CAPÍTULO 9: EL DEBUT

1771 Palabras
Eran 7:32 am y ahí me encontraba yo, corriendo por los pasillos de la universidad para poder ingresar a clases. Con una respiración profunda acompaño con pequeños golpes la puerta del salón de clases. —Pase señorita, buen día. —con una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios. —Creí que no me dejaría pasar tal vez, odio llegar tarde. — dije en mis pensamientos. Dirigiéndome hacia mi carpeta la mirada burlona de todos me acompaña. —Y ¿Ahora qué les ocurre a estos idiotas? —mascullé tan bajo. La mirada de André se posó en mí, y apoyando su mano sobre sus labios para ocultar una pequeña carcajada. Me señaló su rostro entre el entrecejo. Procedí a tomar mi pequeño espejo que llevo siempre, observando mi reflejo me di cuenta de lo tan despistada que soy. Traía puesto residuos de la mascarilla que me coloqué a medianoche para poder evitar espinillas. Mis coloradas mejillas empezaron a arder debido a la situación vergonzosa. André solo seguía mostrándome una sonrisa diferente a las demás, una que me transmitía inocencia e infantilidad. Ni bien tocaba nuestro break corrí al baño a quitarme los residuos de mascarillas entre mi entrecejo. Joice se asomó ayudando a burlase de la manera más cómica para poder olvidar el mal momento que pasé. Salimos por nuestras bebidas favoritas y mientras hacíamos el pedido un grupo de chicos se me asoma, donde uno de ellos me jaló el cabello. Al darme un medio giro tiré de su bandeja al suelo, nuevamente los ojos de todos los estudiantes estaban sobre mí. Ellos se marcharon y yo continué con Joice nos sentamos en una mesa que daba la visión al parque de la facultad, veía a Ada acompañada de sus amigas y mi mirada buscaba a André, pero no pude hallarlo. Al salir de la facultad con los auriculares puestos, estaba por cruzar la avenida para poder tomar mi bus de regreso a casa. Cuando a lo lejos parezco escuchar una voz masculina gritando mi nombre. De pronto siento unos cálidos y fuertes brazos sujetándome fuertemente de la cintura. Al quitarme los auriculares y chocarme con la mirada penetrante. —Deja de meterte en aprietos niña rica. —recitó de sus suaves y rosados labios. Era otra vez mi ángel, André William. Todos se quedaron paralizados ante la escena, con las miradas fijas en nosotros dos y en una de ellas estaba la mirada azul de Ada. Se quedó observando todo ese momento luego se marchó dejando a un lado todo esto. —Gracias… creo que soy muy tonta. —le dije medio tartamudeando. —No, no lo eres. Solo eres una niña rica encerrándote en tu propia burbuja, el mundo es diferente a como lo estas dibujando. —marchándose para dirigirse hacia su moto. —¿Cómo puedo demostrar al mundo entero que no soy sola una estúpida niña rica? O al menos él ahora piensa eso. Estando en casa abrí mi portátil para poder realizar una bibliografía sobre los malos cuidados ambientales, las consecuencias de ello en la salud humana y animal. Me distrae un correo escrito por Ada Kreisel, quien dice: — “Necesito que vengas a las 5:00pm a mi casa tengo algo que decirte antes de irme.” Llegué al hogar de Ada todo estaba igual que la última vez que estuve aquí, de pronto aparece ella invitándome a subir hacia su habitación. —Toma esto. Necesito que hagas algo esta noche antes de marcharme, creo que así estaré en paz. Lo que me resultó dando era un boleto en la zona vip del concierto de un grupo de rock que decía: “Debut del grupo de rock Black Feelings” —Espera, ¿Por qué me das esto? —respondí intrigada. —Es un boleto como puedes observar, hoy es el debut del grupo de André, hoy era un día muy importante para él con esto se podría definir la trayectoria y futuro del grupo, es una gran oportunidad. —Pero yo decidí no asistir hoy, prefiero que él dé lo mejor en el escenario pensando que yo aún podría estar ahí. Que pensando que mañana me marcharé. —¿Pero qué tiene que ver esto conmigo? —le dije. —Porque vi en la mirada de André que hace mucho no la veía, que reflejaba protección, cariño y angustia entre muchas cosas más. Y eso pude contemplar hoy cuando te salvó de un terrible accidente. Cailin, tú hiciste que despertara todo ese lado de él que creí que había perdido. Esos últimos párrafos hicieron que un escalofrío recorriera mi cuerpo entero. —¿Cariño? ¿André llegaría a sentir cariño por mí? Esa pregunta abundó en toda mi mente. —Solo puedo confiar en ti ahora Cailin, no importa lo que lleguen a ser juntos, pero sé que habrá una mejor historia que contar cuando alguna vez regrese. No lo dejes solo, él puede aparentar muchas cosas, pero él sabe bien que solo más daño le hacen. Ada Kreisel la mejor amiga y novia o ex novia de André conocía tan bien la clase de chico que podía ser. —Mi vuelo sale a las 9:30 pm, que no intente llamarme no regresaré. Me mantendré en