El cuerpo de Amy se estremeció al sentir la invasión de Mauro, su cuerpo estaba caliente, sentía que podría derretir el hielo si lo tacase y un gemido salió de su boca mientras arqueaba su espalda hacia atrás y se sujetaba con fuerza de sus brazos y después recorría su espalda. Mauro comenzó a mover su pelvis, lo hizo despacio, tomándose su tiempo para que las paredes de la intimidad de Amy se adaptaran a su tamaño, con cuidado se contuvo dejando que su m*****o se deslizara en su interior gracias a la humedad resbalosa que lo cubría. Amy observó los ojos de Mauro mientras lo hacía, eran de un verde hermoso y la admiraron demostrando la lujuria y el deseo que corría por todo su cuerpo. Su cuerpo era majestuoso y la cubría por completo, Mauro recorrió con su palma su pierna derecha en una

