Ya pasaron dos semanas desde que lo vi al bombonazo, me presentaba a trabajar y movía mis caderas de forma más sensual y me deslizaba por el caño como una serpiente peligrosa pero sexy.
Los clientes más adinerados me daban grandes propinas. Lo mínimo que podían dar son desde mil pesos en adelante. Gracias a eso tengo una buena vida. Me compro ropa de distintas marcas, maquillajes, voy a la peluquería, y dentro de poco me voy a comprar un auto, aún no me decido que modelo elegir.
Me acuerdo que tengo una cita con mi ginecóloga para ponerme el DIU, muchas me la recomendaron tanto al anticonceptivo como a la doctora, así que decidí hacerlo. Tuve que pagar todo, y como puedo no me afecta, casi nunca gasto mi dinero. Compro dólares y ahorro por cualquier emergencia o para darme mis gustos. Pero tengo que averiguar sobre mutuales privadas.
Antes de ir llamo a mi hermana que vive en el norte, zona de Corrientes.
Al primer timbre - ¡Hola linda! ¿Cómo está mi hermana favorita?- me río mientras mi única hermana se queja.
-¡Ja! ¡Pero qué chistosita estamos hoy!- Laura me responde con el humor de siempre, tranquilidad y alegría.
-Tanto tiempo que no hablamos. Entre tus estudios y yo que por ahí me pierdo en mis cosas y mi trabajo.- tengo que llamarla más seguido.
-Si la verdad que tienes razón, estoy súper enfocada y me va re bien gracias a dios.
Laura está estudiando la carrera de medicina, siempre nos dice que le pone muchas ganas pero igual es súper inteligente entiende todo en una o dos explicaciones.
-Me alegro mucho, ¿Y algún chisme? ¿Novio nuevo?- siempre le pregunto aunque según ella prefiere mil veces quedarse soltera a estar sufriendo por el amor que son puras reacciones químicas.
-No la verdad que no... si salí con mis compañeras de la facultad pero nos volvimos temprano porque teníamos que estudiar, fuimos a distraernos un poco. Pero uno más feo que otro. Sabes que soy media exquisita con eso...
- Si hermanita si lo sabré, más rara que perro con tres colas- nos reímos. Pero realmente tiene candidatos que están para comérselos con las manos y siempre los rechaza.
Hablamos otro rato husmeando de todo un poco, incluyendo a papá y a nuestro hermano. Le comente del bombonazo y del sueño, sobre la coincidencia y que creía que es una señal, ella me advirtió que tenga cuidado. Sabe que no soy de esas chicas que se enamoran fácilmente. Yo lo quiero tomar, por ahora, como pura casualidad. Hablamos un rato más y finalizamos la llamada, para terminar mis obligaciones de una adulta responsable.
Tengo turno a las cuatro de la tarde con la ginecóloga.
Me baño, veo que ponerme. Me decido por un jean con un top rosa y mis zapatillas Nike que las amo porque son re cómodas.
No me cuido con ningún método hormonal, siempre llevo conmigo preservativo tanto para hombre como para mí.
Pero decidí ponerme el DIU, para tener protección extra. Siempre llevo preservativos para no contagiarme de alguna enfermedad y de un embarazo. Un método más me asegura que realmente no haya un embarazo.
La clínica era muy bonita, de lejos se escucha el llanto de un bebe recién nacido y me dio un escalofrío. Con veinticinco años me niego tener un hijo por eso me decidí reforzar con este método.
Me dirijo hacia la secretaria. Que se la veía alterada, escuche un poco, su hijo tuvo un problema en la escuela.
-Hola me llamo Erica Tolder tengo turno con la doctora Lázaro.- le sonrío a la secretaria, pero no me mira.
- Si señorita denme un minuto que ya le aviso que vino. Ya la estaba esperando, se demoró un poco. Tenía que estar a las tres y media y llega a las cuatro.- me responde con molestia.
-Disculpe señora yo tenía turno a las cuatro no me falte así el respeto- ya me estaba haciendo enojar.
- Si claro- con tono sarcástico- Entre al consultorio numero tres que la doctora la espera.- con una sonrisa y estirando el brazo a la dirección que tenía que ir. Me pareció una loca, pero la ignoré.
Narrador omnisciente
Erica entra al consultorio, estaba tan molesta por cómo le hablo la secretaria que no se dio cuenta de que tenía un manos libre y la que le dijo eso fue a la niñera de su hijo.
En el momento que la secretaria hablaba por teléfono con la ex niñera, agarro la historia clínica de Erica Montenegro, otra paciente.
Cegada por su problema que no se fijó los apellidos y teniendo los auriculares inalámbricos puestos no escucho el apellido de nuestra protagonista.
Al entrar veo a la doctora sentada y es una mujer joven que se la ve triste, está leyendo lo que sería mi historia clínica, pero como la verdad no me interesa la vida de los demás solo me limito a sentarme, aunque ella no se da cuenta de que estoy ahí.
-Doctora estoy esperando- le digo con suavidad, solamente porque se nota que lloró.
-Lo siento muchísimo, soy toda una profesional, pero esta vez me agarraste medio mal- sonríe de forma forzada- Bueno empecemos para lo que viniste.- se seca las lágrimas que de nuevo están por aparecer.
Se levanta, se coloca guantes y barbijo.
-Por favor ve a ponerte esto, sácate solamente la parte de abajo y cuando termines acuéstate en la camilla.
Me cambié y me puse la bata aunque era incómoda porque se me veía el trasero.
Hice lo que me pidió y cuando me acuesto en la camilla me pide que apoye los pies en los estribos y que me relaje.
Creí que iba a sentir algo pero no. Cuando quise contar hasta veinte ya la doctora me dijo que había terminado que espere quince minutos acostada y luego me podía ir.
Me quedo ahí, la doctora se retiró. A los minutos cumplidos entra y está maquillada
-Muy bien podes irte tranquila, esperemos buenas noticias.- me dice la doctora con una sonrisa.- Dentro de dos semanas venís. Mi secretaria te va a dar medicamentos y las instrucciones que debes seguir al pie de la letra.
-Claro doctora, gracias por atenderme.- me di media vuelta y salí sin entender mucho porque me lo dijo. Capaz es para que mi cuerpo no lo rechace.
Hoy me toca trabajar así que me decido por ir a mi casa a ordenar que tengo un quilombo que ya ni yo lo aguanto.