El primer beso
Después de tanto tiempo, sentí que desperté con más energía que en días anteriores. El día estaba soleado, al despertar oí cómo cantaban los pájaros, cuestión que comúnmente pasaba por desapercibido cotidianamente. Solo abría los ojos y ya. Comenzaba un nuevo día similar al anterior. Me lavaba los dientes, me vestía de mala gana, cocinaba y sobrevivía. Pero hoy no. Hoy sentí una extraña sensación que hace mucho tiempo no sentía, que era la de querer comerme al mundo entero y cambiar de una buena vez mi vida.
Vi el reloj, eran las 09:15 am, así qué de un salto deje la cama para ir por una ducha caliente la cual sería más larga de lo habitual.
A penas terminé, abrí mi closet, el cual no contaba con una gran variedad de vestimentas ni mucho menos de colores. Siempre fiel al n***o. Cómo no tenía muchas opciones, tome unos jeans rasgados y una Polera. Al verme al espejo me sentí radiante. Con las mismas prendas de siempre, pero esta vez había algo diferente. Había una luz que resaltaba de mi ser.
Camine a la cocina para buscar algo que desayunar. Ya no comería leche con cereal, sino que cambiaría mi menú. Si quería cambiar mi vida, debía cambiar en todo aspecto.
Desayuné, y emprendí mi rumbo, como todos los días, a la escuela.
Cómo siempre, en la entrada estaban Isidora y su grupo de amigas huesudas. Siempre vestían con los últimos modelos de ropa. Con colores exóticos y muchísimo maquillaje. Siempre imaginaba que, producto del sol se les derritiera todo lo que traían en el rostro, lo cual me aterraba ya que sería una experiencia traumática el verlas por primera vez sin nada de maquillaje.
Todo el grupito provenía de buenas familias, o mejor dicho, adineradas. Siempre creían que con esto podían obtener todo lo que ellas quisieran, lo cual, en teoría no era tan falso, pero siempre carecían de la atención del inalcanzable Jack.
Jack era uno de los hombres más atractivos que pisaba la escuela, e Isidora podría jurar que del mundo entero. Alto, de un metro noventa aproximadamente, moreno, con un físico medianamente trabajado, cabello castaño claro, y las dos cosas que más me llamaban la atención de su físico, sus ojos color verde y su sonrisa perfecta.
Nunca había cruzado palabra y media con él, pero tampoco me interesaba ya que sabía que Jack no era de esos hombres que solían fijarse en una mujer como yo, una chica de tez pálida, pelo crespo y con un físico para nada trabajado. Por lo que no me castigaba habitualmente si es que no cruzaba mirada con él, cosa que Isidora y su grupito solían hacer diariamente.
Iba en el mismo salón que con las huesudas, apodo que junto con Jessica le dimos al grupito más popular de la escuela.
Llegando al salón, busqué a Jessica con la mirada para poder acercarme hacia ella y sentarnos juntas, como siempre lo hacíamos. Apenas la vi, fui corriendo hacia sus brazos y la apreté con mucha fuerza. Me daba muchísimo gusto el volver a verla, ya que faltó a clases un par de semanas producto de un resfrió bastante severo. Al verme dijo:
–Eh chica, tranquila, entiendo que el sobrevivir sola con esta tropa de estúpidos debe haber sido brutal, pero ya he vuelto yo para ponerlos a todos en su lugar – Me abrazó con la misma fuerza que yo. Y agregó–. También te extrañe paliducha –
Me daba gusto el volver a tenerla a mi lado en la escuela. Hacía que todo fuera más agradable, y llevadero. Fue un golpe más de energía que volviera. Este día estaba siendo realmente bueno, hasta el momento.
–¿Cómo estuvieron esas mini vacaciones? – le pregunté.
–Pues bastante aburridas, pero ya estoy de regreso –me sonrió.
Nos quedamos calladas por un momento, y comenzó a observarme de manera extraña, como si viera algo fuera de lo común en mi.
–¿Y a ti qué te ha pasado? Al parecer mi ausencia te ha ayudado mucho, ¿eh? –
La miré extrañada, pero a la vez feliz de que se diera cuenta de que hoy era un día diferente, y no solo por tenerla de regreso, sino porque algo había cambiado en mi. Ya no quería seguir siendo la misma paliducha que todos pasaban por desapercibida, quería sentirme bien, y que los demás me vieran así. Le contesté
–¡Para que veas! –le dije. Quería contarle como había despertado hoy, pero llegó la maestra angélica lo cual interrumpió toda la inspiración de contarle.
Todos tomamos nuestros asientos y comenzamos la clase.
Sonó la campana, y todos de manera desesperada comenzaron a retirarse del salón. Era la hora de almuerzo, por lo que estaban como animales dirigiéndose al casino. Jessica no almorzaba conmigo, sino que con su novio Pedro. No era de mi agrado, sobre todo porque me quitaba de cierta forma a mi amiga, y hoy me molestó aún más porque tenía tantas cosas que contarle debido a las semanas que estuvimos separadas, pero también me ponía en la posición de mi amiga, y la entendía, ya que sus padres no aceptaban la relación que mantenía con Pedro, así que aprovechaban el horario de almuerzo para poder pasar tiempo juntos, sin que sus padres pudieran intervenir de mayor manera.
Junto con toda la tropa de animales que me rodeaba, tomé rumbo al casino, ya que me moría de ganas de probar bocado, cosa que era inusual en mí, ya que no solía comer nada en la escuela porque nunca me sentaba con nadie y prefería evitar los comentarios desagradables que realizaban las huesudas para llamar la atención de todos y burlarse de mi.
Hoy me era irrelevante cualquier tipo de comentario dirigido hacia mi persona. Había decidido que mi vida cambiaría, y dentro de esos cambios estaba presente el no interesarme por la opinión que el resto tuviera de mi, al menos de las huesudas, que aparte de maquillaje en el rostro, no tenían nada más.
De camino al casino iba sumergida en mis pensamientos, pensando en como podría responder a las burlas de las huesudas, que daba por hecho que las iban hacer. Pero también pensaba en que se me antojaría comer hoy. ¿Carne?, ¿vegetales?, o ¿es que acaso debería comenzar a ser vegetariana? Un sinfín de pensamientos pasaban por mi mente en ese momento, sin embargo, mientras caminaba, crucé miradas con una persona que pensé que no sabía de mi existencia. Jack. Lo que me hizo aterrizar de manera inmediata.
Si bien, no me consideraba parte del fans club de Jack, no podía negar que era un hombre bastante agradable a la vista, y que, me sentía alagada que alguien como él supiera de mi existencia en la escuela.
Esperé que él dejará de observarme primero. No ocurrió, así que decidí dejar de mirarlo, y actuar como si no me interesara.
Llegué al mesón del casino para poder pedir mi almuerzo, y opté por el menú vegetariano.
Una vez con mi almuerzo en mano, me fui en búsqueda de una mesa desocupada, lo cual en cosa de minutos lo conseguí. Me senté, me acomodé y comencé a disfrutar de una rica ensalada con vegetales salteados. Ya ni recordaba lo rico que eran las ensaladas en la escuela. Comencé a mirar a mi alrededor y todo se veía normal. Cada grupo en su mesa preestablecida. La mesa de los nerds, de los drogados, y la infaltable mesa popular, que solo se sentaban a verse en el espejo para retocarse cualquier imperfección que pudiera notarse. Las huesudas estaban tan concentradas en admirar sus rostros cubiertos de maquillaje que no les dio ni tiempo de darse cuenta de que, después de varios meses, volví a sentarme en el casino para poder comer algo en el horario de almuerzo, ni hacer alguna clase de comentario desagradable hacia mi persona, intentando mofarse de mi.
Nada podía ir mejor. Había despertado feliz. Me había reencontrado con mi amiga Jessica después de unas semanas difíciles. Después de un tiempo prolongado, pude sentarme en paz en el casino a poder disfrutar de un bocado en hora de almuerzo sin que la desagradable Isidora y su grupo de descerebradas lo notarán.
No permitiría que nadie echara a perder este día.
Acabé mi ensalada, por lo que decidí ponerme de pie para ir en camino al patio de la escuela, que como nos encontrábamos en primavera, no podría estar mas hermoso ni más florecido que otros días. Me levanté de la silla, y antes de poder voltearme rumbo al patio, siento una presencia a mi lado, que en cuestión de segundo me saluda. Nunca había escuchado una voz tan varonil en mi vida, ni tampoco me era conocida, así que no aguanté la curiosidad y volteé para apreciar quién era el individuo que intentaba socializar con una de las chicas menos sociables que puede pisar esta escuela.
Era Jack.
Un poco intrigada y desconcertada le respondí:
–¿En qué puedo ayudarte? – lo miré con desinterés, no dejando de hacer lo que estaba haciendo en ese momento. Me miro de pies a cabeza
–Lucy, ¿verdad? –pregunto, ¿Cómo era posible que uno de los chicos más guapos de la escuela, y con quién en la vida había socializado, supiera mi nombre? Eso me hizo sentir confundida, pero no lo demostré. Todo estaba marchando bien, y no dejaría que nada, ni muchos menos nadie lo echará a perder haciéndome ver nerviosa, o algo por el estilo.
–Vaya, para ser un desconocido, tienes bastante información, ¿eh? – lo dije en tono irónico, mostrándome muy segura de mi misma, y mostrándole a él que no causaba ni una pizca de nervios en mi ser. Sonrió, y agacho la cabeza.
–Bueno, para ser la mejor amiga de la novia de mi hermano, tengo acceso a cierto tiempo de información – dijo con un tono de voz sarcástico.
En ese momento no pude disimular mi cara de asombro. ¿Pedro hermano de Jack? Traté de recordar en que momento Jessica lo comento, pero no encontré ningún recuerdo de que lo mencionará. No me lo había contado. Tampoco debía extrañarme tanto, si Jack hace un par de minutos era un ser inalcanzable y casi inexistente dentro de mi vida, ¿por qué debía importarme algún tipo de información de su vida? La verdad nunca lo hubiera esperado. Nunca entendí qué era lo que Jessica le veía a Pedro, pero, en fin. Si ella era feliz, yo también lo sería por ella.
Aterricé de mis pensamientos y conteste.
–Mira, que pequeño es el mundo. Ya me preguntaba yo de dónde había heredado Pedro tanta arrogancia por creer conocer a quién se le crucé en su camino – lo miré para ver su reacción.
Sonrió.
–Deberías darme las gracias por ayudarte a resolver aquella interrogante que no te dejaba dormir por las noches –me miró, y agregó–. Y no solamente heredó mi arrogancia, sino que también el hecho de que todas las chicas de escuela estén detrás de nosotros –lo dijo con voz segura, y obviamente, arrogante.
Puse los ojos en blanco.
–Creo que generalizas un poco –manteniéndome firme para que pensara que yo era la excepción a todas esas chicas–. ¿Qué necesitas? –le pregunté. No era normal que Jack me saludara, ni mucho menos el hecho de haber mantenido una conversación por un par de minutos con el chico mas deseado de toda la escuela.
–Nada en particular –me miró fijamente–. Solo buscaba a quién fastidiar un rato, y por lo que veo, lo he conseguido – dice, se comenzó a alejar–. Ah Lucy –paro y se volteo a mirarme y dijo–. Créeme que no generalizo. Nos vemos pronto por ahí – sonrió y se fue caminando. ¿Qué había sido eso? ¿Jack hablándole a la persona menos atractiva de toda la escuela?
Me quede intrigada, pero ya se había ido de mi vista y ya no era necesario seguir fingiendo el hecho de que no me emocionará que me hablará.
Nunca tuve buenas experiencias con los chicos, y no es que a mis cortos 18 años haya sido una mujer con muchas relaciones, pero los intentos que tuve nunca funcionaban, y no era algo que me quitara el sueño, pero el cruzar palabras con Jack se sintió bien, y extraño a la vez. Pero no, no podía dejar que él invadiera mis pensamientos porque de ser así le estaría dando la razón de que todas las mujeres lo deseaban, y yo no podía ser una más del montón. Debía ser fuerte. Así que decidí aterrizar mis pensamientos para continuar con mi vida.
Iba de camino a casa pensando en todo lo que me había pasado durante el día. Había sido bueno. Hace bastante tiempo que no sentía una sensación tan agradable como la que en este momento estaba sintiendo.
