La mañana del domingo Adela despertó entre las cálidas sabanas de su cama y una sonrisa se amplió en su rostro al sentir que un brazo fuerte rodeaba su cintura desde atrás de su cuerpo. —Pensé que estarías dormido— musitó con la voz pastosa, aún no había logrado despabilarse por completo, pero lo hizo en el momento que sintió la hombría de Liam pegarse a sus nalgas, estaba tan duro como un roble que la hizo jadear. Adela sentía un delicioso dolor en todo su cuerpo, pues ese hombre que media mas del metro noventa, no había parado en toda la noche. La dureza en el m*****o de Liam se hizo mas visible al escuchar el jadeo de Adela, escucharla lo excitaba, no había momento en el que no la deseara y teniéndola ahí, desnuda junto a él, no iba a desaprovechar. Liam giró el cuerpo de Adela y adm

