Almas gemelas

1918 Palabras
Nishel: Los chicos y yo estamos visiblemente agotados. En una semana hemos ensayado más horas que en todo el año que pasamos fuera de los escenarios. Si antes las notas de nuestras canciones era algo con lo que ya estaba familiarizado, ahora es lo único que resuena en mi cabeza. Los dedos de Nick tienen pequeños cortes en las yemas, y esta semana debió posponer su tiempo con el pequeño Niky, pues es algo extremadamente complicado cuidar a un niño de tres años mientras practicas para un concierto. He escuchado a Rider quejarse más de una vez de dolores en los brazos, alegando que los movimientos rápidos y las largas horas con ellos extendidos había comenzado a pasarle factura. Yo tuve que comenzar a extremar el cuidado de mis cuerdas vocales luego de cantar todo el día una y otra vez las canciones del viejo álbum. Lo menos que necesito cuando termine esta tortura en quedarme afónico. En cambio Rael es el único que no ha dicho ni una palabra, pero todos hemos notado como su mal humor va en aumento. A pesar de las maldiciones que seguramente piensa a cada segundo, no puede negar que el ajetreo le ha venido bien, pues luego de varios días, al fin a logrado tocar todas las canciones sin equivocarse más de una vez. Nuevamente nos encontramos esta mañana en la sala de ensayos, desvelados y tensos. La señorita Nevers nos agendó una cita aún más temprano de lo que se había hecho sistemáticamente, recordándonos que hoy conoceríamos a nuestro grupo de bailarines y al que habían contratado como coreógrafo. Según tenemos entendido, ellos están preparados y dispuestos a todo lo que se avecina en la próxima semana, al parecer habían improvisado algunas rutinas de baile que quedaban bien con nuestro estilo de música, así que lo único que quedaba pendiente era practicar en vivo y acomodar un poco a los bailarines según la dimensión del escenario, para evitar accidentes. Mis amigos y yo nos encontramos tirados de cualquier manera en los sofás, todos pensando exactamente lo mismo, pero sin decir nada entre nosotros. Un rato después, justo cuando estaba a punto de dormirme nuevamente, la puerta se abrió, dando paso a un grupo de unas diez personas entre hombres y mujeres. Algunos conversaban alegremente mientras dejaban mochilas en una esquina a medida que entraban, otros simplemente se limitaban a caminar en silencio y con cara de aburrimiento. La última persona en entrar, una chica rubia vestida con ropa de deporte, se acerca a nosotros a paso enérgico y con una sonrisa enorme. —Hola, chicos. Mi nombre es Roxy. Estoy muy contenta al poder trabajar con ustedes —se apresura en decir a penas se detiene frente a los sofás. Cada uno reacciona diferente; Rael entrecierra los ojos hacia ella con obvio fastidio, Nick no se detiene a echarle ni un solo vistazo y Rider se limita a mover ligeramente una mano en forma de saludo, pero ninguno dice absolutamente nada, por lo que es mi deber ponerme en pie y presentarnos. —Un gusto, Roxy. Nosotros somos Rael, Nick, Rider y Nish —menciono a medida que señalo con un dedo respectivamente. —También nos alegra contar con un equipo tan bueno como lo son ustedes —le devuelvo la sonrisa de forma amable mientras le estrecho la mano con un ligero apretón. Asiente con la cabeza, obviamente emocionada, mientras yo disimulo para buscar con la mirada al coreógrafo. Luego de un rato detallando caras no visualizo a ningún señor con mirada autoritaria ni a nadie que se le parezca. —¿Comenzamos? —Vuelve a hablar la chica, llamando mi atención nuevamente. —Oh, pues... ¿No deberíamos esperar al coreógrafo? —Pregunto, suavizando mi voz para no parecer molesto, pero comenzando a desesperarme, pues tenía unas ganas horribles de que esto termine para poder dormir. Roxy parece confundida por unos segundos, hasta que entiende algo y deja salir una risa divertida antes de aclarar la situación. —Lo siento. Creo que no me presenté bien. Yo soy la coreógrafa y líder de esta pequeña compañía de baile —me hace saber con un tono orgulloso. Arqueo las cejas, algo sorprendido, pero asiento con la cabeza en señal de entendimiento. —Comencemos, entonces. Los chicos y yo no demoramos en tomar nuestros lugares, pero nos detenemos en nuestras intenciones de empezar el ensayo cuando el fuerte sonido de los sofás siendo arrastrados nos sorprende. Algunos de los chicos del grupo se encuentran haciendo espacio, desacomodando en el proceso toda nuestra sala. Es evidente que lo necesitan para moverse de un lado a otro sin tropezar, pero ese hecho no evita que Rael suelte un gruñido de molestia. No le gusta que toquen las cosas en su espacio, y desde hace unos cinco años, este lugar le pertenece. —No te preocupes, amigo. Cuando terminemos toda esta locura volveremos a acomodar las cosas en su sitio —lo tranquilizo al colocar una mano en su hombro. Suspira con cansancio antes de colgarse el bajo. Luego de un rato y con toda la sala despejada, comenzamos por fin con el día de ensayo. Siendo sincero, no podía concentrarme del todo en la letra, pues el grupo de chicos comenzó a moverse efusivamente. Las muchachas se veían enérgicas, moviendo las caderas de una forma en la que nunca creí que sería posible en esta canción, y sus acompañantes hacían piruetas para luego hacer parejas y cambiar formaciones una y otra vez, logrando combinar nuestra música con un hermoso espectáculo. Nunca pensé que necesitaríamos este tipo de shows en el escenario, pero viendo como