Pero cuando ella llegó a la mitad de la piscina, más o menos al nivel de los veinticinco metros, sucedió lo que menos podía imaginarse que le sucedería, esa misma piscina que había estado tan quieta, y solo tuvo movimiento cuando las nadadoras empezaron a ingresar una a una al agua, ahora, empezaba a moverse con olas inesperadas, que le impedían seguir avanzando hasta donde Ezequiel la esperaba con ansiedad que se termine la prueba, porque no quería ni pensar en que el cilindro se llene. Sarai se vio sorprendida por las inesperadas olas y la empujaron con fuerza, y así las olas la regresaron tanto a ella como a las otras participantes al inicio de la piscina, desde donde habían saltado para empezar la prueba. Ella se sentía frustrada, porque nunca se le ocurrió que la piscina tenga gene

