El dolor de mi estómago me despertó, mire el reloj y justamente eran las tres de la madrugada. Mi sumisa dormía en mis brazos, aun estábamos completamente desnudos, puesto que horas antes fornicamos como dos animales en celo y sí que necesitábamos ese sexo desenfrenado. Acomode su pequeño cuerpo al otro lado de la cama y salí de la habitación para buscar algo que comer en la cocina. En el refrigerador encontré manzanas rojas y unos cuantos kiwis, tome toda la fruta que pude cargar para poder llevarla a la alcoba pero al girar el cuerpo un sonido me detuvo en seco. Un pequeño cuerpecito me miraba en la oscuridad, la sobrina de Ivette estaba justo frente a mí. Cubrí mi desnudes con la puerta del refrigerador y deje la fruta en su interior. -¿A ti también te dio hambre?.- me dijo cunado se

