Sintiéndome menos

1105 Palabras

Tragué saliva, sintiendo cómo el nudo en mi garganta se volvía casi asfixiante. El silencio en el despacho era absoluto, roto únicamente por el zumbido casi imperceptible del aire acondicionado y el latido desbocado de mi propio corazón. Alistair no se movía. Se mantenía allí, erguido como una torre de marfil y acero, esperando una respuesta que yo no estaba segura de querer darle. Sus ojos, esas gemas frías de pedernal, escrutaban cada uno de mis gestos, desde el temblor casi invisible de mis dedos hasta la forma en que evitaba su contacto visual. —No lo sé... —empecé, mi voz apenas un susurro que se perdía en la inmensidad de la estancia—. Es que los demás... los empleados... van a pensar que soy tu... Me detuve en seco. La palabra "prostituta" quemaba en la punta de mi lengua, pero pr

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