CAPÍTULO IV-3

2119 Palabras

«¡Lo amo! ¡Oh, Dios, cuánto lo amo!», se confesó a sí misma. Pero como temía que él pudiera adivinar sus sentimientos, se obligó a ser más agresiva que de costumbre en sus discusiones. Con frecuencia, lo dejaba solo, cuando en realidad hubiera podido encontrar una excusa para estar con él. Todos los días, durante sus conversaciones a la hora de comer, aprendía un poco más de él. ¡Cuán diferente era de cualquier otro hombre que ella hubiera conocido! Cuando Shikara le habló de su padre, el Marqués, se mostró muy interesado, y ella se refirió a las muchas cosas que él había descubierto en diferentes naciones y el motivo de su partida a Egipto. —¿Quién es el hombre con el que debía encontrarse su padre?— preguntó el Marqués. —Es un francés: Auguste Mariette. Papá lo conoció cuando estuvo

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