Suponemos qué, dado el momento, usted nos va a presentar al dichoso “contacto” indicó una de las personas que se encontraban sentadas en aquel anfiteatro.
No creo que sea conveniente. Ustedes saben que no estamos tratando con “empresarios” habituales...Estamos hablando de narcotraficantes, son personas que van armados, con un mini-Ejército, y entre menos sepan sobre ustedes, más a salvo van a estar - Respondió José Amario de manera asertiva.
En eso puede tener razón - Respondió la persona que formulaba la pregunta.
¿Y quién nos va a enseñar a hacer todo eso? A duras penas, sabemos sembrar plantas comestibles – Dijo una señora, que se incorporó para preguntar.
Nosotros vamos a suministrar los conocimientos y las semillas iniciales, para que todos ustedes, pongan a producir su empresa – Dijo José Amario, cómo si fuese un habilidoso vendedor.
¿Qué nos van a pedir usted y su familia, a cambio de semejantes “beneficios”? - Preguntó otro de los campesinos colonos, en tono retórico.
Solo les pediremos a cambio su silencio. Esto no puede salir de esta vereda, por el simple hecho que estaríamos en la mira del Gobierno, quien de seguro va a querer exterminar nuestros cultivos y también de los milicianos, quienes también nos van a empezar a exigir cosas como el pago de tributos, a cambio de “protección” o algún acuerdo camuflado, como los que nos suelen meter - Respondió José Amario.
Es decir, todos tendríamos que firmar una especie de “Pacto de silencio” para que esto funcione - Concluyó uno de los asistentes – No creo que haya mucho más qué preguntar en mi caso; soy pobre, cada vez se me dificulta vender más mis cosechas, y no tengo nada que perder, por mi parte, cuenta usted conmigo - Añadió uno de los campesinos.
¿Quién más está con nosotros? - Dijo José Amario, convocando a la multitud.
Todos estamos con ustedes - Señaló la muchedumbre, al unísono.
Una sonrisa, iluminó el rostro de Eustaquio y de Aminta:
Bien, lo que haremos a continuación, será iniciar una especie de “capacitaciones prácticas” toda la semana, en este mismo lugar, para qué todos sepamos qué es lo que vamos a hacer, y cómo vamos a llevarlo a cabo - Cerró José Amario.
No obstante, la elocuencia y claridad con la que José Amario expresó todas sus ideas, hubo un grupo reducido de personas, que no accedieron, inicialmente, a cultivar coca, con José Amario y su familia, sin embargo, la manera como se desarrollarían los hechos, determinaría que al final, también terminaran uniéndose a la colectiva causa.
Amaranto, observó cómo se llevó a cabo toda la reunión convocada por su familia, en un pequeño banquito, apartado de la multitud; se le veía callado, con su habitual mirada lánguida gris, que lo acompañaba desde que vio la luz del mundo, por primera vez. Nadie notaba su presencia, pero el niño, retenía absolutamente todo lo que le enseñaba su madre, y memorizó absolutamente, todo el discurso que dio su abuelo, y acomodaba en su mente, cada una de estas frases, para interiorizarlas, y así darle su infantil interpretación. De igual forma, nadie sabía del particular don que tenía Amaranto, para memorizar no solo las palabras, o las indicaciones, sino para conservar como retratos vívidos, los rostros de las personas. Era uno de los tantos dones, que le serviría muchos años después.
Una vez, finalizó la reunión, José Amario, Eustaquio, y Aminta, quién llevaba de la mano al pequeño Amaranto, se sentaron exhaustos en el solar:
¿Qué haremos con aquellos que no se nos quisieron unir? Son los que primeros podrían delatarnos – Dijo Eustaquio
Nada, mijo, no haremos nada. Verá que cuando toda la aldea empiece a producir, y se empiece a ver la plata, allá irán de antojados - Aseveró José Amario.
¿Y sí terminan viajando a San Vicente, y publicando a los cuatro vientos, la idea de la cooperativa? - Exclamó Eustaquio
Bueno mijo, la guerrilla en algún punto lo sabrá. Tendríamos que contemplar, igualmente, la posibilidad de armar a la gente, para defenderse – Dijo José Amario.
