía y créeme que yo sin conocerte pienso lo contrario. Y no necesito que me lo digas. Oh, al menos alguien si pensaba distinto a lo que podía transmitir esa fotografía.  —Y no eres una zorra. —con una media sonrisa en sus pequeños labios. Le interrumpí con una pequeña pregunta. —¿Cómo es que te llamas? —oh, lo siento. Soy César Esteller, de la facultad de medicina humana cuarto ciclo de carrera. —Que grandioso, me pregunto si podré acabar mi carrera sin mucha dificultad. —Yo creo que sí, he visto que sacas las mejores notas de tu ciclo. —Si sigo así podría bajar mi rendimiento académico. —Yo pienso que con todo lo que te está sucediendo algo tiene que ver André William, entonces ¿por qué no busca parar esto? Él tiene la potestad de hacerlo pienso yo. —dijo César con mirada fulminante. —No lo sé, tendrá sus razones. Pero no creo que él podría hacer ese tipo de cosas que podrían herirme de tal manera. —Lo dices tan fácil, como si conocieras más allá que todos nosotros observando. —Dejemos de hablar de esto y de él. Lo cierto es que él no estuvo ahí para salvarme, eso no podría comprender como es que en la facultad era totalmente distinto. Empiezo a concordar con Ada. Hablando de Ada, necesito escribirle y explicarle el malentendido. Cuando César se marchó fui corriendo a abrir mi portátil y escribir un correo a Ada Kreisel. — “La fotografía que sé que pudo llegarte, no es lo que parece, André estaba ebrio y me pidió explicación por tu falta en el concierto” Y terminé con un: — “Debes creerme”  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR