El tiempo pasa hasta que Sarai levanta la mirada, solo para encontrarse con la mirada hambrienta de Ezequiel, y el calor le llega a ella en oleadas, porque le ve con tanta intensidad como si, estuviera a punto de hacerle el amor en ese mismo instante. Su cuerpo arde como si estuviera en llamas por esa mirada cargada de lujuria, y lo único que podría calmar ese fuego interno es el contacto con Ezequiel, ya que él sería como la manguera con agua de un camión de bomberos que servirá para apagar ese incendio de deseo que siente con intensidad, así de fuerte es lo que una sola mirada de Ezequiel provoca en ella. Por un momento se olvidó de todo y de las circunstancias que los había separado en el pasado y como se habían reunido en el presente. Su cuerpo se mueve como si tuviera vida propia,