¡Ah, pero qué maravilla! Ahora resulta que vamos a ser una aldea de paramilitares, vamos ahora armar una guerra, cuándo ni siquiera hemos sostenido un revólver en nuestras manos, nunca jamás en la vida – Dijo Eustaquio, alterado, nuevamente.
Quizás, no tan así, pero debemos pensar en un mecanismo, para mantener alejados al Ejército, y a los milicianos. Ya se me ocurrirá algo – Dijo Aminta, rascándose la barbilla.
Eustaquio confiaba plenamente en la creatividad de su esposa, para resolver esos dilemas tan complicados – Seguramente, pensará en algo creativo, para evitar la violencia – Se decía, así mismo, para tranquilizarse.
Aquella noche, Aminta daba vueltas en la estera, pensando en ¿Cómo sería posible, camuflarse para ocultarse del Estado y de la Guerrilla? - Bueno, no hay nada que esos gobernantes clasistas y godos detesten más, que la pobreza – Pensaba para sí misma, y no estaba tan errada en su percepción: La realidad, era que la clase política colombiana, siempre había gobernado con un cierto “desprecio” por los menos favorecidos; en Colombia, se había gobernado, históricamente, para la clase dirigente, y para las cuatro o cinco familias más ricas. - ¡Quizás ahí esté la solución!: Sí, aparte del “pacto de silencio” mantenemos nuestra apariencia de “pobres” esto a lo mejor, nos dé chance, de mantenernos ocultos unos años más, en lo que capitalizamos y ahorramos, lo que obtengamos como usufructo de la siembra de coca. - Lo que me preocupa, es que a lo mejor, y como con la idea de la cooperativa, algunos no estén de acuerdo: Como siempre han sido pobres, cuándo se les aparezca la Virgen, van a querer comprar cosas ostentosas, y hacerse notar...Pero no pierdo nada con inculcarles esto, en las capacitaciones que tenemos en el transcurso de la siguiente semana” - concluyó Aminta para sí misma.
La idea del “camuflaje” le pareció una idea brillante a José Amario y a Eustaquio:
Sabía que encontrarías alguna manera; ahora tendremos que intentar convencer a ésta gente, que no empiecen a gastar como locos, ni a salir con las excentricidades de todo nuevo rico - Afirmó Eustaquio.
Creo que, al igual que con la cooperativa, puedo venderles la idea – Dijo José Amario sonriendo.
Por mi parte, debo empezar a preparar las “clases” de como sembrar coca, y de cómo vamos a lograr obtener la pasta.
Aminta se aprovisionó de periódicos, carboncillos, y algunos arbustos, que empezaría a llevar al Anfiteatro, todos los días: La gente, la escucharía durante el lapso de dos horas, generalmente, antes que el sol de mediodía, pudiera insolarlos; Aminta, preparó unas pequeñas notas, para dar una suerte de estructura, a las clases que impartiría a los campesinos del lugar; de igual manera, ubicó el lenguaje más sencillo posible, para que todos ellos le entendieran. La parte de la siembra y del cultivo, no sería algo difícil de comprender para todos ellos, porque la gran mayoría de la aldea, dependía de la siembra, y sabía cómo tratar aquellas complicadas tierras; lo que sí constituiría una dificultad, sería explicar lo referente a la transformación de esas hojas de coca, porque contemplaba, que incluso, alguien pudiera accidentarse.
Siendo las primeras horas del día Lunes, la gente de la vereda, empezó a llegar a la particular “clase” que daría Aminta. Incluso, quienes habían manifestado, no estar de acuerdo con lo que propuso José Amario, veían con atención, todo cuánto Aminta realizaba, para llevar a cabo, su peculiar explicación:
Empezaré por decirles, que esta es una planta que se cosecha cada cuatro meses, es decir, tendrán aproximadamente, tres cosechas de la planta, en un año.
