El ambiente en el escondite de June estaba cargado de una tensión latente desde que ambos se habían refugiado allí. La cabaña, oculta en un rincón remoto del bosque, lejos de cualquier civilización, ofrecía la soledad que tanto necesitaban, pero también le exponía a una intimidad que Adam empezaba a sentir como asfixiante. Cada rincón de la pequeña cabaña, desde la chimenea que ardía continuamente hasta las ventanas que dejaban entrar la luz tenue del amanecer, parecía estar impregnado de una energía antigua y extraña, algo que no terminaba de sentirse como un hogar. June, por otro lado, parecía estar en su elemento. Había recuperado la mayoría de su poder, y su presencia se hacía cada vez más imponente. Su magia había transformado el lugar, dotándolo de una vida propia que respondía a su

