Ana abrió sus ojos que aun estaban muy hinchados, sentía vergüenza porque el príncipe Leonardo la viera en aquella condición. Había planificado toda la semana en cómo presentarse ante él. Pero aquellos planes habían sido totalmente frustrados. El príncipe se quedó con ella un buen rato, mientras su mente divagaba muy lejos de esa habitación; Ana lo observaba, mirando cada rasgo de él, admirando la belleza de la que rebosaba. Eso la apenaba un poco porque, no solo era hermoso sino que también; era un príncipe. Jamás se fijaría en un chica como ella. Pero una pregunta rondo por su cabeza y no dudo en preguntar. - Príncipe!. Dijo ella interrumpiendo sus pensamientos. ¿Porqué me ayuda después de lo que he hecho?. El príncipe esquivo su mirada para luego contestar. - En el reino no acepta

