Cambio de horario

1995 Palabras
Rider: Me sentía como si le dieran un martillazo a mi cerebro a cada segundo que pasa. El dolor es agudo y constante, cosa que me hace gemir con frustración y masajearme las sienes en busca de alivio. Desde que desperté esta mañana la agonía me acechaba, pero no era más fuerte que el odio que sentía por mis padres y sus estúpidas decisiones. —De igual forma, ¿cuánto tomaste anoche? ¿Querías desestresarte o morir de un coma etílico? —Me riñe Nish mientras se deja caer a mi lado en el sofá y me tiende un vaso con algo que olía sospechosamente a café. Le echo un vistazo por encina de mis gafas de sol. —Aleja esa mierda de mi o me harás vomitar —suelto con desagrado, ya sintiendo los efectos de mi estómago revuelto. —Venga, te servirá para lidiar con las consecuencias de tus estupideces —bufa antes de darle un trago a esa cosa amarga. Hago una mueca de desagrado. —Si no tienes nada bueno que decir, pues no abras la boca. Mi cerebro y yo te lo agradeceríamos —digo sin nada de sutileza para luego recostarme en los cojines y proceder a ignorar al mundo. De repente el sonoro estruendo de la puerta siendo azotada contra la pared casi hace que mi cabeza explote. —¿Pero qué mierda...? —Comienzo a quejarme, pero me quedo en blanco al visualizar una pequeña figura acercarse a nosotros. Una mujer muy bien vestida, con una camisa elegante y una falda de tuvo, camina de forma espectacular sobre unos gigantescos tacones. Es una hermosa imagen para los ojos, ya que tiene un fantástico cuerpo y una actitud arrasadora. Su pelo oscuro y corto enmarca su cara tierna, pero su expresión da a entender que no debes meterte con ella si quieres salir vivo para contarlo. Se detiene frente a nosotros y nos observa con una mirada llena de desdén y molestia, antes de apoyar su peso en un pie y colocar una mano en su cadera de forma amenazante. —Les voy a pedir amablemente que den por finalizado su descanso y se dirijan al ensayo que tienen pendiente, pues no concibo como pueden estar perdiendo el tiempo con tanto trabajo que tienen entre manos —a pesar de lo elegante que sonaron sus palabras, no pasó desapercibido el tono autoritario que usó para referirse a nosotros. Nish y yo compartimos una mirada confundida. —¿Y tú eres...? —Pregunto, y a pesar de que intenté sonar molesto, la chica había logrado intimidarme un poco, por lo que mi voz se escuchó casi ahogada. —Mi nombre es Kate Nevers —responde con fastidio. —Espero que me traten con respeto, ya que tendré que lidiar con todo su trabajo sucio. Nish se levanta con lentitud para no asustarla, aunque ya daba por echo que intimidar a esa mujer era casi imposible. El pelirrojo siempre había sido el más amable de nosotros, por eso tomaba las riendas de la conversación. —Señorita, no sabemos a que se refiere, pero está muy fuera de lugar que usted haya entrado así a nuestra... —Ya hemos perdido mucho tiempo —le interrumpe la chica con un gesto de la mano. Comienza a caminar hacia la salida y sus pasos resuenan con fuerza por todo el pasillo. —Espero que estén en el salón de ensayos en menos de diez minutos. Luego de que la pequeña pelinegra saliera de nuestras vistas, Nish y yo nos miramos el uno al otro, completamente confundidos. . . . Cuando llegamos al salón, supe que este sería el día en que moriría. A pesar de las pastillas que había tomado mi dolor no disminuyó ni un ápice. Había tocado antes con resaca, pero no como la de hoy. El sonido de los instrumentos acabaría con mi cabeza en pocos minutos. En el lugar ya se encontraba Rael con bajo colgando del hombro y afinando las cuerdas a su gusto. Nick también se encontraba, pero sentado en uno de los sofás con una expresión enojada. El rubio movía una de sus piernas con ansiedad y en su postura se notaba que quería parecer relajado, aunque fracasaba rotundamente. Todos parecíamos tener problemas hoy. Incluso Nish se estaba distrayendo fácilmente, cosa que no era normal en el pelirrojo. Me dirijo hacia la batería sin mediar palabra. No estaba de humor para entablar una conversación, aunque visto lo visto, ninguno de mis compañeros lo estaba. Me dejo caer en mi asiento para luego apoyar la cabeza en uno de los tambores. El sonido de esos tacones del demonio volvieron a atormentar mi cerebro. Levanto ligeramente la vista para poder contemplar su épica entrada, pero al hacerse la posición incómoda debido al dolor, tuve que levantar ligeramente la cabeza para apoyarla en mis brazos. Kate Nevers se para en el centro del lugar como si fuera la dueña del edificio. Sus ojos oscuros nos recorren de uno a otro, detallando nuestras malas caras y poca disposición para ensayar. Juraría que en el momento exacto en que Rael se da cuenta de la presencia de la pequeña pelinegra, falla una nota en su bajo debido a la sorpresa. Eso hace que le dé una mirada curiosa. —¿Qué haces tú aquí? —Pregunta nuestro líder con obvia molestia en su voz. La señorita Nevers pone los ojos en blanco antes de cruzarse de brazos. —¿Crees que voy a trabajar a ciegas? Siempre debo evaluar el producto que represento antes de empezar con mi labor —le contesta con el mismo tono, al parecer importandole una mierda con quien se supone que está hablando. —Tú trabajo es organizar la gira, no meterte en nuestros malditos ensayos —espeta Rael, contrayendo el gesto. —Me parece a mi que una mánager hace mucho más que eso, y suponiendo que me necesitan, entonces tendrán que hacer lo que yo diga para que esto salga bien, sino no hay trato —una sonrisa de suficiencia se instala en los labios de la chica. El