De esa manera, la pareja se sube al yate que no tardó nada en llegar a donde estaban ellos y luego de más o menos treinta minutos, llegan al lugar que menos se esperaban y no podían creer lo que estaban viendo. Se habían adentrado en la profundidad del océano, y ahí en medio de la nada, habían construido una especie de domo o coliseo, con muelle incluido. No tenían duda que escapar de ahí sería imposible, ya que por todos lados lo único que los rodeaba era el mar, con kilómetros de distancia por cada lado que veían, porque en el yate recorrieron una distancia bastante considerable. Cada vez que pensaban en una posible ruta de escape, siempre la situación los sobrepasaba, arruinando sus planes de fuga, pero a pesar de eso no se daban por vencidos. Ezequiel, transpiraba por puro estrés,

