Leonardo marchó en dirección a la mesa principal. La princesa Anabel vio a Octavio en la mesa y pudo comprender lo que sucedía; apresuró el paso y lo detuvo. - ¡Espera un momento príncipe!... Le dijo Anabel, mientras lo sujetaba del brazo. Leonardo se compuso rápidamente al ver a la princesa frente a él. - Príncipe me doy cuenta de lo que sucede, pero no puedes manejarte por impulsos, ¡eres el príncipe de la corona!. Por lo menos, no frente a todos los invitados. - ¡Mucho menos ante tu padre el rey!. - ¡Tienes razón princesa!, ¡pero aún así, no puedo esperar!; necesito por lo menos hablar con uno de los soldados para que lo sigan hasta la mansión, en caso de que suceda algo terrible. - ¡No entiendo!. ¿Acaso la joven que está junto a la señora Juana, es la hija de Octavio?. Preguntó l

