Pareja nueva

1787 Palabras
Nickolas: —Niky, apresurate. Mamá nos va a matar si llegamos tarde —corro por toda la habitación, recogiendo lo poco que había traído en la mochila del niño. —A mi no me matará. A ti sí —dice inocentemente mientras balancea sus pies sobre el suelo. Termino de meter todo de cualquier manera y voy hasta la silla donde se encuentra sentado para tomarlo en mis brazos. —¿Y ahora dónde están las llaves de la camioneta? —gruño por la desesperación del tiempo perdido. —No, no. Quiero ir en moto —el pequeño se retuerce para que lo baje. Le doy una mirada dura para que entienda que su actitud de berrinche está mal. —No queremos que a mamá le de un infarto, ¿o si? Niky se queda quieto para mirarme y luego negar con la cabeza de forma exagerada. —Mamá siempre debe estar contenta —repite la frase que yo le enseñé desde muy pequeño. —Bien dicho —lo felicito con una enorme sonrisa. Me apresuro hacia el garaje pasando primero por las llaves del auto. Tomo el asiento para niños del armario y dejo a Niky en el suelo para acomodar el objeto en uno de los asientos traseros de la camioneta. Cargo a mi hijo por las axilas para colocarlo allí y ponerle el cinturón. —Dentro de una hora ya se hace de noche. No se como es que siempre me coge tarde para todo —voy murmurando mientras me dirijo a paso apresurado hasta la puerta del piloto. Me dejo caer en el asiento y enciendo el auto para salir por fin. —¿Qué es lo que no debes aprender de papá? —Le pregunto a Niky para recordárselo. —Nunca se debe llegar tarde —repite como quien no quiere la cosa. —Exacto —exclamo con satisfacción para luego centrarme en la carretera. Casi media hora después llego a casa de mi exesposa. Parqueo frente a esta y me bajo para sacar al pequeño rubio y luego tocar el timbre. —¡Voy! —grita la voz de Susan desde lo que supongo sería la cocina. Pero no viene de inmediato. Primero escucho unas risitas ahogadas por la puerta, seguido de una exclamación y unos pasos corriendo por la estancia. Frunzo el ceño con extrañeza y un mal presentimiento se instala en mi pecho. Luego de unos minutos de espera al fin se escucha a alguien acercarse para abrir, pero cuando estaba a solo un par de metros de la puerta, supe que no era la delgada pelinegra. La puerta se abre para darle paso a un hombre de unos treinta y cinco años. Mis ojos sorprendidos se apresuran a detallarlo. Tiene el pelo color chocolate lo suficientemente largo como para notar que es rizo. Tiene facciones varoniles, pero no se puede decir que es precisamente guapo. Lleva todo el torso al descubierto, ya que lo único que lleva puesto son unos pantalones de pijama, lo que provoca que estén a la vista sus músculos minimamente trabajados y su piel de un suave color oliva. —Oh... —exclama al vernos allí parados, y su sonrisa divertida se desvanece. —¿Desean algo? —Pregunta con voz profunda mientras alza una ceja. Inevitablemente aprieto la mandíbula con rabia. —Sí —casi gruño en respuesta. —Si serías tan amable de llamar a Susan, por favor. El escrutinio del hombre se vuelve más profundo. —¿De parte de quién? —Se cruza de brazos para cubrir todo el espacio de la puerta. Poco a poco siento como la sangre me hierve en las venas y la rabia se va apoderando de cada músculo de mi cuerpo. —¿Te importa? —suelto, esta vez mostrando la molestia en mi voz. —Claro que sí. Soy su... —¿Quién es, amor? —grita Susan desde adentro, interrumpiendo al idiota. —¡No lo sé! ¡No se a presentado! —grita en respuesta. Al fin escucho como mi exesposa viene hacia nosotros. Se asoma detrás del desconocido para echar un vistazo. Veo el momento exacto en que sus ojos caen en mí, pues se abren de una forma que demuestra miedo y vergüenza. —Emmm, Killian. Él es mi hijo Nikolay, del que te hablé —dice de forma vacilante mientras da un paso hacia nosotros para salir de la casa. —Ah, bueno. ¿Por qué no lo dijeron antes? —Su sonrisa de idiota regresa a sus labios y relaja su postura. —Tenía que haberme puesto más presentable para conocer a mi futuro hijo —se ríe y se acerca a Niky para agacharse a su nivel. Me apresuro a poner a mi hijo detrás de mi para impedirle el contacto con el desconocido. El idiota se para en seco y vuelve a su posición anterior, incómodo. —Susan —la llamo sin apartar la mirada del hombre a su lado. —¿Crees que podemos conversar en privado? La joven baja la mirada antes de tomar valor y asentir con la cabeza. —Ve a tu cuerto, pequeño —digo esta vez refiriéndome a mi hijo. Niky se coloca bien su mochila y se dirige al interior de la casa. Esquiva al extraño y lo ignora al pasar por su lado. Hago una pausa en la furia que domina mi cabeza para