En aquella primera cátedra, Aminta, les habló a los campesinos colonos, sobre las generalidades de la planta, sus cuidados, los abonos que debían utilizarse, cómo y cuándo era necesario recoger la hoja, y las equivalencias de la hoja a pasta base de coca; les explicó adicionalmente, que, mezclando esa base, con otros elementos y pasando el producto por más procesos químicos (de los que no tenía referencia) se obtendrían otro tipo de alucinógenos. Sin embargo, eso no era de la incumbencia de ellos, ya que ellos analizarían qué producto iban a obtener de lo que estaban vendiendo, y a qué tipo de cliente querían llegar, y ni Aminta, ni ninguno de los campesinos, sabían a donde iba a parar el codiciado producto. Lo más probable, era que terminara en una de las frías calles de Nueva York, o de alguna ciudad en los Estados Unidos, porque sí, siendo quienes lideraban “La Guerra contra las drogas”, este país era mayor consumidor de coca en el mundo; hasta ese entonces, a nadie se le había ocurrido preguntar porqué; En Colombia, las personas, simplemente se adecuaban a las necesidades que aquel mercado, demandaba.
A nosotros, no nos interesa a dónde va a ir, lo que producimos aquí; lo único que debe importarnos, es entregar lo que se nos pide, a tiempo. Una cosa más, es importante que sigamos manteniendo nuestra fachada de vereda pobre, ante el resto del departamento, y sobre todo, ante el Gobierno nacional, porque ya saben ustedes lo mucho que el Estado aborrece al pobre - Señaló Aminta.
¿Y cómo pretende usted, que vamos a lograr eso? Sí ganamos un buen dinero, lo que es apenas obvio, es que queramos gastarlo en lo que nos parece, ¿No cree, Doña Aminta? - Preguntó uno de los asistentes a la clase.
Por supuesto que es normal, que ustedes quieran comprar joyas, propiedades y vehículos del año, pero sí lo hacemos así, lo único que vamos a ganar, es que caigan como chulos el Ejército y las FARC...Seguramente, nos van a pedir que les untemos la mano, aun cuando en esta vereda, ni siquiera existen, o nos han brindado protección alguna, contra ninguna amenaza- Señaló Aminta con seguridad-
Bueno, considero que ni siquiera hemos sembrado la primera cosecha, y tampoco nos han pagado...Será algo que veamos como resolver en el camino – Dijo uno de los campesinos asistentes.
Así es. De cualquier manera, mi llamado es a qué ahorren, y a que intentemos levantar nuestras casas: Probablemente, de llegar a haber una guerra, en lo que tendríamos que pensar es en como defendernos, y como resguardarnos, porque no crean ustedes, que el Ejército o las FARC, no van a querer tomar parte en el negocio, y no me parece descabellado pensar, que no tendrían miedo de enfrentarse al mismo Cartel del Valle, con tal de esclavizarnos a todos, para que les suministremos coca, el resto de la vida - Argumentó el campesino.
Aminta, se encontraba perpleja, con lo que aquel hombre estaba diciendo, porque, le daba indicios de que probablemente la guerrilla ya había intentado contactarlos, y posiblemente, les había intentado convencer de sembrar coca en los terrenos que ocuparon.
A esta gente, ya la han contactado, y le han propuesto cosas. Eso también explicaría el porqué de la renuencia de algunos vecinos a unirse a nuestra cooperativa – Dijo Aminta a Eustaquio, cuando llegaba de nuevo al rancho.
¿Y por qué pudieron haberse negado a trabajar con la guerrilla, por ejemplo? - Cuestionó Eustaquio.
Quizá porque no lo lanzaron como “propuesta” sino más bien como “amenaza” ...A lo mejor, la guerrilla no vio en esta vereda, posibilidad para “sembrar” y por eso, no insistieron mucho - Planteó Aminta.
Nosotros no los estamos precisamente “amenazando”, pero deberíamos tener en cuenta que solo suponemos, los alcances del caleño y su gente. Pueda ser que esa gente, sea hasta más sanguinaria que la misma Guerrilla.
Probablemente, pero, sí le cumplimos al tipo, no veo porqué tendría que ser violento. Además, una cosa, es enfrentarse a una familia, y otra muy distinta, a una vereda. Por más armados que vengan, nosotros seguimos siendo mayoría. De cualquier forma, estamos anticipándonos a los hechos: Debemos esperar a ver como nos va con las siguientes entregas - Cerró Aminta.