pelinegro aprieta la mandíbula con fastidio. Mi boca está ligeramente abierta por el desconcierto que me provoca esta escena. Nadie nunca se había atrevido a hablarle así a Rael, pues es un hombre muy intimidante, incluso más después de la muerte de Keyna. Recuerdo que ni siquiera ella lo enfrentaba, pues era una chica extremadamente tranquila, sólo esperaba que él se calmara para poder hablar con paciencia. Su exprometida, Naila, trató de sobrepasarse en un par de ocasiones, pero él con tan sólo una mirada la ponía en su lugar. Nosotros éramos más de lo mismo, nos quedábamos callados cuando él se alteraba mucho, y lo dejábamos solo para que se calmara sin afectar a nadie. Esta mujer frente a nosotros era de otro planeta. Nick, al igual que yo, miraba la escena con total atención. Su hermano, parado junto al sofá, traga saliva, perplejo. El silencio se apoderó de la sala, pues ninguno de nosotros se atrevía a interrumpir este choque de titanes. —¿Y bien? —Vuelve a hablar la mujer, recorriendonos con la mirada. —¿Empezamos o qué? El rubio se incorpora de un salto para ir en busca de su instrumento sin poner resistencia. Nish va directo al micrófono para comprobar que esté conectado, tratando de actuar como si nada hubiera pasado. Yo me apresuro a enderezarme y tomar las baquetas como si no me doliera la cabeza a rabiar. A pesar de la orden que nos había dado la señorita Nevers, decidí esperar la señal de Rael para no crear más disputa entre ellos. Después de un minuto en el cual el pelinegro tomó unas respiraciones profundas, me dio un asentimiento con la cabeza. Hice el conteo rutinario y después di paso a los primeros golpes de batería. La melodía de Always been you se expande por el salón, y seguido de mi batería comienza la guitarra, acompañada de el profundo sonido del bajo. ¿Soy el único que se da cuenta que nuestro nuevo disco tiene demasiadas canciones de desamor? Nish se suma a nosotros aportando la letra con una voz suave y perfecta. Casi logramos estar en armonía por unos segundos, pero un minuto después ya todos estábamos disparejos. Hoy no podíamos echarle la culpa a Rael por equivocarse de nota, ya que al parecer todos nos encontrabamos perdidos en nuestros propios problemas. Mis sienes palpitaban con un dolor insoportable que no me dejaba concentrarme, y de un momento a otro debí detenerme por el bien de mi cabeza. Mis compañeros siguen mi ejemplo, los hermanos avergonzados, Rael molesto, pero todos inconformes con nuestro desempeño. La señorita Nevers seguía en la misma posición de hacía un rato, contemplándonos con un rostro inescrutable. —¿Me pueden explicar que ha sido esto? —Pregunta con un tono monótono y uniforme, sin dejar ver ninguno de sus pensamientos, aunque supuse que si no fuera una mujer tan elegante hubiera soltado una grosería. Lo sé. Tocamos como la mierda. —Otra vez —demanda Rael como siempre hacía, pero Kate levanta una mano para detenernos. —¿Se supone que ustedes son el grupo más solicitado del momento? —Suelta ella, esta vez casi molesta. —¿Y qué tienen una gira por todos los Estados Unidos en menos de dos semanas? Ninguno supo qué decir, pues era cierto que no estábamos preparados. Hacía ya unos meses que no éramos el mismo grupo de siempre, y nuestra música iba en decadencia. Mis amigos y yo estábamos realmente apenados, a excepción de Rael que tenía la mandíbula apretada en señal de frustración y molestia. Tragué saliva y bajé la cabeza. Inexplicablemente la señorita Nevers me hacía sentir como cuando mi padre me riñe por algo mal hecho. —Pero quiten esas caras largas —demanda la autoritaria pelinegra antes de que sus tacones resuenen nuevamente por el lugar. Se dirige a su bolso para tomar unos papeles, atrapando la curiosidad de todos, pero no tarda en acercarse a cada uno de nosotros para entregarnos una hoja con algo escrito. —Ya decidí aceptar este trabajo, lo que significa que soy la dueña de su tiempo y su imagen. Si dejan todo en mis manos y siguen mis órdenes al pie de la letra, ustedes serán las superestrellas más grandes de todos los tiempos. Contemplo la hoja con detenimiento. Había un horario detallado en ella donde los puntos que más sobresalían eran los ensayos de las mañanas por tres horas, y los de las tardes de cuatro. Frunzo el ceño, extrañado, para luego darme cuenta que estaban marcados todos los putos días de la semana. —¿Qué mierda es esto? —Interviene Rael justo antes de que yo preguntara lo mismo. —Son sus nuevos horarios, que tendrán que cumplir hasta que yo lo diga, sino esta gira será un completo fracaso —finaliza Nevers antes de colocar el bolso en su hombro y dirigirse a la puerta con paso firme. —Ahora, si me disculpan, tengo toda una noche de insomnio concertando citas y arreglando conciertos. Espero que sigan las instrucciones al pie de la letra, pues la próxima semana los ensayos serán con el personal de danza. —¿Personal de...? —Pero Rael no pudo terminar la pregunta, ya que la señorita Nevers lo interrumpe dando un portazo después de su salida. Los hermanos Drown estaban tan sorprendidos por lo sucedido que se quedan pasmados en sus posiciones, sin saber que hacer. Rael aprieta la hoja en su mano con odio, pero tampoco dice nada. Él silencio se apodera de la habitación, dejando aún más evidente le tensión que había dejado atrás la pequeña manager. A pesar de el cambio brusco que suponía la señorita Nevers en nuestras vidas, todos éramos conscientes de que la necesitábamos más que nunca, por lo que nadie se animó a contradecirla.
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