Cuando al fin llegaron a su dormitorio, se habían olvidado por completo del premio y al abrir la puerta, lo que encontraron los dejó más que sorprendidos. Ni Ezequiel ni Sarai podían creer que su habitación se encontraba arreglada como si estuvieran en una luna de miel. A ninguno de los dos se le había pasado por la mente, siquiera tener un encuentro íntimo, porque la realidad era que estaban agotados tanto física como emocionalmente, y lo que ambos querían era darse un baño y descansar para recuperar las energías que las agotaron por completo en la prueba de la piscina. Sarai caminó lentamente por el camino de pétalos de rosa que tenía el piso, hasta que llegó a la cama que tenía como decoración un corazón con pétalos rojos. Su rostro se iluminó, pero una pequeña nota en el centro llamó

