—¡Parece mentira, como te atreves dejarme!" "Irte así" —reclamé. —¡Me atrevo! Ya nada está bien entre nosotros. Ya no reconozco al Antón De Luca que tenía delante de mi todos los días, sinceramente así no puedo continuar trabajando a tu lado. —profirió Giordano. —Pues si esto es a causa de mi esposa, te recuerdo, ella es mía. —Nadie es de nadie, Diablo, tan simple y sencillo como eso, si ella te eligiera para estar contigo, con gusto concordaría con tus palabras, pero no es así. —¿Por qué hablas de mi esposa como si ella te interesara? —cuestioné a Bruno. —A ti no te incumbe en nada mi situación con ella. —Bruno Giordano puso los ojos en blanco, como si con esa acción me diera a entender que yo estaba equivocado. Lejos de calmarme, me puse todavía mas molesto. Me pregunto que es lo