contacto contigo por correo y dejaré de lado a André, aunque me duela en el alma, pero es lo mejor para ambos en estos momentos. No le digas nada sobre esto, te deseo lo mejor y espero soluciones todos los problemas en la facultad. Cuando llegué a casa, aún no dejaba de pensar en todo lo que pasó, quien creería que mi vida universitaria tendría luego una etiqueta: problemas y un nombre, André William. Volviendo al pensamiento del debut de André y su grupo, cómo reaccionaría si se diera cuenta al final del concierto que su chica nunca estuvo y estaba rumbo a la subida de un avión. Eran 8:20pm y había terminado de alistarme, llamé a Joice que me llevara, aunque para mi regreso iría sola en taxi tal vez. Al bajar del auto vi una enorme cola de seguidoras supongo entre chicos, antes de empezar hacer mi cola una voz robusta y masculina me interrumpe los pasos para decirme: —¿Usted es uno de los pases vip? —en tono brusco e interrogativo. —Sí, así es. —le dije un poco mascullando. —Muéstreme su boleto por favor. —Claro. Le mostré el boleto y me condujo hacia el estrado. El lugar donde me tocaría estar estaba demasiado cerca del escenario y eso me hacía poner realmente muy tensa. El momento llegó, todo el grupo pasó al escenario en conjunto con sus instrumentos. Y ahí estaba André con ese flequillo al costado muy particular en él, con esa chaqueta de cuero y esos jeans pitillos negros. Todo el público empezó a chiflar, las chicas a gritar de la emoción. Y yo súper nerviosa. Empezaban su debut y los reflectores lo sabían muy bien, mientras que finalizaba la primera canción, André sujetando su guitarra eléctrica fija su mirada en mi palco y se choca con mi mirada. En ese momento mis sentidos perdieron la noción del tiempo y su mirada seguía fija en mí. Así que decidí mostrarle una sonrisa y el acabó de notarlo voltea con una media sonrisa y continúa cantando. No era amante del rock porque en casa no fui acostumbrada a escuchar ese género musical, mi madre me decía que eran solo ruidos y no melodías. Pero me encontraba en ese momento amando cada canción que oía del grupo. “Así que mejor prométeme mentir que todo está bien, aunque te marches” esa frase de la última canción conmovió mi ser, sabía a quién iba dirigido y sabía bien con que ganas podría cantarla. El debut finalizó y ya era hora de ir a casa, veía que las chicas se marchaban satisfechas por el buen debut de Black Feelings. Estaba esperando un taxi un buen rato, no sé porque en ese momento todos llegaban ocupados o me ganaban por tantas personas que asistieron al concierto. Me calmé y seguí esperando. De pronto veo la moto de André acercarse hacia mí. —Sube, te llevo. Accedí y subí junto a él, el olor a alcohol me distrajo de la percepción de todo el trayecto. André tomó incluso sabiendo que tenía un escenario que pisar. Llegamos a casa y se marchó sin despedirse como si estuviera huyendo. Yo no sabía si en verdad lo que hice estuvo bien, pero sé que tampoco estuvo nada mal. El sonido de una notificación fuerte de mensaje me levanta. Eran las 3:15 am cuando recibí su mensaje: — “Necesito verte, estoy afuera de tuj casda” — “Estoy afuera de tu casa” quiso decir tal vez, Espera, ¿Qué?  André estaba afuera de mi casa y necesitaba verme. Lo único que pude atinar, fue salir despacio de mi cuarto e ir en pasos cortos hacia la puerta del jardín e ir a verlo. Veo a André todo desaliñado en un estado ebrio y su moto estacionada a un costado de un árbol. Me acerco hacia él. —¿Qué te pasa? ¿Cómo pudiste manejar así? ¿Estás demente? —Tanto me dices a mi cuídate del mundo y tanta estupidez y mírate no eres nada un orgullo. —Detente niña rica, ella no fue, no contesta ni una llamada ni un solo mensaje. Eso me revolvió el estómago sabía donde estaba ella ahora mismo, pero no podía decirle o mejor dicho sí, pero no quería herirlo más de lo que aparentaba estar. —Pero como por arte de magia estabas tú en el mismo lugar que ella iba a ocupar. En esos momentos me sujetó de los hombros y me acercó hacia él, nuestros rostros estaban demasiado cercanos que podía sentir su respiración y el aliento a puro alcohol y tabaco. Mi piel se erizó ante esas circunstancias. —Como puedes ser tú, tan estúpida a la vez, tan dulce y comprensible conmigo. Le interrumpí y le dije: — Eres mi ángel, pero no un borracho que maneja sin prejuicios. En ese momento me acercó más a él y musitó en mi oído. —Tú, pareces ser mi ángel, maldita enojada niña rica. —mientras sus ojos perdidos veían intranquilamente mis labios. Se alejó un poco y dijo: —Debo irme. —poniéndose el casco y subiendo a su moto. —¡Detente! —le dije —No puedes simplemente manejar así, puedes chocarte. —Que puedo con todo dije. Y se marchó dejándome helada en ese silencio nocturno. 
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