Llegué a casa, y estaba papá, cosa que era bastante inusual ya que nunca lo veía por motivos de trabajo. Mamá discutiendo con el perro por haber desenterrado las plantas que había acabado de meter a un macetero, cosa que sí era bastante normal. Siempre discutía con todo mundo, y si no tenía razones para hacerlo, pues las buscaba.
–Hola cariño – me saludo papá
–¿Qué tal extraño? – le dije
–Hoy decidí tomarme la tarde libre para pasar tiempo en familia –se acercó y me abrazó–. Sé que no he estado mucho este último tiempo, pero quiero enmendarlo. Las cosas en la oficina no han ido muy bien, pero decidí venir a pasar la tarde con ustedes –me dio un beso en la frente.
Se sentía extraño el hecho de tener a papá tan temprano en casa. No era algo que me molestará, pero si raro. Lo abracé. Aunque no fuera alguien presente en la casa diariamente, lo quería muchísimo, y había temas que podía hablar con más naturalidad que con mamá.
–¿Y León? –pregunté–. En casa de Matías, jugando videojuegos –respondió mamá–. Pero no tarda en regresar –
Subí a mi habitación y de inmediato le marqué a Jessica para ponerla al tanto de todo lo que había sucedido en la hora de almuerzo en su ausencia.
–Cuéntamelo todo –respondió Jessica.
¿Qué? ¿acaso sabía lo que había pasado hoy con Jack?
–¿Cómo fue todo con Pedro? –pregunté evadiendo el tema
–Lo normal, pero todo bien –respiró profundo–. ¿Tu almuerzo que tal? –me preguntó.
–Pues bastante raro –le respondí–. La verdad no entiendo cómo mi mejor amiga nunca me comentó que su novio era hermano del hombre más codiciado en la escuela –ella se quedó en silencio.
–¿Nunca lo comente?, que extraño. Pensaba que lo sabías, pero ¿Cómo lo sabes? –usó un tono de voz capcioso.
–Jack me habló hoy –le dije. Jessica se quedo callada por varios segundos, lo cual me extraño, ya que esperaba otro tipo de reacción de su parte. Pregunte–. ¿No me dirás nada? –
–¿Y qué tal todo, Lucy? ¿de qué hablaron? –me preguntó.
–Nada en particular, pero charlamos un rato –noté muy extraña a Jessica. Al minuto después me dijo.
–Eh, Lucy, debo colgar, tengo unas tareas pendientes, te hablo al rato –dijo y colgó.
¿Es en serio? Le acabo de contar a mi mejor amiga que el chico más guapo de toda la escuela cruzó palabra conmigo, y ¿no me dijo nada?. Algo extraño ocurría. No estaba segura de qué, pero decidí restarle importancia. Este día había sido bueno, y extraño.
Me recosté en la cama y no supe más del mundo.
Desperté al otro día. Me había quedado dormida en la tarde y había despertado al día siguiente. No había nada más placentero que eso.
Me bañé, busqué en mi closet algo más llamativo que lo normal. Encontré un vestido. Un poco arrugado, pero servía. Quería verme radiante en caso de toparme con mi nuevo amigo.
Iba de camino a la escuela, cuando un auto comenzó a seguirme muy de cerca. Me hice la desentendida y seguí caminando. En menos de 10 segundos me tocó la bocina, miré hacía atrás y ahí estaba él en su auto. Me sonrojé, pero para disimularlo le dije–. ¿Te perdiste? –sonrió
–Ven Lucy, súbete –
Quería decirle que no, pero mi boca dijo que si sin haberlo pensado, así que me subí a su coche.
–Lindo auto – dije
–Gracias Lucy, Te ves preciosa hoy –me dijo mirándome de reojo.
Sentí como en tiempo récord mis mejillas se sonrojaron. Pero me zafe rápido de ese aprieto.
–Lo sé, siempre luzco así –usé un tono de seguridad que me hizo volver a mi centro.
–Lo sé, siempre te veo en la escuela, y luces preciosa siempre –me dijo.
¿Es idea mía o Jack me miraba desde hace un tiempo en la escuela?
–Que observador – le dije.
–Sabes Lucy –comenzó a decir, pero frenó el auto de manera brusca, y me miró.
Lo miré y en cuestión de segundos sus labios comenzaron a rozar los míos.