Sentada junto a Adam en la cabaña que habíamos construido juntos, sentí un peso en mi pecho. Sabía que tenía que hablar, que él merecía conocer la verdad sobre mi pasado. Había llegado el momento de abrirme completamente, de compartir con él lo que me había llevado a este camino oscuro y tortuoso. Lo miré a los ojos, esos ojos que habían empezado a significar tanto para mí. Apreté su mano, buscando el valor para empezar. —Adam —dije, mi voz apenas un susurro—, hay cosas que nunca te he contado, cosas de mi pasado que necesitas saber. Él asintió, dándome ese apoyo silencioso que siempre me había ofrecido. Sabía que estaría allí, escuchando, sin juzgar, pero también entendía que esto no sería fácil para él. Tomé una respiración profunda, y dejé que los recuerdos fluyeran. Nací en un pequ

