CAPÍTULO VAsi no puedo creer que estoy en verdad aquí!— dijo Shikara. —¿Dudaste alguna vez de tu propia determinación?— preguntó el Marqués . Ella le sonrió. —No, en realidad no, porque sabía que debía buscar a papá de algún modo. Pero casi no puedo creer que haya usted dicho en serio que íbamos a navegar por el Nilo en su yate. Se había mostrado más y más emocionada a medida que se acercaban a Alejandría y cuando ya casi llegaban a Egipto, el yate recorrió por interminables kilómetros el afluente del Nilo , de aguas color rojizo, que arrastraba grandes cantidades de barro. De pronto aparecieron, en la línea plana del horizonte, primero, las obras que se realizaban en las afueras de la bahía, después, las cúpulas del Palacio del Khedive y, por último, la bahía en todo su esplendor.