disfrutar del orgullo que siento por el enano rubio. Decido no perder más tiempo y aprovecharme del poder que no utilizaba desde hace dos años, ya que a pesar de haberles dejado la casa luego del divorcio, aún sigue siendo mía. Camino a grandes zancadas hasta mi exesposa y la tomo de la mano en un agarre firme, siempre tratando de no hacerle daño. —Si nos disculpas... —es lo único que digo antes de casi arrastrar a Susan hasta la habitación principal. —¡Ehhh! —Se queja cuando la hago pasar y cierro la puerta detrás de ella. —¡No tienes ningún derecho de hacer eso! Cierro los puños debido a la furia, pero me tomo unos segundos para respirar profundo. Me quedo dando la espalda a la puerta, en parte para que nadie nos interrumpa y parte para que ella no pueda escaparse antes de resolver el dilema. La observo de arriba hacia abajo para hacer tiempo a calmarme. Se encuentra vestida con una sencilla camiseta y unos pantalones cortos, y aunque es su ropa habitual de andar por casa, hoy me molestó aún más al saber que hay otro hombre observando lo que debería ser mío. —¿Qué no tengo derecho? —todo la furia se impregna en mi pregunta. —¿Debo recordarte a lo que tú no tienes derecho? —Mi voz es tan baja y ronca que suena como si un animal salvaje la amenazara. —No puedes traer a un hombre a mí casa cuando sabías que nuestro hijo vendría hoy. —¡Eso no te incumbe! —Suelta de mala manera mientras me señala con un dedo sin dejarse amedrentar. Ella también está molesta, pues nunca a sido buena ocultando lo que siente. —Ya no tienes ningún papel en mi vida, así que lo que yo haga o deje de hacer, no es asunto tuyo. Debo tragar saliva antes de hablar, pues mi boca se pone seca de repente. —¿Tengo que recordarte todas las veces que me dijiste que no querías mujeres en mi casa para no confundir a Nikolay? Ella aprieta los labios y se cruza de brazos para aparentar una postura fuerte, cosa que es imposible para ella, ya que nuestra diferencia de estatura y su cuerpo delgado no son más que adorables. —No es lo mismo. No puedes comparar a tus putas con Killian —se justifica, haciendo un gesto con la cabeza que hace que su largo cabello se mueva a sus espaldas. Por un segundo mi mente se queda perdida en esa imagen, y en tantas otras en las que yo envolvía mis dedos en ese lugar... Pero me libero de los recuerdos cuando caigo en cuenta de lo que dice. —Maldita sea. ¡¿Y qué se supone que es ese idiota?! —Casi rujo por la impotencia de no poder reclamarle nada. Se encoje de hombros y gira su cabeza hacia un lado para no estar de frente cuando informa lo siguiente. —Es mi nueva pareja —suelta sin miramientos, aunque sus ojos no se cruzan con los míos mientras lo dice. Todo mi cuerpo se paraliza por el significado tan enorme que cargan sus palabras. Me tambaleo hacia atrás y termino apoyándome en la puerta. Parpadeo un par de veces para procesar mejor la información. —Tú... pareja —atino a balbucear. —Sí —afirma despreocupadamente, como si no fuera la gran cosa, a pesar de que en realidad me estaba matando con sus palabras. El saber que otro hombre estaría participando en los días de mi hijo, que ya su madre rehacería su vida y que mi espacio en esta casa sería reemplazado al fin, hizo que todo mi mundo se desvaneciera ante mis ojos. Llevo mis manos a la cabeza y froto mi pelo con desesperación, sintiendo también rabia a partes iguales. —¿Pero hace cuanto conoces a ese tipo? ¿Cómo sabes que es el indicado? ¿Por qué quieres involucrarlo así a la vida de nuestro hijo?... —Pregunta tras pregunta salen de mi boca, pero podría ser bien otra persona la que esté hablando por mi. Mi mirada se encuentra fija en el suelo, incapaz de concentrarme en otra cosa que no sea mi mente dando vueltas. —Nada de eso te incumbe. Tú solo debes velar porque tu hijo esté bien y que pasen el tiempo que les toca juntos —sentencia, dando por terminada la conversación. Pero dentro de mí no había terminado. No cuando tenía tantas preguntas y una desesperación que me devoraba. Necesito con todas mis fuerzas arreglar todo lo que se había roto hace dos años. —No me puedes hacer esto... —gimo con la voz impregnada de dolor. Más tarde me arrepentiría de parecer tan débil frente a ella, ahora solo me importaba subir la mirada para contemplar una vez más los ojos de mi ex mujer. —Yo no te estoy haciendo nada. Lo nuestro se acabó hace mucho tiempo ya —y todo eso se reafirmó cuando sus ojos de color café me devolvieron la vista sin transmitir sentimientos. Casi pude jurar que el sonido de mi corazón al romperse fue audible, pues el eco del mismo resonó en mis oídos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR