- ¿Tengo que castigarte para que lo entiendas? – Su mirada habían cambiado, ya no era esa mirada tierna, ahora era una mirada fuerte y posesiva. ¿Qué le estaba pasando a esté hombre?
Lo miré con una ceja arqueada - ¿Castigarme? – Me giré para irme, pero antes lo miré - ¿Acaso soy tú sumisa o algo por el estilo? – Vi como bajó la mirada y se encogió de hombros.
Comencé a caminar - ¡Espera! – Me tomó del brazo y me detuvo – Me quedé para esperarte… así que vamos, no seas terca y ven conmigo – Yo me giré para verlo.
Me solté de su agarre - ¿Y si no quiero? – Me crucé de brazos - ¿Vas a castigarme?
Una sonrisa se le dibujó en el rostro – Quisiera castigarte de muchas maneras, pero aun no me dejas ni acercarme – Caminó unos pasos más hacia mí – Pero si no vienes conmigo, juro que voy a cargarte y te obligaré hacerlo – Hice una mueca - ¿Crees que estoy bromeando? – Seguía ignorando sus palabras. Vi como caminó hacia mí, me tomó como si fuera un costal de papas y me puso en su hombro.
-¡Jay! ¿Qué haces? ¡Bájame ahora mismo! – Me movía para que me bajara.
Mas fuerte me agarraba – No te muevas tanto, puedes caerte y no quiero que te lastimes – Podía sentir su tono burlón.
-Entonces, bájame ahora mismo… todos nos están mirando – Le dije, avergonzada.
-No sé porque no me haces caso cuando te hablo, siempre me tomas como si fuera un chiste ¿Te lo dije no? Te dije que te obligaría a venir conmigo si seguías con la terquedad, no me hiciste caso… estas son las consecuencias ¿No te enseñaron que cada acción trae su consecuencia? – Llegamos al auto, con una mano abrió la puerta y me sentó en la silla, se acercó para ponerme el cinturón de seguridad. Lo tenía tan cerca que me paralicé, podía sentir su embriagante aroma. Cuando terminó de ponerme el cinturón de seguridad, se giró para mirarme a los ojos – Y ya te dije que no me importa si me ven contigo, es más… eso es lo que más quiero, para que me des una oportunidad – Sentí como posó sus labios en los míos en un corto beso.
Yo tragué con dificultad cuando sentí que se alejó, llevé mis manos a mi rostro ¿Por qué me hacía esto? Todo el viaje estuvimos en silencio, ninguno de los dos dijo alguna palabra. Después de un tiempo llegamos al hotel, rápidamente me bajé del auto, no queria verlo, sentía que en algún momento iba a flaquear y todo este teatro que he montado para alejarlo se iba a ir al carajo.
Iba caminando rápido cuando tropecé con alguien - ¡OUCH! – Dije desesperada ¿Qué pasaba hoy? Estaba chocando con todas las personas.
-Ya veo que se te hizo costumbre eso de chocar conmigo – La voz se me hizo conocida.
-¿Fernando? – Dije apenas lo vi - ¿Dónde estabas? Te dije que me esperaras.
Vi cómo se encogió de hombros - ¡Lo siento, nena! El jefe me dijo que me fuera, que él te traería y no queria problemas – Una sonrisa se le dibujó en el rostro - ¿Todo bien? ¿Por qué venias tan rápido?
Al escuchar ese ¨ ¿Todo bien? ¨ ya no pude aguantar más y dejé salir mis lágrimas – Y-yo… - No podía hablar.
-¿Q-que? ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras de nuevo? – Me tomó de la mano con suavidad y me llevó hasta mi habitación.
-¿Camell? ¿Dónde está? – Pregunté sin poder parar de llorar.
Una sonrisa se le dibujó en el rostro – Supongo que aun cuando la estás pasando mal, sigues siendo una buena madre – Entramos a la habitación, me sentó en uno de los sillones que había allí y me limpió los lagrimas – Está con la empleada que la cuida, ya cenó y se fue a dormir, así que no te preocupes… ahora… ¡Dime! ¿Por qué lloras de nuevo? ¿Problemas con él jefe?