lograban transformar el ambiente, cambié de opinión de inmediato. Luego de dos largas horas haciendo pausas para coordinar, afinar algunas notas, reacomodar a los bailarines y hacer cambios en los pasos, decidimos por fin tomar un descanso, pues al parecer ya todos nos encontrábamos completamente sudados y agotados. Esta vez no me importó buscar un lugar cómodo, por lo que simplemente me dejé caer en el suelo, apoyando mi espalda contra la pared. Me encontraba algo agitado y traté de controlar mi respiración tomando bocanadas profundas que poco a poco me fueron relajando, trayendo consigo el cansancio acumulado. Desde hace unos días no podía dormir bien a pesar de llegar exhausto de los ensayos. Ya se me había hecho costumbre pasar minutos enteros viendo el techo mientras me encontraba recostado en mi cama tratando de conciliar el sueño, pero muy lejos de eso mi mente comenzaba a divagar, regresando nuevamente el recuerdo de unos hermosos ojos almendrados de color n***o. Me encuentro al borde de la desesperación. No puedo sacarme de la cabeza la imagen de su mirada oscura detallando mi rostro. Las sensaciones que me provocó en esos momentos fueron indescriptibles y únicas, tanto que ya no se me permite pensar en otra cosa. Me estoy volviendo cada vez más loco mientras mi mente repite una y otra vez los movimientos de su cuerpo al bailar, tan sensual que no parecía humana. Necesito volver a verla y no se si aguante mucho más sin tenerla entre mis brazos. Casi podía sentir en mi piel el roce de sus dedos, recorriendo mi pecho y bajando por mi torso... De pronto una botella de agua cae en mi regazo, haciendo que me sobresalte y regrese a la realidad. Observo sorprendido como Rider se deja caer a mi lado, soltando un suspiro de obvio cansancio. —A veces me pregunto: ¿mi vida sería más tranquila si hubiera elegido dirigir la empresa de mi familia? —Comienza a decir mientras se acomoda contra la pared. —Luego recuerdo que estaría bajo el mandato de mis padres y se me pasa. —Suelto una risita cargada de pena y burla mientras tomo la botella para abrirla y dar un trago. —Aunque hablando de desgracias... —continúa sin esperar respuesta de mi parte. —He estado tan perdido en mis problemas que ni siquiera he chismoseado tu vida. A ti te pasa algo, ya puedes ir hablando de una vez. Casi me atraganto al escucharlo ya que no me había dado cuenta de que mi malestar era tan obvio. Cierro la tapa y tomo una respiración profunda para alargar la espera unos segundos. Realmente no sabía qué decir, aunque contando que es mi mejor amigo, nadie mejor que él me entendería. —Pues... —hago el intento de hablar, pero no sé cómo explicar algo que ni yo mismo entiendo. —La madrugada que te emborrachaste, cuando tuve que ir a buscarte, la chica que me llamó estaba allí esperando... —hago una pausa para pasarme la mano por el cabello. —Diablos, era malditamente hermosa. No puedo sacármela de la cabeza —termino por soltar sin más rodeos, con los dientes apretados por la frustración. Rider se queda completamente en silencio, cosa que hace que le eche un vistazo por encima del hombro para comprobar que había entendido mis palabras. El castaño se encuentra con la boca entreabierta y me mira fijamente como si yo fuera un fantasma y no su amigo de hace cuatro años. —Nishel, ¿acaso te has obsesionado? ¿El bonachón del grupo? —susurra entre incrédulo y divertido. —¡No! —Me apresuro en decir, aunque luego trago saliva al caer en cuenta de que seguramente tiene razón. —¿Será? Nos quedamos ambos callados pensando en esa posibilidad, y luego de unos minutos otra voz totalmente desconocida, con un acento algo extraño, se suma a la conversación. —En mi pueblo hay una leyenda... —el castaño y yo volteamos para contemplar a uno de los bailarines. El chico se encontraba sacando una toalla de una de las mochilas a nuestro lado, se seca el sudor de su oscura piel antes de continuar. —Se dice que cuando dos almas están destinadas a compartir sus vidas, se atraen apenas se encuentran, aunque no se conozcan de nada, se llaman la una a la otra. Por un segundo me quedo en blanco, pestañeando varias veces para procesar sus palabras. —¿Algo así como almas gemelas? —Murmuro para mí, aunque él me responde igualmente. —Si prefieres llamarlo de esa forma, pues sí —se encoge de hombros para luego sentarse a un par de metros de nosotros. Me inclino hacia delante para poder contemplarlo mejor. —¿Y qué debo hacer entonces? —Pregunto totalmente desconcertado. —No deberías dejarla ir nunca. Son cosas que solo pasan una vez en la vida —responde sin mirarme, como si no le importara mucho la conversación. Nuevamente nos quedamos en silencio, sin saber qué decir. —¡Tonterías! —Rider se levanta de golpe con algo de molestia. —Simplemente te calentó la polla y ahora necesitas descargar la tensión. Ya verás que luego de tenerla ni siquiera recordarás su cara. ¡Y yo te ayudaré como buen amigo que soy! —Y sin decir más, da media vuelta y se aleja de nosotros. —Ustedes deciden si creer o no —vuelve a hablar el desconocido, llamando mi atención. Mi mirada se topan con sus ojos demasiado oscuros por primera vez desde que llegó. —Después de todo es sólo una leyenda —se encoge de hombros de forma despreocupada para luego levantarse y dejarme solo. Mi mente regresa a la imagen de la chica, pero esta vez con una nueva sensación de incertidumbre. ¿Almas gemelas? ¿En verdad existe eso?
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