Sombras del Pasado
El día siguiente al encuentro con Ivanov transcurrió en un ambiente de tensión palpable en la mansión. Alexander había reforzado la seguridad y apenas dejaba que Emma se apartara de su vista. Sin embargo, ese control constante no disminuía el tumulto de pensamientos que la asaltaban. Aunque él había prometido protegerla, Emma sabía que estaba caminando sobre una línea delgada, donde un solo paso en falso podría ser fatal.
Esa tarde, mientras la nieve caía suavemente sobre los jardines, Emma decidió escapar de la sofocante vigilancia y se dirigió a una de las habitaciones menos frecuentadas de la mansión, un pequeño salón con vistas al patio trasero. Necesitaba un momento para pensar, para entender qué estaba haciendo con su vida y hacia dónde la estaban llevando sus decisiones.
Se sentó en un sillón frente a la ventana, abrazándose a sí misma mientras observaba los copos de nieve caer lentamente, cubriendo todo con un manto blanco y silencioso. El silencio de la habitación la envolvía, pero su mente estaba lejos de ser tranquila.
El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos. Al girarse, encontró a Alexander en el umbral, su rostro inexpresivo, pero sus ojos oscuros y llenos de una intensidad que siempre la desarmaba.
—Te he estado buscando —dijo, cerrando la puerta detrás de él y acercándose lentamente a ella.
—Necesitaba un momento a solas —respondió Emma, sin apartar la mirada de la ventana.
Alexander se quedó en silencio por un momento, como si estuviera sopesando sus palabras antes de hablar.
—Lo entiendo, pero no puedo permitirme perderte de vista, Emma. El peligro es real y está más cerca de lo que piensas.
Emma suspiró, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros.
—¿Cuándo terminará esto, Alexander? —preguntó, finalmente volviendo la mirada hacia él—. ¿Cuándo podré dejar de sentirme como si estuviera en una prisión, incluso si es una prisión de lujo?
Alexander se acercó más, inclinándose sobre ella y tomando su rostro entre sus manos.
—Esto es temporal —dijo, su voz firme pero con un matiz de vulnerabilidad—. Pero necesito que entiendas que no puedo arriesgarme a perderte. Lo que pasó ayer con Ivanov fue solo un recordatorio de que en este mundo, cualquier debilidad se paga caro.
Emma lo miró, buscando en sus ojos alguna señal de lo que realmente sentía. Sabía que Alexander era un hombre complejo, moldeado por un mundo de violencia y poder, pero a veces, entre las sombras, podía ver destellos de algo más, algo que tal vez ni él mismo comprendía.
—No soy una debilidad, Alexander —dijo con suavidad, pero con una firmeza que lo hizo parpadear—. Y no soy una prisionera. Si voy a estar contigo, tiene que ser por elección, no porque me mantengas bajo vigilancia constante.
Alexander apartó la mirada, como si las palabras de Emma hubieran tocado una fibra sensible. Se alejó un par de pasos, pasando una mano por su cabello, claramente luchando con algo dentro de él.
—No es tan simple, Emma —dijo finalmente, con un tono que revelaba más de lo que sus palabras decían—. Hay cosas que no sabes, cosas que no puedo explicarte ahora, pero que hacen que cada momento que paso contigo sea... complicado.
Emma se levantó del sillón, acercándose a él, sintiendo que estaba al borde de descubrir algo importante.
—Entonces explícame, Alexander. Dime por qué me mantienes aquí, por qué estás tan decidido a protegerme. ¿Es solo una cuestión de posesión, o hay algo más?
Alexander la miró intensamente, como si estuviera debatiéndose entre abrirse a ella o cerrar esa puerta para siempre. Finalmente, tomó una decisión.
—No es solo posesión, Emma —admitió, su voz baja pero cargada de emoción—. Desde el primer momento en que te vi, supe que había algo en ti que no podía ignorar. No es solo atracción, aunque eso es innegable. Es... —hizo una pausa, como si le costara encontrar las palabras—. Es la sensación de que contigo, podría ser diferente. Que podría tener algo que nunca pensé que sería posible para alguien como yo.
Emma sintió un nudo en la garganta al escuchar esas palabras. Sabía que estaba escuchando una confesión rara y preciosa de un hombre que estaba acostumbrado a mantener sus emociones bajo llave.
—Pero eso también me aterra —continuó Alexander, su mirada oscura clavada en la de ella—. Porque en este mundo, el amor es una debilidad que puede destruirte. Y no sé cómo manejar eso.
Emma dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos.
—No soy tu debilidad, Alexander —susurró—. Puedo ser tu fuerza, si me lo permites. Pero necesito saber que confías en mí, tanto como yo estoy empezando a confiar en ti.
Alexander la miró por un largo momento, y luego, sin decir una palabra, la atrajo hacia él, envolviéndola en un abrazo que era tan protector como desesperado. Emma sintió que algo dentro de él se rompía, permitiéndole acercarse a él de una manera que nunca antes había experimentado.
Pero justo cuando parecía que estaban alcanzando un nuevo entendimiento, un fuerte golpe en la puerta interrumpió el momento. Alexander se tensó de inmediato, soltando a Emma y girándose hacia la puerta con una expresión de alerta.
Uno de sus hombres entró rápidamente, su rostro pálido y su voz llena de urgencia.
—Señor Novikov, tenemos un problema. Hay un hombre en la entrada... dice que es de la Cosa Nostra y que tiene un mensaje para usted.
Emma sintió cómo la sangre se le helaba en las venas al escuchar esas palabras. Sabía que la sombra de su padre y su organización la seguía, pero no había esperado que la alcanzaran tan pronto.
Alexander asintió, su expresión volviéndose de piedra.
—Llévalo a la sala de estar. Voy para allá.
El guardaespaldas salió rápidamente, y Alexander se volvió hacia Emma, su mirada llena de preocupación.
—Necesito que te quedes aquí —dijo, su voz firme—. No quiero que te acerques a ellos. No sabemos qué pueden estar planeando.
Emma asintió, aunque su corazón latía con fuerza, una mezcla de miedo y preocupación por lo que estaba a punto de suceder.
Alexander salió de la habitación, dejando a Emma sola una vez más. Pero esta vez, el silencio de la mansión no le ofrecía consuelo. Sabía que el pasado estaba alcanzándola, y que pronto tendría que enfrentarse a la realidad de su situación.
Mientras escuchaba los pasos de Alexander alejándose, Emma se dio cuenta de que, sin importar cuánto lo deseara, su vida nunca volvería a ser la misma. Había entrado en un juego mortal, y las sombras del pasado estaban cada vez más cerca. Pero esta vez, no estaba sola.
Y sabía que, pase lo que pase, tendría que enfrentarlo junto a Alexander, aunque eso significara sumergirse aún más en la oscuridad.