Estacione el auto dentro de la propiedad, abrí la puerta e intente salir pero varios disparos detuvieron mi intensión. Cubrí mi cuerpo y mire por el espejo retrovisor para ubicar de donde provenían los disparos. -Es tu abuela, la señora Bianca.- Albert trataba de recostarse en el asiento trasero. -¡Esta medio loca!.- grito Christian mientras los vidrios caían en nuestros cuerpos. -¡Baja el arma, Bianca!.- grite en su dirección. -¡No!.- siguió disparando.- No dejare de disparar hasta que me digas que sucedió con Doménico. -¡Señora Bianca, déjenos salir, el problema es con Baldrick no con nosotros.- grito Albert. -Maldito cobarde.- dije con molestia. -No pienso morir aquí, no estoy pendejo.-sonrió el muy maldito. -¡No le sucedió nada! .- abrí la puerta del auto.- ¡Tu hijo aún está vi