Intenté calmarme un poco – Algo así – Lo miré a los ojos – ¿Cómo sabes que son problemas con Jay?
Otra sonrisa se le dibujó en los labios – Somos sus amigos, nos cuenta todo – Se sentó a mi lado.
-¿T-todo? – Dije titubeando.
Volvió a sonreír – Si… todo… - Llevó sus manos a mi rostro – No llores, eres fea cuando lo haces.
Por fin pude sonreír – Ya me lo habías dicho – Respiré profundo - ¿Qué les contó Jay?
En mi voz se sintió lo ansiosa que estaba – Todo… ya te lo dije, desde lo que pasó aquella noche en el bar, hasta lo que pasó con el trabajador del evento y lo que está pasando entre ustedes. Creo que ya te lo había dicho ¿No? – Se llevó una mano a su cabeza y se despeinó un poco – Siento que ya tuvimos está conversación… y si no recuerdo mal, te hice la pregunta, que me negaste rotundamente.
Mi corazón se oprimió y comencé a llorar nuevamente – Y-yo… - No podía hablar.
-No ¿Por qué lloras de nuevo? – Fernando comenzó a secarme las lágrimas nuevamente – No llores ¿Si? Ya te dije que lo siento… lo siento por todo, pero no llores, no sé qué pasa, pero perdón…
Yo lo miré a los ojos – Tengo un secreto – Trague con dificultad – Uno que no estoy soportando.
Vi cómo se levantó de un brinco – No lo quiero saber – Yo seguía llorando.
No le presté mucha atención – Me gusta Jay – Comencé a secarme las lágrimas – Me gusta mucho – Fernando volvió acercarse a mí – Pero nadie puede saber.
-Entonces no me lo hubieras dicho – Volvió a sentarse a mi lado – Hubieras guardo ese secreto de mi tambien.
Lo miré a los ojos – Me gusta ese chico, demasiado debo decir, pero antes de que me digas que lo nuestro no puede ser… yo ya lo tenía claro, por esa razón le mentí y lo rechacé, sé que lo de los dos no puede ser – Me acerqué a él - Soy mayor que él y madre de la niña que está realizando un trabajo con ustedes.
Fernando me abrazó – Sé la clase de mujer que eres – Su abrazo se sentía tan cálido – Por eso me caes tan bien, puedo parecer distante, pero defiendo lo que me importa, puedo parecer algo frio y distante, pero tengo sentimientos ¿Sabes? – No comprendía mucho sus últimas palabras - Eres una mujer que ha luchado bastante, que a pesar de todo lo que ha vivido, no se ha dado por vencida, vives y respiras por tu hija, la has apoyado en todo, hasta el punto de trabajar con la agencia para estar a su lado.
-¿C-como sabes todo eso? – Le pregunté sin alejarme de él.
Fernando se aferró más a mí – Te lo dije, Jay nos ha contado todo – Su abrazo se hizo más fuerte – Nadie tiene el derecho de decirte quien puede gustarte y quien no, eres libre de querer a la persona que quieras – Sentí un suave beso en la cabeza – Si te gusta el jefe ¿A quién le importa? Ustedes son adultos y saben cómo deben llevar su vida.
-Pero… - Iba hablar, pero me interrumpió, me alejó un poco, hizo que lo viera a los ojos y limpio con suavidad mis lágrimas.
-Sé lo que te dije, pero tambien sé que estas sacrificando lo que estas comenzando a sentir por el bien de él y eso te hace aún más digna de tenerlo, me doy cuenta de que quieres proteger a todos los que te importan, aun, pasando por encima de lo que tu sientes, sacrificas tu felicidad para hacer feliz a los demás – Volvió a traerme hacia él y me sumí otra vez en ese cálido abrazo, nunca pensé que fuera Fernando el que me iba a consolar, pero lo hizo tambien.
Hablamos un rato más, nos contamos muchas cosas, reímos, jugamos, bromeamos, me sentí tan bien. Después de un tiempo ambos decidimos que era hora de descansar, así que, Fernando me dio un último beso en la frente, se despidió y salió de mi habitación. Sentía que me iba a llevar bastante bien con él, se podía convertir en un gran amigo.